26 de junio de 2017 | Actualizado: Domingo a las 21:00

El Marañón recurre a la 'magia' para salvar pequeños corazones

Cirujanos del centro intervienen a tres niños con arritmia con una técnica inédita
Juan Miguel Gil Jaurena (jefe de Cirugía Cardiaca Infantil) y Ramón Pérez Caballero (cirujano cardiaco infantil).
Joana Huertas
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Sábado, 22 de octubre de 2016, a las 20:00
Ataviados con la bata blanca del médico de toda la vida, aparecen a la hora convenida, en una sala de exploración del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, dos cirujanos cardiacos prestos a difundir su hazaña. Parece, sin embargo, que hubieran entrado a rendir cuentas a un superior más que a conceder una entrevista. Tal es la timidez con que se disponen a contar su logro que se citan el uno al otro en cada turno de palabra, como deshaciéndose de todo mérito atribuible a su pericia clínica, fundamental para que los corazones de tres niños latan hoy con ritmo normal desde su paso por el quirófano a manos de estos humildes profesionales.

Y es que la cirugía del tórax en un niño con arritmia acaba de adquirir otra perspectiva en Medicina. Hasta la fecha, resultaba ineludible intervenir a corazón abierto para corregir tal defecto. Incluso se debía recurrir a una máquina de circulación extracorpórea, es decir, un sustituto artificial del latido cardiaco que permitiese operar el corazón mientras dejara de funcionar.

Ahora, eso ha cambiado gracias a tres cirujanos españoles del Hospital Gregorio Marañón de Madrid: Juan Carlos de Agustín (jefe de Cirugía Pediátrica), Juan Miguel Gil Jaurena (jefe de Cirugía Cardiaca Infantil) y Ramón Pérez Caballero (cirujano cardiaco infantil).

LA REVISTA de Redacción Médica ha conversado con estos dos últimos en el propio centro para saber por qué ha sido posible que tres niños con ese diagnóstico hayan visto resuelta su complicación con cirugía de mínima invasión, es decir, sin abrir la caja torácica ni suplir la función cardiaca mientras se opera.

Ramón Pérez Caballero.

La historia se remonta apenas un año en el tiempo, pero se considera pionera en la cirugía cardiaca que se practica en todo el mundo y como tal se ha difundido en los telediarios de las principales cadenas. Un motivo más de orgullo para la sanidad pública española.

Por entonces, en julio de 2015, Gil Jaurena y Pérez Caballero intervinieron a un niño que presentaba arritmia en la aurícula izquierda del corazón, una anomalía del ritmo que no cesaba y comprometía su vida.

“Ahí tuvo lugar la serendipia, el instante en el que pudimos poner en práctica los conocimientos adquiridos en el Centro de Cirugía de Invasión Mínima Jesús Usón de Cáceres, donde se forma a los cirujanos en toracoscopia, y nos atrevimos a aplicar la técnica en un niño”, comenta Gil Jaurena como quien habla de comprar el pan.
EL BAGAJE EN ADULTOS Y LA POSIBILIDAD DE RECTIFICAR
Una de las claves del progreso de la cirugía, a lo largo de la Historia, consiste en aprovechar la experiencia acumulada en otras circunstancias para dar con nuevas aplicaciones de una misma técnica con resultado igualmente exitoso. Las operaciones de arritmia cardiaca detectada en niños con técnicas de mínima invasión, es decir, por medio de un acceso directo al corazón a partir de pequeños conductos provistos de una cámara de televisión, son réplicas de intervenciones similares en adultos aquejados de otras dolencias cardiacas.

En concreto, el bagaje acumulado en el Servicio de Cirugía Cardiaca del Gregorio Marañón de Madrid ha bastado para que los tres cirujanos se atrevieran a innovar con los niños, pues el reto ha llevado consigo un mecanismo de seguridad: “Si surge cualquier complicación durante el proceso, siempre queda la opción de aplicar la cirugía clásica con apertura del tórax y circulación extracorpórea” durante la misma operación, confirman los cirujanos.

