Cerca de medio millar de profesionales sanitarios se encuentran encarcelados y más de 15.000 han abandonado el país por culpa del conflicto armado



16 sept. 2013 15:46H
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Javier Leo / Imagen: Reuters. Madrid
Solo los muertos conocen el final de la guerra, decía Platón. Donde hay heridos y muertos hay profesionales sanitarios que viven de cerca el sentir más profundo de esta oración. Ayer fue Irak, hoy es Siria la que centra los focos internacionales por su guerra civil en la que han perdido la vida ya más 100.000 personas, la mayoría civiles. Soldados y milicianos no son los únicos que ocupan la primera línea. Los médicos están en el frente, y no solo para atender a los afectados por los combates, también para sufrir en primera persona la persecución sistemática por parte de ambos bandos.

Uno de los médicos del hospital de Raqqa, al oeste del país, inspecciona el centro tras un ataque de los rebeldes sirios.

Así lo han denunciado más de medio centenar de médicos relacionados directamente con el conflicto en una carta abierta publicada en la prestigiosa revista The Lancet. El 37 por ciento de los hospitales del país han sido destruidos y cerca del 20 por ciento están seriamente dañados por los bombardeos, de acuerdo con las cifras ofrecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, no es únicamente la falta de infraestructuras sanitarias la que hace que Siria esté viviendo “una de las peores crisis humanitarias del mundo desde la Guerra Fría”, subrayan los médicos en su carta.

Un total de 469 trabajadores sanitarios están encarcelados por cuestiones estratégicas y más de 15.000 médicos han abandonado el país por miedo a la represión. De los 5.000 doctores en activo en Alepo (bastión de los rebeldes) antes del inicio del conflicto, solo quedan 36, de acuerdo con los datos ofrecidos por el Council on Foreign Relations. Los médicos, denuncian, son víctimas de asaltos organizados que tienen como objetivo prioritario minar la capacidad de recuperación del enemigo.

Arrestos a sanitarios por atender “al enemigo”

Tal y como ha explicado a Redacción Médica Teresa Sancristóval, responsable de la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF) en España y una de las coordinadoras de la misión humanitaria de MSF en Siria, la Medicina “se ha convertido aquí en una profesión de riesgo”. “No encendemos las luces de las ambulancias por las noches por los ataques registrados (…) y evitamos concentrar a muchos heridos en una misma zona porque atraen los disparos”, explica la representante de MSF, que cuenta entre sus médicos movilizados en Siria con una veintena de españoles.

La destrucción de hospitales en la zona rebelde, donde opera esta organización con 6 hospitales, es “masiva”, según Sancristóval, que habla de un auténtico “éxodo” de profesionales sanitarios del país. Las detenciones arbitrarias son uno de los factores determinantes detrás de esta decisión. MSF confirma que el número de arrestos es muy alto: “El acto médico se contempla como un acto político y muchos son detenidos por atender al ‘enemigo’”.

Se ignora el principio de neutralidad de la profesión médica

Así lo corroboran también los firmantes de la carta, que afirman que ambos bandos no tienen reparo en capturar y retener a aquellos que trabajen en un territorio que no controlen, ignorando y traicionando el principio de neutralidad que ampara tanto al paciente como a la profesión médica. A pesar de las agresiones, la mayoría de la asistencia sanitaria la está prestando personal local; personal que se enfrenta a requerimientos masivos en condiciones en las que sus propias vidas, y no solo las de sus pacientes, corren peligro, indican.

Las restricciones del Gobierno, unidas a una problemática “más difícil de la habitual” para la actuación del sistema de ayuda humanitaria internacional, hacen empeorar las condiciones de un sistema nacional de salud sirio que, hasta ahora, era uno de los mejor dotados de la zona “con los recursos propios de un país con ingresos medios”, apostilla Sancristóval. Grandes zonas del país están completamente aisladas y el acceso de su población a cualquier asistencia sanitaria, impedido. La sanidad siria y sus trabajadores han alcanzado ya el “punto de ruptura”. Siria ya no es país para médicos, ni para nadie.

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