Redacción Médica
16 de julio de 2018 | Actualizado: Domingo a las 18:30

La formalización de un calendario nacional, el gran desafío en vacunación en adultos

Asimismo, los expertos apuestan por la formación como herramienta fundamental para aumentar las tasas de vacunados en adultos y profesionales

Lunes, 21 de diciembre de 2015, a las 13:44
Eduardo Ortega Socorro / Imagen: Cristina Cebrián y Miguel Fernández de Vega. Madrid
A pesar de que España es un país modelo en cobertura infantil de vacunas, no lo es así en adultos. Profesionales sanitarios y pacientes reunidos por Sanitaria 2000 en el debate 'Calendario vacunal en adultos: un reto por construir' reclaman un calendario de mínimos nacional que asegure la equidad de la prestación vacunal en mayores en toda España. Asimismo, todos reconocen, administración pública incluida, que es necesario incrementar las tasas de vacunación tanto en pacientes como en profesionales y que para ello la formación tiene un papel fundamental.

Primitivo Ramos, José Luis Cobos, Esther Redondo, Yolanda Fuentes, Juan Carlos Julián y Enzo Lazzerini.


¿Por qué existe un calendario común para edades pediátricas y que cuenta con el beneplácito del Consejo Interterritorial, pero no ocurre lo mismo en adultos?

Primitivo Ramos, secretario general de la SEGG: Desde nuestro colectivo sería deseable un calendario vacunal en adultos común y equitativo en todo el territorio vacunal. Todos tenemos asumido esto en edades pediátricas, pero no así en adultas, y menos en personas mayores o muy mayores, de 65 años o más. Este grupo de personas es precisamente uno de los más necesitados de un calendario vacunal claro, debido al problema de la inmunosenescencia, es decir, que tenemos personal con un sistema inmune que produce reacciones muy lentas, perezosas, menos potentes, menos robustas y menos duraderas. Sería uno de los colectivos, junto con el infantil y otros colectivos de riesgo donde esta vacuna sería más necesaria.

Principales conclusiones del debate.

José Luis Cobos, director del Observatorio Enfermero del Consejo General de Enfermería: El primer planteamiento que nos tenemos que hacer es el de la necesidad de coordinación. Algunas comunidades autónomas ya han dado pasos hacia este calendario vacunal, otras no. Enfermería es una profesión que tiene la bondad de estar a pie del paciente, más si cabe en AP y Preventiva. Hay una necesidad, primero, de información y prevención de cara a la población, que conlleva muchas cosas: la formación de los profesionales, las campañas de concienciación y, quizá la más importante, que hay que hacer acciones coordinadas en las que nos tenemos que poner de acuerdo, también política y profesionalmente.

Además, hay que recomendar acciones científicamente contrastadas.

Esther Redondo, coordinadora de actividades preventivas de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria  (Semergen): Comparto estos puntos de vista y quiero romper una lanza. No es porque trabaje en Madrid y porque forme parte del Comité Asesor de Vacunas de esta región, pero nuestra comunidad tiene un calendario vacunal del adulto que este mayo cumplió 10 años. Es un ejemplo para el resto del territorio nacional y recientemente se han incorporado vacunas nuevas y para circunstancias específicas. Madrid es una comunidad privilegiada dentro del territorio nacional.

Hay regiones que siguen sin tener desarrollado siquiera el calendario y hay otras como La Rioja, Asturias o Castilla y León, que lo han incorporado recientemente. La necesidad es evidente para adultos de riesgo, determinadas condiciones de vida y población de determinada edad. Debería ser fijado, al menos, un calendario de mínimos del adulto por parte del Interterritorial, porque si no se podría dar pie a una inequidad y una brecha social.

Yolanda Fuentes, directora de Salud Pública de la Comunidad de Madrid: Todos saben que hay una ponencia de vacunas del Ministerio de Sanidad que es el que evalúa la inclusión de las vacunas en el calendario de vacunación. Esos informes van a la Comisión de Salud Pública, que los evalúa y los lleva al seno del Consejo Interterritorial del SNS donde se aprueban. Hay un documento desde el año 2004 aprobado en el seno del Consejo Interterritorial de Vacunación del adulto que fue revisado en 2009.

