La Inteligencia Artificial vuelve a sorprender con su capacidad de autoaprendizaje y mejora. En esta ocasión, no ha hecho falta ni siquiera la intervención de un profesional. Ella sola ha sido capaz de crear un sistema biológico inédito, denominado ART -transcriptasas inversas asociadas a matrices- que presenta secuencias repetitivas similares a la tecnología de edición genética CRISPR. Tras procesar cientos de miles de proteínas, la herramienta Claude, ha demostrado viabilidad a la hora de sistematizar descubrimientos biológicos, tal y como afirma el equipo de Anthropic, compañía creadora de este sistema de IA.
Durante el rastreo, Claude analizó más de 250.000 proteínas de transcriptasa inversa (RT), enzimas que copian ARN en ADN. En un plazo de apenas 21 horas, el sistema filtró 5.000 candidatos y redujo la lista a los 20 más relevantes. Este tipo de procesos de criba tradicionalmente requieren meses de dedicación. Al examinar los datos, el algoritmo detectó un patrón inusual y redactó un informe detallando la existencia de un nuevo sistema, ahora bautizado como ART. Este sistema se localiza principalmente en bacteriófagos, los virus que infectan a las bacterias. Según explica la empresa en un comunicado, la estructura consta de tres partes bien diferenciadas: la enzima RT, una proteína adyacente y una larga secuencia de repeticiones de ADN espaciadas uniformemente. Esta configuración recuerda a las matrices CRISPR, conocidas por generar secuencias de ARN.
Aunque este avance aporta un nuevo valor diferencial al trabajo de los científicos, el objetivo no es que esta herramienta sea completamente autónoma, sino que sea capaz de formular las hipótesis y sea el criterio humano el que dirija la validación experimental en el laboratorio. Es decir, en lugar de rastrear bases de datos de forma manual, la IA dará margen al profesional para concentrarse en la evaluación crítica y el trabajo de campo.
A la espera de resultados concluyentes
Aunque los ensayos iniciales ejecutados en el laboratorio ratifican la hipótesis de la máquina, todavía es pronto para hablar de semejanzas con los sistemas de tecnología de edición genética existentes. Es cierto que los experimentos de Anthropic confirman que la matriz aRT se expresa generando fragmentos cortos y distintos de ARN, por lo que, según afirman "podría existir un mecanismo análogo al de CRISPR en este nuevo sistema".
Aun así, desde la empresa aseguran que ART persigue una utilidad clínica directa, de cara a impulsar, en el futuro, una nueva generación de terapias celulares y génicas. Paralelamente, explican, el desarrollo de estas herramientas acelera la identificación de anomalías en el ADN, lo que facilita el rastreo de nuevas variantes patogénicas y acorta el proceso de cribado, suponiendo una "mejora" en los tiempos de respuesta. El departamento de Ciencias de la Vida de Anthropic subraya que estos avances no operan de forma aislada. La compañía matiza que sus científicos colaboran estrechamente con otros equipos de la empresa dedicados al descubrimiento de fármacos y a la mejora del razonamiento de la IA en campos como la biología y la química.
