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La vida al otro lado de la carretera

Publicado en Diario Médico el 29 de octubre de 2003

Miércoles, 17 de septiembre de 2014, a las 15:37
#13premioreflexiones

Nací un 22 de junio. A esa fecha le corresponde el signo del horóscopo cáncer. Ignoro el porqué, pero cáncer también es el nombre de una enfermedad. Los médicos rara vez hablamos de cáncer, nos gusta más llamarlo de otras maneras: linfoma, carcinoma, neoplasia, tumor, sarcoma u otras denominaciones. Es como si fueran muchas enfermedades en lugar de una que, por cierto, se llama cáncer.

Socialmente también cuesta llamarla así: es la larga y penosa enfermedad. Es esa C a la que todos temen y nadie se atreve a nombrar. En realidad el cáncer no es ni una ni muchas enfermedades; son tres enfermedades en una. A saber: la enfermedad orgánica, la emocional y la social. La orgánica es la que más interesa a la Medicina. Es la que permite hacer clasificaciones y nomenclaturas. Es el juego de imágenes y pócimas. Tratándola, los médicos nos sentimos más cómodos. Toda ciencia es poca para el cáncer. La emocional es la que altera el carácter. Aunque algunas personas creen tratarla muy bien con prescripciones muy simples, del estilo de: “anímate” o “no te autocompadezcas”. La enfermedad social se llama soledad. Se acompaña de silencios significativos y estigmatización como síntomas. Es la conocida e ignorada conspiración del silencio que, a veces, hasta se extiende a la vida profesional. Es la historia de Consuelo, de El animal moribundo de Philip Toth, o de la protagonista de La edad de hierro del reciente Nobel de literatura JM Coetzee.

Así, mientras que sobre la enfermedad orgánica existe ciencia, se escriben hasta tratados y se estudia en las facultades de Medicina, de las otras dos hay mucha ignorancia. No se enseñan ni en las escuelas de Medicina. Son enfermedades muy sutiles, tanto que, por no quererse ver, ni aparecen el día de los controles. No se visualizan ni en imágenes ni en marcadores tumorales. Quizás sea porque el cáncer no existe. Los que existen son los enfermos de cáncer, pero eso, a veces, hasta puede llegar a incomodar. Con lo difícil que resulta tratar esa enfermedad, ¿cómo vamos a tratar a los enfermos?

Se estudia en la carrera

El cáncer es algo que se estudia en la carrera de Medicina. Lo repartimos entre asignaturas. También lo vemos en algunos pacientes durante las prácticas. Tan distante se percibe que uno creía que el cáncer era a la bata blanca lo que la persona al espejo: una imagen que sólo se refleja, pero que nunca permanece lo suficiente para quedarse. Se ve, se identifica, se clasifica, se trata, pero no se tiene.

A veces, solo algunas veces, el cáncer se contempla  en la bata y cual Narciso el bello va, se enamora de uno y se queda. Eso me pasó a mí. Yo no quería, pero el cáncer sí. En un instante pasas de ser una persona normal a ser un enfermo. A partir de ese momento nada vuelve a ser igual que antes. Hay quien dice que he de dar gracias a Dios porque quizás “me lo han cogido a tiempo” o porque a los 40 años “vivo tiempo prestado”.

A veces me asombro al contemplar cuánto parece que saben los demás de lo que a mi me está pasando. Y yo sin enterarme. Pensamientos e intenciones sin acciones. Quizás ignoran más que saben. Talk is cheap, cantaba Keith Richards, y Silence is easy cantan los Satrsailo. Reaparecen las metáforas, que tan acertadamente describió Susan Sontag después de sufrir un cáncer de mama en La enfermedad y sus metáforas. Por cierto, ¿quién era Damocles y para qué quería una espada? Ahora mismo, ni lo sé, ni me interesa. Quizás me esté pasando como a Antoine, el protagonista de Cómo me convertí en un estúpido de Martín Page. Se lee hasta en el Eclesiastés: el saber acrecienta tu dolor.

Hay Vida después del cáncer

Pues resulta que con el tiempo uno descubre que hay vida después del cáncer y, a veces, sólo algunas veces, mucha vida. Incluso puede ser sólo un lance en la carretera del tour de la vida, como bien describe el enfermo de cáncer y próximo ganador de un sexto Tour de Francia, Lance Amstrong, en su autobiografía Mi vuelta a la vida.

Es entonces cuando descubres como lo cotidiano, abrazar a tu mujer o a tus hijos, se convierte en algo gozoso. ¡Qué preciosos son! Amor particular, cantaba Lluis Llach. Es así como la enfermedad de la muerte se vuelve irónica y te enseña la pasión de la vida. Como cantaba Joan Manuel Serrat: “Uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia, pero su tren vendió boleto de ida y vuelta. Son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas, en un rincón, en un papel o en un cajón y que hacen que lloremos cuando nadie nos ve”. Lo habitual se convierte en lo excepcional. Born to run, cantaba Bruce Springsteen. Más de 40.000 correos electrónicos recibidos y 15.000 de ellos contestados, múltiples lecturas y escritos, proyectos de diferentes formas, y clases y conferencias en toda Europa junto a una vida personal llena de colores y matices, formas y contenidos, magia y precisión, trabajo y controles atestiguan que es posible vivir una vida plena y con sentido colocando a Damocles y su espada, de momento, distraídos en otras batallas. Hoy puede ser un gran día, también cantaba Joan Manuel Serrat. Aprender a convivir con el cáncer es un buen inicio de tratamiento. La pena es que la Medicina y la ciencia, tan entretenidos en lo orgánico, pierdan esos matices que permiten marcar la diferencia en el confort y la mejora de la calidad de vida de los enfermos. Quizás eso se tendría que enseñar a los médicos y, quizás, los médicos enfermos, acostumbrados a cruzar constantemente la carretera que separa el saber del tener la enfermedad, podemos aportar mucho a la enseñanza de cómo mejorar la relación entre médicos y pacientes. Si la experiencia de estar enfermos nos pertenece deberíamos ser capaces de compartirla con otras personas, porque, tarde o temprano, el tour de la vida nos conduce a todos a estar en un mismo y único lado de la carretera. Hoy por ti, mañana por mí.