Redacción Médica
25 de septiembre de 2018 | Actualizado: Lunes a las 19:05
Martes, 11 de septiembre de 2012, a las 23:32

EL REPORTAJE DE REDACCIÓN MÉDICA
TRAS LOS RECORTES EN EL SISTEMA DE CIENCIA
Investigadores: un futuro con el horizonte lejos de España
Trabajar fuera del país era una opción positiva para el aprendizaje. Ahora es casi la única

Enrique Pita. Madrid
Las estimaciones de población actual difundidas el pasado mes de julio por el Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que 269.486 personas han salido de España entre enero y junio de este año, frente a las 254.352 que lo hicieron un año antes. En 2012, 40.625 de estos emigrantes eran de nacionalidad española mientras que a 1 de julio de 2011 sumaban 28.168. ¿Cuántos son investigadores? No hay datos fiables al respecto, pero la sensación es que, al menos, una parte importante es gente muy bien formada en el sistema educativo español que acaba labrándose un futuro laboral fuera de España. Una situación que no es nueva, pero que cada vez se observa con mayor preocupación.

José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte, y Carmen Vela, secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación.

A pesar de las evidencias, el Gobierno de Mariano Rajoy no parece inmutarse tampoco ante este problema. Incluso va más allá y niega su existencia. Durante una reciente visita a Alemania, el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, aseguraba que “ni siquiera habría que llamarlo fuga de cerebros” ya que “el hecho de que haya jóvenes con capacidad y voluntad de movilidad, que dominen idiomas extranjeros, que tengan la voluntad de salir fuera, que quieran ensanchar sus horizontes profesionales, nunca puede considerarse un fenómeno negativo”. Una bravata o una simpleza, ambos calificativos sirven para poner en tela de juicio al ministro, que, como dice la portavoz de la Federación de Jóvenes Investigadores/Precarios (FJI), Ester Artells, “me deja la sensación de que se está riendo de nosotros”.

La fuga de cerebros tiene poco de mito. “Es absolutamente real en dos sentidos. Por un lado, jóvenes que están buscando su futuro inmediato fuera de España, y, por otro, no tan jóvenes ya en el extranjero que han descartado la posibilidad de volver de sus planes inmediatos”, explica el presidente de la Confederación de Sociedades Científicas Españolas (Cosce), Carlos Andradas. En este sentido, desmiente a Wert y asegura que “lo primero podría verse como una fase más dentro del proceso de formación, pero no puede verse así porque el flujo no es simétrico”. En su opinión, podría no ser negativa, como dice el ministro, “si llegara a España un número de investigadores similar al que sale a formarse fuera, pero eso no está siendo así”.

Amaya Moro-Martín, portavoz de la Plataforma por una Investigación Digna, advierte que “a pesar de que lo nieguen por activa y por pasiva, la fuga de cerebros es una amenaza real”. “No sé en qué se basan para negarlo cuando es evidente. No tendrían más que hablar con los centros de investigación, el personal tiene una incertidumbre tremenda”.

La conclusión es sencilla: Wert puede seguir minimizando el alcance del problema, pero lo cierto es que existe y preocupa, tanto a los investigadores como a las sociedades científicas.

La excelencia no se logra sin una masa crítica de investigadores

España forma bien, o muy bien a sus investigadores, pero, “no sabe aprovechar el personal científico que forma”, explica Ester Artells. La ecuación es sencilla, España pierde un capital humano fundamental para investigar, mientras que los países en los que se refugian los investigadores reciben un personal altamente cualificado. Artells pone un ejemplo: “Si donde yo trabajo (Institut Méditerranéen de Biodiversité et d'Ecologie marine et continentale, en Marsella, Francia) inventamos algo, la investigación que yo hago, por mucho que sea española, es francesa, y si se llega a una patente, va a quedarse en Francia”.

De izquierda a derecha: Carlos Andradas, presidente de la Cosce; Amaya Moro-Martín, portavoz de la Plataforma por una Investigacióon Digna; Lorenzo Melchor, presidente de Spanish Researchers in the United Kingdom, y Ester Artells, de la Federaci´pon de Jóvenes Investigadores/Precarios.

El problema se agudiza este año con los ajustes presupuestarios a los que se ha visto abocado el conjunto del país. En este sentido, los Presupuestos Generales del Estado (PGE) aprobados por el Gobierno de Mariano Rajoy han dejado en la cuneta cerca del 25 por ciento del dinero dedicado al sistema de ciencia español, y solo a última hora introdujeron una enmienda para permitir la creación de la Agencia Estatal para la Investigación que prevé la Ley de Ciencia. Estos recortes van a afectar, sin duda, a las ya pocas posibilidades que los investigadores españoles tienen de permanecer en España, ya que se verán afectadas las convocatorias de becas, contratos pre y post doctorales y otras iniciativas.

La situación es tan crítica que Cosce, la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE), UGT, CCOO, PJI/Precarios y la Plataforma por una Investigación Digna han suscrito una ‘Carta abierta por la Ciencia’ que hicieron llegar primero al Congreso de los Diputados y al Gobierno español, y vista la falta de respuestas tangibles, remitieron después al Parlamento Europeo. Durante la presentación de la misiva que se ha enviado a Europa, el vicerrector de Investigación de la Universidad Complutense de Madrid, Joaquín Plumet, aseguraba que “la excelencia no se puede conseguir sin una masa crítica de investigadores”, pero para lograr esa excelencia los recortes aprobados no sirven, más bien al contrario. Lo ideal sería “seguir las directrices que la Unión Europea ha marcado”, tanto en las recomendaciones que hace a los estados miembros como en la redacción final del Programa Horizonte 2020, en el que se ha recogido un aumento del 50 por cien de los presupuestos que se destinan a Ciencia desde Bruselas.

Uno de los caballos de batalla de los investigadores, y de los sindicatos y del resto de agentes del sector, es la tasa de reposición de investigadores. El borrador de los PGE marcaba una tasa de reposición 0, y ahí es donde se ha logrado una conquista, pequeña e insuficiente, pero conquista, ya que los Presupuestos finalmente aprobados marcan una tasa de reposición del 10 por ciento para el personal investigador de los Organismos Públicos de Investigación, siempre que tengan el grado de doctor, algo que “no se corresponde con las necesidades” del sistema de Ciencia español.

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