La pregunta de si la diabetes tipo 2 tiene marcha atrás lleva años sobre la mesa. Ensayos como el británico DiRECT ya han demostrado que una dieta muy baja en calorías puede inducir a la remisión de la enfermedad, pero ninguna investigación había resuelto la cuestión de qué ocurre si a esa restricción se le suma, al mismo tiempo, un entrenamiento de fuerza y aeróbico pautado y vigilado por profesionales. Hasta ahora nadie lo había probado en un ensayo, por el temor de que el ejercicio distrajera del objetivo principal, que es perder peso.
En este sentido, el ensayo RESET for Remission, publicado en la revista The Lancet Regional Health – Americas, ha obtenido resultados sorprendentes. El estudio ha detallado que el 54% de los participantes que siguieron el programa combinado alcanzó la remisión de la diabetes a las 24 semanas, frente a apenas el 4% de quienes continuaron con su atención médica habitual. Sin embargo, los propios autores piden prudencia, pues se trata de un estudio pequeño, con seis meses de seguimiento y un perfil de paciente muy concreto. De este modo, todavía es pronto para trasladar la conclusión al conjunto de personas con diabetes.
¿En qué consistió el programa?
El trabajo se desarrolló en tres centros de Inglaterra y Canadá —el Leicester Diabetes Centre, el Centro de Salud de la Universidad McGill de Montreal y el Instituto de Diabetes de la Universidad de Alberta— y repartió al azar a 96 personas de entre 18 y 45 años. Todas tenían obesidad y un diagnóstico de diabetes tipo 2 de menos de seis años de evolución, y ninguna usaba insulina. La mitad (50 participantes) entró en el programa de dieta y ejercicio, y la otra mitad (46) siguió con el tratamiento habitual de sus médicos. La edad media era de 38 años.
El ensayo se centró a propósito en la llamada diabetes de inicio temprano (diagnosticada a los 45 años o antes), una población que preocupa especialmente a los especialistas porque la enfermedad avanza de forma más agresiva y acumula complicaciones durante más años de vida. De esta forma, durante las 12 primeras semanas, el grupo de intervención siguió una dieta de muy bajo aporte calórico, de entre 800 y 900 kilocalorías diarias, basada al principio en sustitutivos de comidas, y suspendió la medicación para la glucosa y para la tensión.
A la vez, fisiólogos del ejercicio supervisaron dos sesiones semanales que repartían el tiempo a partes iguales entre trabajo aeróbico —sobre todo caminar— y entrenamiento de fuerza, a las que se sumaba una tercera sesión por cuenta propia. En las 12 semanas siguientes, los pacientes pasaron a una dieta de mantenimiento y a un plan de ejercicio más autónomo; además, la adherencia fue alta: acudieron a una mediana de 17 de las 20 sesiones de ejercicio supervisado.
Pacientes haciendo ejercicio.
Más allá de la glucosa
La remisión de la diabetes tipo 2 no fue el único resultado. El grupo que siguió la intervención perdió 7,5 kilos de peso más que el de control y redujo un 16,5% su masa grasa, pero sin pérdida significativa de masa muscular, algo a tener en cuenta en este tipo de dietas tan restrictivas. También disminuyó la grasa acumulada en el hígado (9,1%) y en el páncreas (1,3%), mejoró la capacidad cardiorrespiratoria y, entre quienes partían con la tensión alta, el 56% logró además la remisión de la hipertensión, frente al 27% del grupo de control.
Sin embargo, el efecto fue mayor cuanto más peso se perdía. Entre los participantes que adelgazaron un 10% o más de su peso, la remisión alcanzó al cien por cien. En cuanto a la seguridad, no se registró ningún efecto adverso grave, aunque la mayoría de los pacientes del grupo de intervención (43 de 50) sí notificó alguna molestia, sobre todo estreñimiento, dolor de cabeza, mareo o cansancio en los primeros días de la dieta, que se resolvieron.
Con todo ello, el equipo investigador, liderado por Kaberi Dasgupta (Universidad McGill) y Thomas Yates (Universidad de Leicester), sostiene que "las altas tasas de remisión señalan la viabilidad y la eficacia de una intervención combinada de dieta de muy bajo aporte calórico y ejercicio intensivo" en la diabetes de inicio temprano. No obstante, los propios autores establecen las limitaciones del estudio. El ensayo no incluyó un grupo que hiciera solo dieta, sin ejercicio, de modo que "no podemos atribuir de forma definitiva" a la suma del ejercicio supervisado las mejoras en forma física, fuerza y conservación muscular, "aunque son beneficios plausibles" según la literatura previa.
Además, advierten de un límite importante. "El seguimiento se limitó a seis meses, por lo que la durabilidad de la remisión tras la retirada del apoyo estructurado sigue siendo incierta". En estudios anteriores de dietas similares, de hecho, las tasas de remisión tienden a bajar con el tiempo. A ello se añade que la muestra es pequeña (96 personas) y que los participantes eran jóvenes, con pocos años de enfermedad y sin insulina, por lo que los resultados no son directamente extrapolables al conjunto de personas con diabetes tipo 2.
El trabajo se plantea, de hecho, como la base para un ensayo más amplio y prolongado que compare directamente la dieta sola frente a la dieta combinada con ejercicio. El estudio fue financiado por el Consejo de Investigación Médica británico, los Institutos Canadienses de Investigación Sanitaria y la Fundación John R. McConnell.
