La prevención y el cribado de enfermedades como el cáncer de mama, de colon o de próstata continúan siendo una de las asignaturas pendientes en el sistema sanitario español. "El sistema falla en la anticipación porque seguimos organizando y reconociendo mejor la respuesta a la enfermedad que el trabajo de prevenirla", ha advertido José María Martín Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, durante la jornada 'Longevidad, prevención y diagnóstico precoz', organizada por Redacción Médica este martes.
Durante el evento, celebrado con la colaboración de Asisa, DKV Seguros, Fedop, GSK, HM Hospitales, SegurCaixa Adeslas y Viamed, un panel de expertos multidisciplinar integrado por representantes de las sociedades científicas, la administración autonómica, la academia y la industria tecnológica han analizado los profundos obstáculos de un modelo asistencial que describen unánimemente como "todavía reactivo" y atrapado en inercias estructurales. La solución para llegar a uno realmente proactivo pasa, según los expertos, por reevaluar urgentemente la formación de los profesionales sanitarios, revisar la política de incentivos de la actividad asistencial y corregir la inequidad territorial en el acceso a las pruebas.
Un sistema de cribado muy variable entre comunidades autónomas
Si bien la innovación para mejorar el cribado cuenta con cada vez más proyectos en España, "existe una inequidad en la forma en la que está llegando", ha subrayado Myriam Montes Fernández, especialista en mama de la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram). Desde su experiencia, la radióloga ha señalado que "pasa demasiado tiempo" desde que se comprueba la eficacia de una técnica de imagen hasta que se aplica de forma efectiva en la sanidad pública. Según ha apuntado, esto termina por transmitir "una pérdida de confianza en la población y un descenso en la adherencia". La experta ha puesto como ejemplo el caso español, donde la adherencia al cribado de cáncer de mama "ha sido siempre muy alto". "Pero en los últimos años ha disminuido", ha detallado.
Jesús Cañavate Gea, director general de Salud Pública de la Consejería de Salud de la Región de Murcia, también ha coincidido en la existencia de esta variabilidad territorial, aunque recordando que se parte de una base común del SNS. "En Murcia llevamos tiempo ampliando el tramo de edad en mama de los 46 a los 72 años porque hemos detectado un incremento no esperado de tumores en menores de 40", ha señalado. Como ejemplo, para sortear las fallas del correo en el cribado colorrectal, Cañavate ha detallado su fórmula logística: "El ciudadano recoge el kit en la oficina de farmacia y lo deposita en un buzón de su centro de salud sin pedir cita".
Un momento durante la mesa de debate: Innovaciones en diagnóstico, prevención secundaria y cribados para vivir libres de enfermedad.
Para cerrar este círculo asistencial, Cañavate ha enfatizado la necesidad de dotar al sistema de tecnología punta sin perder de vista la coordinación humana. "La tomosíntesis es ya imprescindible y la inteligencia artificial actúa como una doble lectura fundamental para reducir falsos negativos", ha destacado. Sin embargo, el especialista ha advertido de que la Atención Primaria suele perder el rastro del paciente una vez entra en la red de oncología, por lo que "urge engranar todo el recorrido desde la carta de invitación hasta el tratamiento final".
Jesús Cañavate Gea, director General de Salud Pública de la Consejería de Salud de la Región de Murcia.
Biomarcadores a nivel nacional vs. laboratorios autonómicos
Con más de 20 años de experiencia de su centro en patología mamaria, Montes ha reivindicado que existen criterios organizativos y biomarcadores que deberían ser universales e independientes de la geografía: "La edad, los intervalos y los controles de calidad deben venir fijados por guías clínicas e ir acompañados de auditorías universales". No obstante, también ha señalado que es necesario dejar margen a las autonomías para actuar como "laboratorios de innovación tecnológica", poniendo de ejemplo proyectos como Cassandra en cáncer de pulmón —que suma ya 30 centros en 15 comunidades y 30 tumores detectados vinculando el cribado a la deshabituación tabáquica— o los pilotos de próstata SPRACE-U en Galicia y Manresa.
Myriam Montes Fernández. Especialista en mama de la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram).