En Madrid tenemos un Comité Asesor de Vacunas que trabaja con la Dirección General de Salud Pública, para la evaluación e implementación de las vacunas que se han aprobado, y ver qué estrategia seguimos para ello. Llevamos diez años con un calendario de vacunación en adultos que ahora estamos pendientes de evaluar, porque se incorporan nuevas vacunas.

Hay que hacer mayor énfasis de la importancia de la vacunación en adultos. No tenemos que perder de vista que la con el calendario infantil la mayoría de las enfermedades que se previenen son infantiles. El impacto en niños es, por tanto muy elevado. Estamos totalmente volcados y de acuerdo en la vacunación en adultos, y estoy segura de que el resto de los compañeros de las comunidades autónomas están trabajando en esta línea.

Juan Carlos Julián, coordinador general de Alcer: Estamos todos de acuerdo, por lo que parece. Es bastante evidente que en pacientes mayores y crónicos un calendario vacunal en adulto es más que recomendable. Quizá el mayor reto es hacer cumplir los acuerdos del Interterritorial. No nos olvidemos además de que los pacientes se desplazan. No es muy coherente que determinadas regiones vacunen contra determinadas patologías y que las de al lado no lo hagan, mientras los pacientes se desplazan de un lado a otro, con el riesgo probable para la salud pública.

Esther Redondo.

Yolanda Fuentes.


Enzo Lazzerini, socio-director de la Oficina Jurídica Sociosanitaria: el hecho de que no haya al menos un calendario de mínimos puede generar inequidad y genera inequidad actualmente. Esto va en contra de la Ley General de Sanidad, que establece que todos los ciudadanos tienen derecho a acceder a todas las prestaciones sanitarias, incluidos los medicamentos y por supuesto las vacunas, en condiciones de igualdad. De hecho, la Ley General de Salud Pública señala, precisamente, que este principio de equidad es uno de los que vertebran la actuación pública. Por eso creo que es importante un calendario de vacunación racional.

¿Hay inequidad ‘de facto’ en vacunas para adultos en España?

José Luis Cobos: Mientras no tengamos el mismo acceso y las mismas garantías de que toda la población puede recibir un mismo tipo de tratamiento, se producen inequidades. Es decir, si no aseguramos que todo el mundo tenga acceso. Otra cosa es que esté organizado o no ese acceso. Cuando se toman decisiones que no son compartidas con el resto de las comunidades autónomas y hay regiones que van por libre, ahí sí que hay un problema.

Primitivo Ramos: Creo que hay coherencia interna, pero es verdad que en vacunas para adultos hay comunidades autónomas que van por delante de otras. Particularmente hay que felicitar a Madrid, y no solo por tener un calendario vacunal para adultos, sino también porque es una de las únicas cuatro comunidades autónomas que desde hace cuatro años bajó el criterio de edad de 65 a 60 años para la vacuna de la gripe y del neumococo, independientemente de los factores de riesgo. Es un criterio basado en evidencia científica, y también lo aplican Cataluña, Murcia y Navarra. Esto debe servir de estandarte a otras comunidades autónomas para seguir esta línea, y debe hacerse un esfuerzo, invirtiendo incluso más en estos productos. Solo un 1 por ciento del gasto farmacéutico va destinado a vacunas, cuando en países de nuestro entorno esta cifra es del 3 por ciento. Posiblemente haya que hacer una pequeña inversión en regiones que todavía no cuentan con calendario vacunal.

Esther Redondo: Es muy necesario que desde el Interterritorial, desde el Ministerio, se haga un calendario de mínimos. Percibo que puede haber, en momentos de crisis económicas, diferencias entre las comunidades que tienden hacia la inequidad. Luego, cada gestor sanitario, dependiendo de las circunstancias, podrá ampliarlo, pero siempre tendrán que respetarlo.

José Luis Cobos: Cuando hablamos de calendario de mínimos, da la impresión de que ofrecemos a la población una partida básica y que luego, en función de la comunidad autónoma, sus responsables premian a sus ciudadanos, entre comillas, con unas vacunas u otras. Eso es un error, los recursos de unos u otros  no pueden tener que ver en esto. El calendario vacunal debe ser único y no de mínimos, es decir, estándar y que se ofrezca a toda la población.

