Redacción Médica
25 de septiembre de 2018 | Actualizado: Lunes a las 19:05

“Los profesionales del trasplante no tienen reticencias a usar inmunosupresores genéricos”

“La cantidad de donantes será muy difícil de aumentar, y la calidad de los órganos no va a mejorar“

Martes, 31 de marzo de 2015, a las 17:11
Redacción. Madrid
El estudio BIODrIM es un proyecto europeo que se inicia en 2015 y en el que participarán centros trasplantadores de alta excelencia, entre ellos el Hospital Universitario de Bellvitge (Barcelona). BIODrIM, que cuenta con el patrocinio de la Unidad de Trasplantes de Teva, tiene como objetivo la individualización de la inmunosupresión basada en biomarcadores, a fin de ajustar las dosis de los fármacos inmunosupresores en base al grado de respuesta inmune del receptor.

Uno de sus responsables es Josep M. Grinyó, profesor de Medicina en la Universidad de Barcelona y director del Departamento de Nefrología del Hospital Universitario de Bellvitge, quien ha participadoCongreso de la Sociedad Catalana de Trasplantes, celebrado en Barcelona.

Josep M. Grinyó.

¿Qué tiene España específicamente que no tenga ningún otro país para ser líder en trasplantes?

Organización profesional en la detección de donantes. No se deja nada al azar, sino que se hace una detección prospectiva de donantes. Empezó hace 30 años con ocho trasplantes por cada millón de habitantes/año y se ha multiplicado por cinco.

La clave del modelo fue darse cuenta de que no había que organizar grandes redes de distribución de órganos, sino organizar una gran red de detección de donantes. Todo se enmarcó en la ley de trasplantes de finales de 1979.
Después se fraguaron equipos clínicos de alta eficacia y se adoptó un modelo de acercamiento de trasplante a todos los rincones de la geografía, a través de centros más pequeños y próximos.

Una persona trasplantada necesita inmunosupresores toda su vida para que el órgano extraño no le produzca rechazo, ¿hasta qué punto se modula su sistema inmunitario? ¿Cómo influye a la hora de combatir infecciones o de padecer un cáncer?

La inmunosupresión tiene diferentes etapas: Una con dosis relativamente altas de inmunosupresores para evitar rechazo, en la que se utilizan combinaciones de fármacos para reducir las interacciones y que se denomina terapia multidiana. Y una etapa inmunosupresora de mantenimiento en la que se mantiene el órgano funcionante. En esta se usan dosis más reducidas de manera que se mantiene el órgano quiescente para llevar a regímenes de baja morbilidad.

El mayor reto de la inmunosupresión es mantener el órgano trasplantado sin rechazo y al mismo tiempo mantener el sistema inmune activo para rechazar infecciones. En el trasplante hepático se consigue este reto, ya que la mayoría de los pacientes a los diez años pueden estar con dosis muy bajas de inmunosupresores.

Es de gran importancia hablar con la familia del donante, ¿no es así?

R: En realidad no es algo de gran importancia, sino que ¡se ha demostrado fundamental! La ley del 79 fue redactada por una élite que contemplaba el consentimiento presunto. Con el paso del tiempo, el sentido común hizo ver que la ley estaba muy por delante de la sociedad, por lo que se hizo público un decreto por el cual había que obtener información sobre la voluntad del donante, es decir, preguntar a la familia.

P: ¿Cómo ve el futuro de los trasplantes?

Bien, pero con algunas dificultades a futuro. La cantidad de donantes será muy difícil de aumentar, y la calidad de los órganos no va a mejorar, por lo que se cree que una buena vía de mejorar el sistema sería promocionar el donante vivo.
En cuanto a los pacientes trasplantados, el problema del rechazo es cada vez menor, la mayoría de los pacientes no mueren por el temido rechazo, sino de enfermedad cardiovascular que, en muchos casos, no tiene relación con el trasplante en sí mismo.

Por otro lado, y haciendo referencia a la especialidad de trasplantes que más conozco, el trasplante renal, no ha dejado de mejorar aunque fuera modestamente, disminuyendo la morbilidad y controlando la mortalidad.

En el futuro creo que se debería mejorar a medio-largo plazo la mortalidad por enfermedad cardiovascular y cáncer. También otra área de gran desarrollo será la posibilidad de usar biomarcadores, de forma que podamos detectar qué pacientes necesitan menor inmunosupresión y así poder alargar la vida y mejorar la calidad de vida de estos pacientes usando dosis menores de inmunosupresores.

Nuestro país es muy reconocido por ser líder en trasplantes ¿Pero también se realizan investigaciones avanzadas sobre el tema aquí?

España es uno de los países donde se va a llevar a cabo el estudio BIODrIM, que van a poner en marcha desde el consorcio europeo y que se desarrollará en ocho hospitales de toda Europa.

Los hospitales donde se llevará a cabo el estudio BIODrIM son los de Praga, Hannover, Berlín, Amsterdam, Nantes, Oxford y dentro de España estará el Hospital de Bellvitge donde nuestro equipo colaborará con el resto para el desarrollo de este estudio.

¿Cree que entre los profesionales puede haber cierta reticencia sobre los fármacos inmunodepresores genéricos de marca?

Los profesionales sanitarios se deben a la calidad. La mejor arma para evitar el rechazo es el uso de buenos agentes inmunosupresores combinados en pautas que equilibren el riesgo/beneficio. El uso de inmunosupresores genéricos de calidad contrastada debe de proporcionar los mismos beneficios terapéuticos que los originales, y en ese sentido no genera reticencia entre los profesionales del trasplante.