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¿Y si el cáncer no obedeciese a una cuestión hereditaria sino a una infección pasada? Esta es la conclusión a la que llegaba un grupo de investigadores al observar la carga del cáncer atribuible a contagios causados por cuatro agentes patógenos durante el transcurso de 2024. En concreto, estimaron que este tipo de infecciones fueron responsables de uno de cada ocho casos oncológicos registrados, lo que supondría alrededor del 12 por ciento de los diagnósticos realizados en ese ejercicio.

En concreto, después de revisar los registros oncológicos a nivel mundial a través de la base de datos Globocan del Observatorio Mundial del Cáncer, el grupo de profesionales de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) determinó que las infecciones causadas por Helicobacter pylori, el virus del papiloma humano (VPH), los virus de la hepatitis B y C y el virus de Epstein-Barr (VEB)- estuvieron detrás de aproximadamente 2,4 millones de casos de cáncer. En concreto, los problemas estomacales causados por la bacteria, junto al VPH, dieron lugar a más de 1,5 millones de diagnósticos.

Vacunación clave

El H. pylori se mantiene como uno de los grandes impulsores del cáncer gástrico a nivel global. Pese a las mejoras en el saneamiento, las proyecciones indican que los tumores asociados a esta bacteria seguirán creciendo debido al envejecimiento poblacional. Países como Japón, Corea del Sur y China ya emplean cribados poblacionales mediante endoscopias, pero su alto coste y carácter invasivo limitan su exportación a otras regiones, donde Europa ya ensaya programas de diagnóstico y tratamiento temprano. "Sería de enorme impacto global desarrollar vacunas o terapias contra el H. pylori que minimicen la exposición ineficaz a los antibióticos", matizan los investigadores.

El VPH es otro de los principales motores del cáncer mundial, causando el 100 por cien de los tumores de cuello uterino y afectando gravemente al África subsahariana. Solo dos genotipos del virus, el 16 y el 18, provocan casi tres cuartas partes de estos casos a escala global. Los autores defienden que el aumento de la vacunación -impulsado por la eficacia de las pautas de una sola dosis- y las pruebas de detección son el núcleo para la eliminación de la enfermedad.

Inclusión del VIH

Por su parte, el VEB ha escalado hasta la cuarta posición global como causa infecciosa de cáncer, superando al virus de la hepatitis C, tras confirmarse su papel directo en ciertos tumores gástricos y linfomas no Hodgkin. Ante la ausencia de estrategias profilácticas para este patógeno omnipresente, los expertos sentencian que "debe considerarse un objetivo importante de inversión en prevención primaria y secundaria", con varios ensayos de vacunas actualmente en marcha.

El informe incorpora por primera vez el VIH en las estimaciones globales de la carga oncológica infecciosa. Su impacto se concentra en el sur y este de África, manifestándose principalmente en forma de cáncer de cuello uterino y sarcoma de Kaposi. La reciente aprobación para uso mundial de la profilaxis preexposición (PrEP) inyectable de acción prolongada abre, dicen, una vía clave para reducir la "transmisión del VIH y los cánceres atribuibles", aseguran los investigadores, quienes también advierten del grave riesgo que supone la actual retirada de fondos de ayuda internacional para este fin.

Modificación calendario vacunal

De hecho, a la luz de estos hallazgos, los investigadores sugieren un abordaje preventivo de forma generalizada en estas infecciones que incluya modificaciones en los calendarios vacunales y las consultas de Atención Primaria de cara a frenar estas infecciones en estadios tempranos, o evitar directamente que se produzcan. Esto, pronostican, podría reducir tanto la mortalidad hospitalaria como los gastos asociados al agravamiento de este tipo de patologías. .

Por zonas, la mayor cantidad de tumores asociados a infecciones se registró en Asia Oriental, con 990 000 casos (el 42 por ciento del total mundial), con una tasa de incidencia estandarizada por edad de 31,9 por cada 100 000 casos. Este indicador también superó la media mundial (22,7) en África subsahariana (28,5), Europa Central y Oriental (24,3) y el sudeste asiático (23,1). El análisis, publicado en The Lancet, subraya que el impacto de estas infecciones golpea con mayor crudeza a los países de rentas medias y bajas, donde las infraestructuras de cribado son deficientes, pero advierte que los sistemas de salud occidentales tampoco están exprimiendo sus herramientas de contención.

Prevención clave

"Los datos de incidencia mundial confirman que seguimos llegando tarde a la enfermedad", sentencian los autores del análisis. "Estamos asumiendo como inevitables millones de tumores cuyo origen es un patógeno que sabemos cómo erradicar; intervenir cuando el tejido ya ha mutado y el cáncer se ha extendido es un fracaso absoluto del sistema preventivo", advierten.

"Lo que los datos nos dicen es que curar una infección estomacal crónica con antibióticos o administrar una vacuna en la adolescencia es la medida más contundente y barata que tenemos contra el cáncer de estómago o de cuello uterino", explican, conscientes de que, tal y como reflejan los datos, ya no se han de considerar Epidemiología y Oncología médica como compartimentos estancos, sobre todo en un área como la prevención.