La estrategia consiste en utilizar tres puertos, unos pequeños conductos llamados trócares, que evitan tener que realizar una incisión y se controlan con una cámara interna, según han relatado ambos. Acto seguido, se hace una ablación de la orejuela, cavidad de la aurícula, que consiste en quemarla para neutralizar la arritmia e implantar un dispositivo externo que saca la zona de la circulación cardiaca, algo que evita que se originen trombos que den pie a accidentes cerebrovasculares.

“El niño se recuperó en mucho menos tiempo que si hubiésemos recurrido a la cirugía convencional, no se le dejó apenas cicatriz y se eludieron las complicaciones derivadas de abrir el tórax y reemplazar el circuito cardiaco”, apuntan. Como poco, esta innovadora estrategia, nunca antes utilizada en menores, hizo más sencilla una operación muy delicada en el cuerpo de un niño. Y hasta el momento está sano sin recaída de la arritmia.

Otros dos niños han sido intervenidos

No se trata de un caso aislado. En abril de este año, otro pequeño con idéntico diagnóstico fue operado por los protagonistas de este avance espectacular con el mismo resultado. Y, en julio, hicieron lo propio con una adolescente de 16 años.

“En el caso de los dos primeros, el acceso al corazón tuvo lugar por debajo del brazo izquierdo; en la chica, se aprovechó el desarrollo de las mamas para hacer tres mini-orificios de forma que quedaran perfectamente disimulados”, explica Gil Jaurena.

Pero, ¿por qué no se había hecho nada semejante en la cirugía del niño hasta ahora?

Juan Miguel Gil Jaurena.

Si nos atenemos a la literatura disponible, la frecuencia de esta alteración cardiaca en niños es poco frecuente, bien porque no se da, bien porque no se detectaba hasta ahora, por lo que es previsible que aumente su incidencia en adelante, ha aclarado el mismo cirujano.

“Aquí ha coincidido la detección temprana de la arritmia en niños de corta edad en un intervalo de apenas doce meses con el hecho de que llevemos tiempo preparándonos para la cirugía toracoscópica por medio de formación básica experimental, primero en animales, después en simuladores y, por fin, en pacientes”, ha revelado Pérez Caballero.

Según matiza su colega, la cirugía de las arritmias a corazón abierto es conocida.  La novedad estriba en que los niños presentaban arritmia sin tener un defecto estructural del corazón, y por eso se pudieron aplicar estas técnicas de invasión mínima. “Pero el problema era solo eléctrico: no había que operar a corazón abierto porque no había ninguna anomalía anatómica en válvulas o tabique”, aclara.

Este punto no le resta un ápice de peculiaridad a la historia de los tres niños. Sus ejemplos han abierto la veda a que los cirujanos pediátricos de todo el planeta simplifiquen una operación muy arriesgada que, ahora, se reduce a un tiempo corto de intervención sin dejar marca de por vida y con alta a las 48 horas. No es poca diferencia para el pequeño ni para sus familiares.

“La realizada en julio duró menos de una hora y media; el niño estaba en casa dos días después y, al cabo de una semana, acudió con normalidad al colegio sin arritmias y con buena calidad de vida”, confirma Pérez Caballero.

La causa de la disfunción no se conoce

La causa de la arritmia en estos pacientes se desconoce. Al tratarse de la primera vez que se corrige con esta clase de cirugía, tampoco existe suficiente experiencia en el tiempo para dar por cierta la plena recuperación del enfermo, máxime si es un niño, ya que tiene toda su vida por delante.

Juan Miguel Gil Jaurena y Ramón Pérez Caballero en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde han operado con éxito a tres niños con arritmia.


Con todo, la ausencia de recaída en un año da motivos  razonables para ser optimistas. En cualquiera de las circunstancias, ambos profesionales han enviado los resultados de sus experiencias a una revista de difusión internacional. Toca que otros cojan el relevo de la idea.

Más relajados que al comienzo de la charla, reverberan lo aprendido estos días delante de las cámaras y se apresuran a acudir a otra planta donde les aguardan desde hace un rato. Sus ademanes siguen sin mostrar un solo atisbo de heroicidad. Acuden a mezclarse con sus colegas y se preparan para la asepsia que marca el protocolo antes de entrar al quirófano. Una vez más, lo hacen como quien se lava las manos antes de sentarse en la mesa, con su familia, al mediodía de un domingo cualquiera.