Esther Redondo: Pero si una comunidad quiere implementar, una vez cubierto ese estándar, de forma piloto en un grupo especial de riesgo una vacuna, además de lo ya garantizado, no veo por qué no hacerlo. A lo mejor no se debe implementar la hepatitis A en la Comunidad de Madrid, porque la carga de enfermedad no lo indica, pero sí en Ceuta y melilla porque allí sea necesario.

¿Cuál tiene que ser el estándar de cobertura?

Yolanda Fuentes: Es el que ya está cubierto en la Comunidad de Madrid en función de la edad del paciente y de la patología asociada. No es justo decir que el resto de las comunidades autónomas no tienen un calendario de vacunación del adulto. No lo tendrán plasmado como tal, pero los adultos se están vacunando. Todas estamos haciendo las campañas, tanto para mayores de 65 o 60 años como para aquellos que están en grupos de riesgo. Ese es el calendario vacunal del adulto.

El nuestro es muy bueno, y creo mucho en la Ponencia de Vacunas, en la Comisión de Salud Pública y en el Consejo Interterritorial para que marque los calendarios de vacunación a nivel nacional. Creo que están basados en la máxima evidencia científica y en el máximo coste-efectividad de la aplicación de las vacunas y de la epidemiología de la enfermedad. Hay que recordar que las vacunas previenen enfermedades, pero también que las enfermedades tienen que estar.

La cobertura deseable, en cualquier caso, sería siempre del cien por cien. La OMS, para reducir la circulación del virus de la gripe, recomienda una vacunación del 75 por ciento de la población. Esto es una asignatura pendiente porque no llegamos a este porcentaje a escala nacional ni entre la población de riesgo ni entre los mayores de 60 años ni en personal sanitario. Esta es una asignatura pendiente, y tenemos que dejar clara en todo momento la seguridad de las vacunas y la conveniencia de que, cuando se pone una campaña de vacunación en marcha, la población se vacune.

José Luis Cobos.

Primitivo Ramos.


¿Estamos en el camino de cumplir estas coberturas?

Esther Redondo: Nos queda. Somos un país modelo en cobertura vacunal infantil, una de las mejores del mundo. Eso se lo debemos a la implicación de los pediatras de Atención Primaria de este país. Pero la vacunación en adulto no es solo desconocida para el gran público, sino que también es una asignatura pendiente para una gran cantidad de profesionales de AP. Venimos con un fallo de serie en nuestra educación médica: se nos forma para diagnosticar y tratar, pero mucho menos en prevenir. Las vacunas y las actividades preventivas, en el peso de la formación académica, son una cosa menor.

Por otro lado, en las consultas de AP estamos saturados de procesos que requieren diagnóstico y tratamiento, y damos poco peso a una actividad que nos daría muchísimo beneficio a medio plazo. Partiendo de que gran parte de la mejora de las coberturas vacunales en adultos pasan por los propios profesionales sanitarios, es necesaria nuestra implicación y una actitud proactiva en formación en vacunas.

Otra pata de este esquema es el paciente. Pero tenemos un arma que los propios médicos no sabemos esgrimir, que es la confianza que él tiene en nosotros. De mi práctica diaria, de cien pacientes que quiero que salgan vacunados uno se me escapa, pero 99 no. Por tanto: primero, implicación por parte del profesional; segundo, formación al paciente, y tercero, implicación de nuestros políticos y gestores en transmitir en la confianza en la vacunación y estrategias que sirvan para captar a esa población. Y la cuarta pata han de ser los medios de comunicación, que han de servir como aliados para todas las tareas divulgativas.

¿Cómo se ve esta situación desde Enfermería y la especialidad geriátrica?

José Luis Cobos: El día a día apremia mucho. En Enfermería trabajamos mucho en prevención, pero no es posible que nosotros transmitamos una idea, en este caso una campaña de prevención, si nosotros mismos no somos los primeros en saber lo que eso conlleva y no somos los primeros en vacunarnos. Si la población ve que hasta nosotros dudamos de que la vacunación es ‘buena’, ¿qué ejemplo damos?

Es necesaria una campaña de concienciación a las dos partes, a paciente y a profesional, de la importancia que tiene una acción preventiva. Eso requiere formación. En este caso, la formación continuada puede resultar fundamental. Pero esa campaña de información y formación es inviable si no existe una voluntad política de coordinación entre todos, y cuando digo todos me refiero también al equipo multidisciplinar. Nosotros, a causa del problema que ha surgido por el real decreto de prescripción, ya hemos advertido de la barrera que puede aparecer si hay normas que frenen la puesta en marcha de este tipo de campañas preventivas.