Martín Moreno ha defendido que "dos personas con necesidades comparables deberían tener oportunidades comparables, vivan donde vivan; el determinante del código postal no debería ser condicional". A su juicio, garantizar el acceso real a los biomarcadores no consiste únicamente en tener un catálogo sobre el papel, sino en "disponer del resultado a tiempo para tomar decisiones clínicas reales". También ha recordado que la adherencia está muy marcada por determinantes sociales como los horarios de trabajo o las cargas de cuidado. "Es algo que muchas veces no se tiene en cuenta", ha apuntado.
En esta misma línea, Cañavate ha suscrito la urgencia de evaluar el coste-efectividad de los marcadores según su finalidad, reconociendo la complejidad de un catálogo muy heterogéneo como el actual. "A pesar de disponer de unidades de referencia, ahora mismo es prácticamente imposible que todos los marcadores lleguen a todos por igual", ha admitido, señalando además el avance de la resonancia magnética en próstata para confirmar tumores sin necesidad de realizar una biopsia invasiva.
José María Martín Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia.
Pasar de un sistema reactivo a uno proactivo
A la hora de transformar la dinámica del sistema, Martín Moreno ha señalado que el cambio pasa primero "por creerse los beneficios de la prevención". "Seguimos buscando la respuesta a la enfermedad, pero hay que enfocar el trabajo en anticiparse a ella", ha defendido. En este sentido, el especialista ha apuntado que, para ello, es necesario tiempo protegido, recursos y un equipo responsable de comprobar quién necesita atención. "Por ejemplo, en cribados como próstata o pulmón la clave es evitar el sobretratamiento mediante estrategias como la vigilancia activa", ha añadido.
También Cañavate ha señalado que falta mucho por llegar a un sistema de salud que, aunque en el papel "parece estar preparado para ser proactivo", en la práctica sigue tirando de la reactividad. Para revertir esta tendencia, ha abogado por articular de forma continuada la salud pública, la enfermería gestora de casos y la Atención Primaria, evitando que el médico de familia actúe únicamente cuando el ciudadano acude a la consulta con un síntoma avanzado.
Desde la perspectiva de la industria, Manel Rodríguez Barrena, vicepresidente del Sector de Tecnologías y Sistemas de Información Clínica de Fenin, ha recalcado el dilema económico entre prevención y capacidad del sistema. "Más vale prevenir que curar, ¿Cuánto ahorro tendríamos si detectamos precozmente?", se ha preguntado. Aunque también ha advertido que si tuviéramos el 100% de asistencia al cribado, "con los recursos actuales colapsaríamos el sistema". En este sentido, Rodríguez ha reclamado integrar los datos en los sistemas de información para realizar un seguimiento automático del paciente.
Manel Rodríguez Barrena, vicepresidente del Sector de Tecnologías y Sistemas de Información Clínica de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin).
¿Cuáles son los principales retos dentro del sistema?
Preguntados por el principal reto dentro del sistema, los expertos coinciden en que es necesario hablar de varios. "Diría que la prevención se añade hoy a agendas ya saturadas, dependiendo en exceso del esfuerzo individual o de la heroicidad de los profesionales", ha defendido Martín Moreno. Para el catedrático, pasar a un modelo verdaderamente proactivo exige "convertir la prevención en una responsabilidad habitual" de los equipos asistenciales. Para él, la pregunta importante serían: ¿Tenemos que esperar a que llame a nuestra puerta el paciente o hacemos algo antes?
Coincidiendo en este diagnóstico, Montes ha señalado que la propia formación universitaria y la residencia educan a los sanitarios en un chip marcadamente asistencial. "El sistema premia la actividad inmediata, como las consultas o los quirófanos; lo que faltan son radiólogos incentivados para hacer cribado y con recursos para evitar cuellos de botella diagnósticos donde se tarda hasta dos meses en hacer una prueba complementaria tras una anomalía", ha argumentado la especialista de la Seram.
Finalmente, Rodríguez Barrena ha concluido que la sostenibilidad del modelo requiere una decisión política firme para invertir en herramientas digitales e inteligencia artificial que automaticen tareas como reintentar citaciones por SMS o confirmar lecturas. No obstante, ha recordado que la tecnología debe ir de la mano de la divulgación: "Debemos aprovechar las redes sociales para educar al paciente y promover la cultura preventiva, porque aumentar las tasas de participación es imprescindible para hacer viable el sistema sanitario".
