18 nov 2018 | Actualizado: 13:10

“Creo en la discriminación positiva”

“Ojalá llegue el día en que no tengamos que pedir la paridad porque ésta sea natural”

Sábado, 13 de abril de 2013, a las 16:48

La consejera de Salud y Bienestar Social de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, asegura que no es “un ejemplo de conciliación”, y habla de la frustración que supone para las mujeres robar tiempo a la familia para dedicárselo al trabajo. En cuanto a las cuotas, defiende “la discriminación positiva como una de las vías para llegar a la igualdad real entre hombres y mujeres”.

¿Ha encontrado dificultades en su ascenso profesional por ser una mujer?

Contestando con sinceridad, tengo que decir que no, que no me ha afectado en mi ascenso profesional el hecho de ser mujer. Pero tampoco sería honesta si no dijera que mis circunstancias son especiales, porque en todo momento he tenido el apoyo incondicional de mi familia y de mi pareja, puesto que no soy un ejemplo de conciliación, como me gustaría confesar en caso de que fuera verdad. El problema de las mujeres no sólo es que tengamos que demostrar más que los hombres para los mismos cargos, sino lo difícil que se nos hace dedicar tiempo al trabajo evitando la frustración de no estar robando demasiado tiempo a la familia, motivo por el que muchas mujeres renuncian a sus carreras verdaderamente prometedoras.

María Jesús Montero, consejera de Salud
de Andalucía.

¿Existe una visión particular de la mujer que puede aportar aspectos al liderazgo que no tiene el hombre?

Definitivamente, sí. La mirada de la mujer en la gestión aporta unos valores que, a mi entender, mejoran los roles masculinizados que hasta ahora tenía el liderazgo. También hay mujeres que dirigen desde estos roles de los que hablamos, perpetuando dinámicas que ayudan poco a configurar equipo y a sacar de cada uno lo mejor que puede aportar, que es de lo que se trata. Creo que la mujer tiende a hacer una organización más horizontal y a dejar impronta de cercanía, de humildad, de espontaneidad en los equipos. No digo que unos valores sustituyan a otros, pero es evidente que la incorporación de la mujer a los equipos de dirección está ayudando a complementar la gestión tradicional, masculinizada, con una nueva mirada más cálida y cercana.

¿Se ha normalizado la presencia de la mujer en los órganos de poder?

Ya nos gustaría que fuera así, pero definitivamente, no. No podemos negar que hemos avanzado, pero el techo de cristal todavía existe, y tenemos que poner los medios para acabar con él, para evitar esta discriminación que aún se sigue produciendo sobre la mujer. Creo en la discriminación positiva como una de las vías para llegar a la igualdad real entre hombres y mujeres, porque nos obliga a detenernos, a esforzarnos a posibilitar que las mujeres den el paso, a remover aunque sea localmente los obstáculos históricos. Ojalá llegue el día en que no tengamos que pedir la paridad porque ésta sea natural.

¿El porcentaje de mujeres que hay en los puestos de mando es representativo del porcentaje de mujeres trabajadoras?

No. Como apuntaba anteriormente, hemos avanzando mucho, pero aún sigue existiendo un claro desequilibrio. La mujer se ha introducido en el mercado laboral, teniendo un gran peso en las estructuras organizativas y las plantillas, pero los puestos de responsabilidad aún siguen siendo un terreno ocupado principalmente por hombres. Desde la administración, a través de las leyes que fomentan la paridad, llevamos años intentando que este reflejo cambie y que se produzca un equilibrio, porque entendemos que si normalizamos la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad en el ámbito de lo público, el cambio en el ámbito privado estará más cercano. La aportación de las mujeres es fundamental para salir con éxito de esta situación de crisis.

¿Recuerda alguna anécdota significativa relativa a su género?

Recuerdo, incluso con algo de ansiedad, las reuniones de los Consejos de Dirección del hospital en el que trabajaba hace casi 15 años. Entonces sólo éramos dos mujeres de los veintitantos que componíamos este órgano. Cuando llegaban las ocho y media de la tarde, los hombres pedían una y otra vez la palabra para hacer la misma intervención interminable sobre asuntos prescindibles. ¡Cómo se nota que no bañan a los niños!, pensaba yo, que comenzaba la segunda carrera del día para llegar a casa antes de que mi madre metiera a mi hija en la bañera. Llegar a tiempo a esa hora era para mí una prioridad. Sé que las mujeres con largas jornadas laborales entenderán lo que digo.