Primitivo Ramos: La OMS invitaba a que en el año 2010 hubiésemos estado en una cobertura vacunal del 75 por ciento para personas mayores de 60, 65 años. El año pasado solo alcanzamos el 56,4 por ciento. También es cierto que en 2008 alcanzamos el 70 por ciento. ¿Qué ocurrió? La fragmentación que generó la pandemia de gripe A en 2009, que hizo que las vacunas perdieran mucha credibilidad y que grupos antivacunas interesados hicieran un daño tremendo en la sociedad española con opiniones infundadas.

Esto en cuanto a gripe. En cuanto a neumococo, hay que felicitar a Madrid. Ahora mismo la región tiene una tasa de vacunación en mayores del 72-74 por ciento. No hemos llegado a la meta y queda todavía por hacer, pero vamos por buen camino. En difteria, tétanos y tos ferina estamos muy por debajo de lo que sería deseable. Y como autocrítica, hay que decir que mientras que la población general se quedó en el 56, 4 en gripe, los sanitarios no hemos llegado al 30 por ciento, algo que incluso está fragmentado cuando hablamos de primaria y especializado.

La SEGG llevó a cabo en 2013 un estudio epidemiológico para comprobar la tasa de vacunación de los profesionales. En algunos hospitales no llegaban ni siquiera al 13 por ciento, unas cifras que son alarmantes, y más cuando esos profesionales son un foco de contagio para los pacientes. Además, la vacunación es un acto inducido en el que el profesional es fundamental.

En el estudio citado, seleccionamos varios centros de salud y hospitales para impartir formación y en otros no. En aquellos donde hubo formación las tasas de vacunación pasaron del 30 por ciento al 60 por ciento al año siguiente. Y en el público en general, pasaron del 54 por ciento al 75/80 por ciento. Está claro que la vacunación es un acto inducido en el que los profesionales son fundamentales. Sin una actitud ejemplarizante, mal vamos a alcanzar esas tasas. Tenemos un reto y una responsabilidad tremenda  de dar ejemplo para que la población coja confianza en la prevención de enfermedades inmunoprevenibles.

Juan Carlos Julián.

Enzo Lazzerini.


¿Cuál es la situación legal del profesional sanitario que no se vacuna? ¿Se le puede obligar a ello?

Enzo Lazzerini: Las cifras que han salido a la palestra son alarmantes. No solo por el nivel de ejemplarización, sino por el riesgo de transmisión de enfermedades a personas más vulnerables. ¿Tienen la obligación de vacunarse? No, es un tema muy tratado en España durante el último año y ningún ciudadano tiene obligación legal para ello. En el caso de los profesionales sanitarios, esta cuestión adquiere especial relevancia en virtud de la Ley General de Sanidad, que insta a los profesionales a colaborar en el mantenimiento de la salud pública y a absternerse de llevar a cabo conductas que la puedan poner en riesgo.

La propia ley del estatuto marco del personal estatutario del servicio de salud exige a los profesionales sanitarios concretamente colaboración con la salud pública. No se les puede obligar, pero sí se les exige una responsabilidad, no legal, pero sí profesional de vacunarse. Esta ley abre la posibilidad también de abrir un expediente disciplinario si se comete una falta leve al poner en riesgo a algún colectivo de pacientes que esté especialmente vulnerable. Pero lo que no puede hacerse es privarles del puesto de trabajo por no vacunarse.

¿Puede tomar ejemplo el paciente del profesional sanitario con estos casos de los que estamos hablando?

Juan Carlos Julián: Es difícil. Hemos hablado de dos puntos muy importantes. Por un lado, los pacientes le tienen miedo a la vacunación, y esto es especialmente importante, particularmente entre los inmunodeprimidos, que dentro de los crónicos es un colectivo muy importante. Todo esto se debe a falsas creencias, y la educación sanitaria y la formación son muy relevantes para afrontar este reto en el futuro.

