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La epidural reduce el riesgo de tener depresión posparto

Un 35 por ciento de mujeres que no se la ponen sufren este trastorno, frente al 14 por ciento de las que sí

Viernes, 05 de septiembre de 2014, a las 12:01
Redacción. Madrid
Un editorial publicado en 'Anesthesia & Analgesia' sostiene que reducir el dolor del parto está vinculado a una disminución del riesgo de depresión posparto (DPP). Es lo que afirma la directora del Centro Asher de la Universidad Northwestern para el Estudio y Tratamiento de los Trastornos Depresivos de Illinois, Katherine Wisner: “el control del dolor durante y después del alumbramiento puede reducir el riesgo de DPP”.

Katherine Wisner, directora del Centro Asher de la Universidad Northwestern para el Estudio y Tratamiento de los Trastornos Depresivos de Illinois, EEUU.

La especialista en salud de la mujer se basa en un nuevo estudio chino que sostiene que las mujeres con dolor controlado por la epidural durante el parto vaginal presentan un riesgo mucho menor de DPP que las mujeres a las que no se les ha puesto esta anestesia. "Maximizar el control del dolor en el parto con el equipo obstétrico y el anestesista podría ayudar a reducir el riesgo de este trastorno", afirma Wisner.

El artículo detecta que las mujeres que han recibido la epidural para aliviar el dolor durante el trabajo de parto por vía vaginal tienen una tasa de un 14 por ciento de depresión a las seis semanas después del nacimiento en comparación con casi el 35 por ciento de tasa de depresión entre las que no than tenido una forma de mitigar el dolor. La epidural ha sido el único medio de control del sufrimiento a disposición de las mujeres de este análisis.

Por otro lado, la lactancia materna es más frecuente en el grupo que ha recibido la epidural para el dolor en comparación con las mujeres que no, con un 70 por ciento frente a un 50 por ciento. "Son resultados muy interesantes y debe investigarse más para confirmarlos, especialmente en las mujeres con mayor riesgo de DPP y en las de otras culturas", destaca la directora del Centro Asher.

La incidencia del dolor posparto agudo severo es de aproximadamente el 11 por ciento, mientras que la de dolor crónico varía, según el estudio, del 1 al 10 por ciento para el parto vaginal y entre el 6 al 18 por ciento después de una cesárea. Según los autores de este trabajo, se debe analizar la posibilidad de una depresión en una mujer que tiene dolor crónico entre uno a dos meses después del parto. Además, el control del dolor posparto agudo ayuda a la capacidad de la nueva madre de cuidar a su hijo.

Un 14,5 por ciento de mujeres que da a luz sufren DPP. “Ya sea un parto vaginal o una cesárea, el control del dolor en el puerperio es un problema de todas las nuevas madres. No hay manera de tener un parto sin dolor. El objetivo es evitar el dolor severo. Su control dispone a la madre a tener un buen comienzo en lugar de empezar los cuidados derrotada y exhausta”, indica Wisner.