El dato en salud puede cambiar la sanidad del futuro; las esperanzas en innovación recaen sobre él. Marta Calvo, doctora en Ciencias Médicas y Biotecnología y coordinadora del grupo de investigación en Ingeniería Biomédica de la Universidad Europea, explica en una entrevista con este periódico que “el gran sueño” tiene que ver con la predicción. “Si nosotros tuviésemos suficientes datos y un buen algoritmo que permitiese predecir algo que realmente luego sucediese, eso realmente sería el mayor sueño”, reconoce.
Esto implica analizar imágenes para modelar órganos artificiales, o procesar datos de pacientes para determinar el tratamiento más eficaz. Calvo insiste en que el dato biomédico es “amplísimo” y que no todas las áreas tienen el mismo nivel de desarrollo. Eso sí, en la ecuación hay una premisa clara: “Cuando estamos haciendo el desarrollo de una tecnología, es importante entender si luego va a tener una aplicación real en la industria”. Por tanto, hay que comprobar si el proceso es escalable y rentable a gran escala.
¿Cuáles son los límites en la innovación sanitaria?
Hay grandes barreras que frenan el avance y el impacto del análisis de datos en salud. Todas ellas tienen que ver con los recursos y con los límites, no solo técnicos y de tejido productivo, sino también económicos. Sobre esto, hay que entender las distintas tendencias. El Libro Blanco de la Biofabricación, publicado en 2026 y coordinado por Marta Calvo, trata de ser una guía en esto. Tal y como ha constatado Redacción Médica tras consultar el documento, hay una conclusión que parece evidente: las barreras regulatorias y normativas se erigen como el principal freno al desarrollo, especialmente en aquellas tecnologías que están más próximas a su aplicación industrial y clínica. Además, a estas trabas legales se suman los obstáculos económicos.
"Hay diferentes indicadores que te pueden decir que el tejido empresarial está muy bien, pero que tienes una barrera tecnológica porque no llegas a la resolución de impresión", matiza la ingeniera. No obstante, en el citado informe hay una distinción entre ámbitos. La velocidad es distinta en cada uno de ellos. “La regeneración de cartílago y de hueso está mucho más avanzada y se ve que hay un horizonte temporal de entre 5 y 10 años”, recuerda la experta.
La madurez general del sector se sitúa entre 2035 y 2050. La previsión es que, antes de 2050, lleguen a la práctica clínica avances como la bioimpresión 3D de tejidos simples, el uso de nanomateriales para diagnósticos y los organoides para la medicina personalizada. En este mismo periodo también se podría despegar la microfluídica para probar fármacos, siempre que la normativa lo permita. Sin embargo, habrá que esperar más allá de 2050 para ver cumplidos hitos como la creación de órganos funcionales completos o las terapias de regeneración neuronal, cuyo desarrollo a día de hoy está frenado por inmensas barreras tecnológicas, éticas y regulatorias.
Otros campos, como la medicina personalizada en microfluídica, se ven mucho más lejos. La ingeniería biomédica todavía no es capaz de tener ni siquiera una consistencia tecnológica o de conocimiento. "Si no tienes conocimiento, necesitas generarlo; sin él, no importa que te den mucho dinero, que tengas un buen tejido empresarial o que tengas una muy buena legislación", reflexiona Calvo.
¿Cómo equilibrar la innovación en salud con el respeto a la privacidad del dato?
El Reglamento General de Protección de Datos y el Espacio Europeo de Datos Sanitarios marcan las reglas del juego en la investigación de datos. Este último establece que los datos médicos de las personas son consultables para fines de investigación y son anónimos; es decir, existen, pero son anónimos. Sin embargo, Calvo enumera varios puntos conflictivos de esta norma. De hecho, varios países se opusieron a ella. “La seguridad de estos datos es algo que más o menos se tiene claro, pero debería ser cien por cien segura, y algunas veces creo que podrían llegar a tener un conflicto de intereses o de seguridad”, reconoce.
Sin embargo, a la hora de responder a la pregunta sobre el equilibrio entre la investigación y la protección del dato, Calvo afirma que entran en juego muchos dilemas éticos. “Algunas veces la parte legislativa subestima los posibles impactos si algo sucede y, otras veces, hay que decidir si arriesgar o no”. Esta última decisión está en manos de los políticos. Eso sí, hay una norma de oro: los datos deben ser anónimos y jamás se debe poder llegar a asociar el nombre de alguien con su historial médico.
Insiste en que las implicaciones de esto son muy grandes, “desde que hayas sufrido una enfermedad y no te den un préstamo hipotecario, hasta que no te contraten en un trabajo. El dato forma parte de tu privacidad”, reflexiona. En estos momentos, el planeta entero trata de encontrar el equilibrio perfecto. “Hay que evaluarlo caso por caso y ser muy cuidadosos a la hora de tomar una decisión. Lo que pasa es que algunas veces la legislación no llega a tanto detalle”, añade.
Articular la regulación para la sanidad del futuro es uno de los grandes retos. Aquí, el dato deberá estar en el centro. De él se desprenden los grandes retos a corto plazo que, para la entrevistada, son: descifrar el funcionamiento del cerebro, crear órganos completos para hacer frente a la escasez de donantes y salvar vidas, y desarrollar la medicina personalizada. "La medicina personalizada haría que dejara de haber una medicina general para poder optimizar realmente el tratamiento a un paciente en concreto", concluye.