Pero indudablemente, si los propios profesionales que nos atienden tienen esa baja tasa de vacunación, esto no supone un incentivo precisamente. Y cuando hablamos y estamos hablando de la importancia del autocuidado del paciente y de cómo puede generar beneficios para todo el sistema nacional de salud, la vacunación de los profesionales es un tema determinante que puede generar gastos innecesarios también.

No creo que sea determinante obligar a los profesionales a vacunarse, pero sí incidir en que es necesario y que es bueno para ellos, igual que lo es para los pacientes. Estamos convencidos de que la vacunación preventiva es fundamental para este colectivo, pero también para los profesionales debe también serlo.

¿Qué medidas se están tomando en Madrid para aumentar la tasa de vacunación, tanto en profesionales sanitarios como en pacientes?

La de los profesionales es un área de mejora muy clara, que tenemos que abordar en colaboración con ellos para aumentar las tasas de vacunación. Sin embargo, hay que recordar que están muy implicados con los pacientes y es posible que solo incidiendo un poco más en la importancia del acto de la vacunación logremos mejorar. A lo mejor es una cuestión de cuidar un poco más el mensaje que se les da y la incidencia del mismo en determinadas campañas y épocas.

La medida que se toma en muchos hospitales es la de recurrir a las unidades directamente para vacunar a los profesionales. Y es una medida bastante útil, porque es una actividad cercana a ellos y se están vacunando en su horario laboral, mientras también atienden a los pacientes.

Primitivo Ramos: Nuestro reto no puede pasar por la obligación, sino por la motivación y la concienciación de los profesionales. No creo que haya mala intención por su parte en cuanto a la vacunación, sino que lo que les hace falta es información básica al respecto sobre determinados conceptos a los que a menudo nos aferramos para no vacunarnos.

Hay que formar más sobre conceptos tan básicos y esenciales sobre los tiempos de transmisión del virus y la inmunidad de grupo o de rebaño.

José Luis Cobo: Hay que tener un aspecto muy importante en cuenta, y es la cuestión deontológica. Tenemos un código deontológico que nos obliga en nuestras actuaciones a guardar unas reglas concretas, como no poner en riesgo la vida o la salud de las personas. Nosotros mismos, por nuestra conciencia y nuestro deber ético y deontológico, debemos vacunarnos.

Primitivo Ramos, José Luis Cobos, Esther Redondo, Eduardo Ortega, Yolanda Fuentes, Juan Carlos Julián y Enzo Lazzerini.


¿Qué medidas proponen para aumentar la cobertura en adultos?

Yolanda Fuentes: Una de las patas de la mesa más importantes es la formación de los profesionales y la difusión de las campañas. Trabajamos ya en esas vías con cursos de formación y en hacernos más conscientes de que la edad no tiene nada que ver para padecer o no una enfermedad que puede ser prevenible mediante vacunación. Al cumplir más años la respuesta inmune del individuo disminuye, y tenemos que proteger al ciudadano con las herramientas que tenemos para hacerlo.

Juan Carlos Julián: El gran problema que tienen los pacientes crónicos para tratar esta cuestión con los profesionales es el del tiempo. Para la formación es necesario tiempo. En todas las encuestas que hacemos, el profesional en el que más confía el paciente crónico es el especialista que le atiende. No hay crisis de confianza en él, el problema es que no hay tiempo suficiente o espacio suficiente en determinados centros para poder informar adecuadamente al paciente. La vacunación no es una excepción a ello, y muchos pacientes probablemente no se vacunen porque nadie les ha asesorado adecuadamente para ello. La percepción del riesgo la tienen muy atenuada, no ven que sea necesario, y esto es algo que también puede ocurrir en los profesionales sanitarios.

Primitivo Ramos: Se nos abren unas potentes líneas para solucionar estas barreras. La formación se puede abordar a través de la telemedicina, con formación on line. Respecto a la percepción del riesgo, en personas mayores una gripe puede hacer que un paciente pase de ser semi-autónomo a absolutamente dependiente. Población y profesionales tenemos que hacer un ejercicio clarificador del verdadero riesgo que procesos banales en adultos, como la gripe, tienen.

Por otro lado, debemos de emplear todos los medios a nuestro alcance para llegar a pacientes y profesionales, como las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación.

