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“No se trata solo de impulsar proyectos. La investigación y la innovación tienen sentido cuando llegan a la persona que lo necesite. Quiero que comprobemos si responde o no a una necesidad real y después evaluemos su impacto, su viabilidad y su capacidad para aportar valor”, ha explicado María José Sánchez Pérez, directora general de Investigación, Innovación y Formación de la Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias de la Junta de Andalucía durante su participación en las XXXIII Jornadas Nacionales de Innovación y Salud en Andalucía, organizadas por la Sociedad Española de Informática de la Salud.

Sánchez Pérez, que se incorporó a su posición en agosto de este año, lleva meses trabajando en cómo sacarle el máximo partido a la IA: “Nos hemos preguntado cómo puede ayudarnos a identificar patrones, a facilitar procesos y a apoyar el trabajo de los profesionales. Pero también hemos hablado sobre sus límites, especialmente de cómo garantizamos la transparencia y quién mantiene la responsabilidad última de la decisión. Porque algo que no podemos perder de vista es que no puede sustituir a la deliberación, el criterio profesional ni la reflexión ética”.

Andalucía cuenta con una sólida estructura de investigación e innovación sanitaria, con un buen ecosistema de I+D y cinco institutos de investigación acreditados por el Instituto de Salud Carlos III. Pero la clave sigue siendo que la innovación llegue a las personas. “Ese es el motivo por el que importa tanto el camino que recorre una buena idea hasta convertirse en una mejora real para los pacientes. Queremos conectar investigación e innovación con la práctica asistencial, sin perder de vista las necesidades del sistema ni las garantías que debemos ofrecer”.

Y en este acompañamiento, Sánchez Pérez quiere poner el foco en nutrir a las ideas que ataquen problemas por resolver sin sofocarlas con la exigencia de resultados a corto. “A una idea que nace no podemos pedirle los resultados que solo podrá obtener cuando madure. Tenemos que pedirle que responda a una necesidad real y que cuente con un plan serio para poder generar evidencia. La exigencia debe crecer con la madurez de la iniciativa. No tiene sentido pedir lo mismo a un proyecto en fase de investigación que a una solución que ya va a utilizarse en un entorno asistencial real. Pero cuando nos acercamos a la práctica clínica necesitamos evidencia suficiente, seguridad, protección de datos y también sostenibilidad”.

Innovación para necesidades reales

Como ejemplo de este esquema ha mencionado el trabajo de la Dra. Marina Álvarez Benito, del Servicio de Radiodiagnóstico del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, y su participación en una investigación internacional sobre inteligencia artificial aplicada a las mamografías. “Este estudio analiza la posibilidad de estimar el riesgo de desarrollar cáncer de mama durante los cinco años siguientes a partir de una mamografía. No se trata de detectar un tumor existente, sino de investigar si esta información puede ayudar en el futuro a personalizar la estrategia de detección precoz en cáncer de mama. Este es el tipo de innovación que quiero impulsar: la que nace de las necesidades reales, que conecta el conocimiento clínico con la capacidad tecnológica y que busca siempre mejorar los resultados en salud”.

En cuanto al modelo de gobernanza entre Ministerio de Sanidad y CCAA, Sánchez Pérez ha tendido la mano en tres ámbitos: “Queremos aportar nuestra experiencia, compartir lo que estamos aprendiendo y participar activamente en los debates que tenemos por delante sobre inteligencia artificial, gobernanza del dato y espacio europeo de datos en salud. Son cuestiones que van mucho más allá de la tecnología: afectan a cómo investigamos, cómo tomamos decisiones y cómo garantizamos que la información sanitaria se utilice con seguridad, con responsabilidad y en beneficio de los profesionales y de la ciudadanía”.