Yolanda Fuentes: Nosotros este año hemos empleado la vía de las redes sociales, concretamente Twitter, para promocionar y difundir la campaña de la gripe. Además, a la población de riesgo que no se había vacunado pasado un tiempo, se le ha enviado SMS para recordarle la importancia de acudir a su centro a recibir la vacuna.

José Luis Cobo: Todo esto depende de la población de la que estemos hablando. En España, los médicos han hecho 2,8 millones de visitas domiciliarias, los enfermeros 10 millones. En total, hemos hecho 13 millones de visitas a domicilio porque el paciente no se puede desplazar al centro de salud. Hay pacientes, por tanto, que por su fragilidad, su cronicidad, no pueden desplazarse a los centros. Somos nosotros los primeros que cuando hagamos esas visitas debemos llevar la campaña de vacunación en el bolsillo y, en muchas ocasiones, la propia vacuna.

Esther Redondo: En AP, para empezar, lo que queremos es poder disponer de más tiempo por consulta y hacer educación para la salud, ir más allá del diagnóstico. Sin embargo, quería hacer un apunte. Según todos los estudios que hay sobre tasas de vacunación en adultos y por qué fallan, el primer motivo, según los pacientes, es que los médicos no informaban de la existencia de la vacuna, el segundo que los individuos desconocían la gravedad de la enfermedad, el tercero que no les preocupaba y el cuarto el económico, es decir, tenerse que costear la vacuna.

Es en los dos primeros puntos donde podemos atacar nosotros. Para ello necesitamos formar a los profesionales y trasladar los beneficios a las personas para que sepan a qué se enfrentan. El principal defecto de las vacunas es que son tan buenas que corren el riesgo de morir de éxito. El problema está en que han hecho que la población desconozca ya muchas enfermedades, dejando también de temerlas. No hemos visto lo que es una difteria, una polio o un sarampión, ni médicos ni pacientes, pero al menos los profesionales médicos las estudian. El paciente desconoce lo necesaria que es la vacuna y sus recuerdos ya adulto. No perciben el riesgo. Necesitan esos recuerdos. Si no, se corre el riesgo de que enfermedades que se creían controladas puedan reemerger.

Yolanda Fuentes: Esta advertencia también vale para los viajeros. Tienen que vacunarse incluso un mes antes del viaje, para que se pueda implementar el calendario vacunal en condiciones.

Esther Redondo: Particular cautela con la vacunación hay que tener cuando se viaje a países en vías de desarrollo en los que determinadas enfermedades puedan estar más activas. Hay que recordar, en cualquier caso, que la mortalidad por enfermedades inmunoprevenibles es mucho mayor en adultos que en niños. 

Enzo Lazzerini: Lo cierto es que no hay obligación de vacunarse excepto de fiebre amarilla cuando vayas a dejar un país en el que pueda existir un vector de contagio. Si bien en España no se va a pedir cartilla de vacunación a la hora de salir, en el país de destino sí que te puedes encontrar con un problema, obligándote a vacunarte o dejándote en el limbo en el limbo entre fronteras.

Esther Redondo: Además, a la fiebre amarilla hay que sumar la vacuna de la meningitis tetravalente en determinados destinos y en alguna ocasión poliomelitis.

Yolanda Fuentes: Ya se han hecho campañas de difusión con las empresas organizadoras de los viajes y los tour operadores para informar de la importancia de que se avise, sobre determinados destinos, a sus viajeros de que tienen que ir a una unidad de vacunación internacional.

Ante los problemas reseñados y la inequidad en el acceso a vacunas dependiendo de la región… ¿Creen que pueden haber epidemias en ciernes o enfermedades que puedan resurgir, o esto es implanteable?

Yolanda Fuentes: No. Con la cobertura vacunal que en este país tenemos surgen algún que otro pequeño brote, pero son casos puntuales. Se ataja y actúa para su control y no pasa de ahí.

Esther Redondo: Los mecanismos de control epidemiológico de salud pública en todas las comunidades están perfectamente establecidos. Es verdad que las condiciones son cambiantes, pero para eso están epidemiología y salud pública. Además, hay toda una red de médicos centinela que funciona fenomenal. No puedes decir que una epidemia bajo tales circunstancias no pueda pasar, pero es muy difícil que lo haga.

José Luis Cobos: También entre los retos que tenemos los profesionales está la capacidad de transmitir tranquilidad si se diera una situación semejante. Es cierto que puede haber repuntes, pero esto no implica que ello conlleve epidemias. Y no tienen por qué tener que ver, precisamente, con una dejación de la vacunación como con que, por determinadas circunstancias como la inmigración, se ha dado una movilidad de agentes patógenos.

Primitivo Ramos: Hay que desmitificar el concepto de epidemia. Hay varias enfermedades que su forma de comportarse es por brotes epidémicos, pero esto está totalmente controlado. El mensaje debe ser completamente tranquilizador.

Primera parte del debate.

Segunda parte del debate.


CONCLUSIONES:

Enzo Lazzerini: Necesitamos un calendario de vacunación homogéneo, de mínimos máximos si puede ser. También es necesario mejorar los canales de información con el paciente. De cara al profesional sanitario, aunque no soy partidario de obligarle a que se vacune, sí que creo que hay que concienciarles de la responsabilidad profesional que tienen en sus manos, de que son el mejor ejemplo que tienen los pacientes. Asimismo, también hay que facilitarles la tarea con mayor acceso a la vacunación.

Juan Carlos Julián: Mi impresión es que en los colectivos de riesgo sí que sería necesario un esfuerzo de consenso para evitar las inequidades. Pero tan importante como eso es hacer ver tanto a pacientes como a profesionales la necesidad de la vacunación preventiva. Además, desde nuestro punto de vista, para dar esa información de cara al paciente el más indicado y mejor indicado es el profesional que le atiende. Utilizando todas las tecnologías que tenemos a nuestro alcance claro, porque uno de los grandes hándicaps de la salud pública en estos momentos es adaptarse a las nuevas tecnologías.

Yolanda Fuentes: Hay que recordar que ya existe un calendario de vacunación del adulto, aprobado en el año 2004 por el Consejo Interterritorial y que fue evaluado en el 2009. También que se cumplen diez años del calendario de vacunación del adulto de la Comunidad de Madrid. Y que tenemos un reto importante en relación a la difusión de la importancia de la vacunación y de la seguridad que tiene tanto entre los profesionales sanitarios y los pacientes. Y todo reto a superar nos permite tener la esperanza mantener la ilusión de poder mejorar.

Esther Redondo: Vacunarse forma parte de un estilo de vida saludable, es solidario. Las vacunas son seguras y costo-eficaces: por cada euro invertido en vacunas se recuperan entre tres y cuatro. Por tanto, tenemos que animar a todos los agentes implicados: profesionales, administración sanitaria, pacientes y medios de comunicación, a conseguir un objetivo común: trasladar los beneficios de la vacunación y la seguridad de las vacunas como medicamentos que son.

José Luis Soto: La vacunación es un compromiso de todos. De forma individual no podemos hacer nada, sino como colectivo. El compromiso debe ser de los políticos y la Administración a la hora de establecer sus políticas sanitarias en el Consejo Interterritorial o en las consejerías de salud, tiene que haber que haber un política unificadora que evite que caigamos en inequidades del sistema. También de los profesionales, porque somos los primeros que hemos de dar ejemplo con la información y la formación, y con el hecho de vacunarnos. Y además de los propios pacientes, que recordemos que ellos tienen el compromiso de velar por su propia salud.

Por último, yo abogaría, de nuevo, por una normativa que nos permita unificar criterios de actuación  a través de protocolos o calendarios vacunales, o como lo queramos llamar. Y que la normativa adopte una serie de medidas que nos permitan, desde el punto de vista del colectivo enfermero, defender nuestras competencias profesionales de una forma autónoma. Y que no se pongan cortapisas, porque eso irá en beneficio de la propia población.

Primitivo Ramos: Primero, igual que existe un calendario único en niños, tendría que haber uno en adultos aprobado por el Consejo Interterritorial que garantice la equidad de todos los usuarios del SNS. Segundo, es necesaria formación e información dirigida a profesionales y pacientes utilizando todas las redes y medios a nuestro alcance. Tercero, es necesario el compromiso y la responsabilidad y solidaridad de carácter que tenemos los profesionales, también a nivel ético y deontológico con este asunto.

Primitivo Ramos, José Luis Cobos, Esther Redondo, Eduardo Ortega, Yolanda Fuentes,
Juan Carlos Julián y Enzo Lazzerini, durante el debate.