Cada año se diagnostican más de 10.300 casos de cáncer de páncreas en España. Se trata de uno de los tumores más agresivos, que destaca por una sintomatología inespecífica. Muchas señales pasan desapercibidas por los pacientes, que acaban acudiendo a los centros de atención sanitaria cuando la enfermedad está ya en fases muy avanzadas. Su abordaje y tratamiento se complican y, con ello, a día de hoy, la supervivencia a cinco años después del diagnóstico se sitúa por debajo del 10 por ciento. Sin embargo, el Proyecto Pandora busca cambiar el futuro de la enfermedad.
Se trata de una iniciativa impulsada por el Hospital Universitario La Princesa y financiada por el Ministerio de Transformación Digital a través de los fondos europeos Next Generation. Su objetivo es claro: crear un espacio de datos sanitarios avanzado que permita analizar la información y lograr no solo un diagnóstico precoz, sino también predecir qué pacientes responderán mejor a cada tratamiento. "Eso nos permitirá optimizar los tratamientos y dirigir las mejores opciones terapéuticas que tenemos hacia los pacientes que más se van a beneficiar de ellas", explica en una entrevista con Redacción Médica Eduardo Pacios, investigador principal del proyecto y coordinador de Innovación del IIS-Princesa. En esta conversación, participan también otros miembros del equipo de trabajo. "En aquellos casos en los que podamos detectar de antemano que el beneficio será menor, podremos ofrecer alternativas más adecuadas y personalizadas para cada paciente", agrega.
Eduardo Pacios, coordinador de Innovación del IIS-Princesa.
Los datos estarán homogeneizados en un formato específico, el formato OMOP (Observational Medical Outcomes Partnership), que es el que más relevancia tiene en la Unión Europea. En este punto, desde el departamento de Ingeniería Biomédica del proyecto, Alba Herrera es quien describe el recorrido que siguen estos datos antes de poder ser analizados. "Cuando el paciente acude al hospital, todos los datos quedan registrados en diferentes bases de datos. Nosotros extraemos esa información desde la Unidad de Información Clínica del hospital de forma anonimizada. Después, nuestro trabajo consiste en reunir todos esos datos, integrarlos, homogeneizarlos y codificarlos en una estructura común que permita que sean interoperables", explica.
"Una vez que tengamos los resultados radiómicos, vamos a poder, probablemente, hacer un diagnóstico más precoz"
La ingeniera informática Inés Simón señala que la anonimización es un paso previo imprescindible para poder trabajar tanto con la información clínica como con los datos procedentes de las pruebas de imagen. Una vez completado este proceso, la información puede ser analizada de forma conjunta. A partir de ahí, se pueden desarrollar modelos de predicción y analizar biomarcadores con el objetivo de identificar patrones que ayuden a comprender mejor la evolución de la enfermedad.
Manuel Castaño, ingeniero biomédico, explica que el análisis dependerá del tipo de información estudiada. Es decir, si se trata de imágenes o de texto. "Los datos se analizarían de manera diferente y se buscarían distintos patrones. En función del modelo elegido para el análisis de la información, obtendríamos diferentes métricas que serían las que nos indicarían cuáles son los puntos a buscar", matiza. La clave estará en combinar distintas capas de información. La radiómica permitirá extraer información avanzada de las imágenes médicas, mientras que los estudios transcriptómicos aportarán datos sobre las características moleculares de los tumores. "Desde el punto de vista radiológico, una vez que tengamos los resultados radiómicos, vamos a poder, probablemente, hacer un diagnóstico más precoz, incluso antes de que la enfermedad pueda ser radiológicamente visible", asegura Pacios.
Daniel Mancheño y Alba Herrera, ingenieros Biomédicos; e Inés Simón del Collado, ingeniera Informática.
Pero para llegar a ese escenario, el proyecto debe superar antes uno de sus principales retos: gestionar información sanitaria altamente sensible. La responsable legal del proyecto, María Jesús Bono Sauquillo, explica la importancia del tratamiento de estos datos. "Lo que intentamos hacer es garantizar, a través de las correspondientes evaluaciones de impacto y del cumplimiento de la legislación, que la privacidad del paciente siempre esté protegida", afirma.
"Somos máximos defensores de que siempre debe existir un equilibrio entre la investigación porque, por supuesto, también debemos entender que la ley no puede ser un impedimento para que la investigación se lleve a cabo, pero que también deben darse las garantías para el paciente, las máximas garantías", matiza. Por ello, insiste en que cuando se realiza un uso secundario de los datos de salud, el consentimiento es esencial. Además, cumplen con lo establecido en la normativa de protección de datos y refuerzan la seguridad de la información mediante procesos de anonimización y pseudonimización, junto con un registro de todas las actuaciones realizadas. Estas medidas permiten garantizar la trazabilidad de los datos y controlar quién accede a ellos, cómo se realiza dicho acceso y con qué finalidad.
Su compañero, Daniel Andronick, pone el foco en las zonas grises de la legislación. "En el espacio de datos de salud, el desarrollo normativo no está del todo afianzado y hay ciertos huecos en los que nos hemos tenido que manejar siempre primando la privacidad del paciente", asegura. No obstante, para abordar determinados aspectos que no quedaban completamente claros, han tenido que apoyarse en la ayuda de la consejería y de los organismos competentes.
Daniel Andronick y M. Jesús Bono, departamento Legal del IIS-Princesa.
¿En qué fase se encuentra ahora el Proyecto Pandora?
Por el momento, existe una gran expectativa sobre el devenir de este proyecto. Pacios asegura que está ya "muy avanzado". "La base, que es la construcción del espacio de datos, está a punto de completarse; quedaría todo lo que es disponibilizar este espacio de datos y gestionar el acceso de los terceros usuarios a la información para que puedan contribuir en la explotación de los datos", adelanta.
Desde el inicio, el objetivo del Proyecto Pandora ha sido acelerar el diagnóstico y avanzar hacia tratamientos más personalizados. La identificación de patrones tumorales será clave para lograrlo. Mirando a más largo plazo, Pacios sitúa el gran reto en los próximos 10 o 15 años. "Sería maravilloso soñar con haber podido encontrar biomarcadores en estos pacientes que nos permitan hacer una detección más precoz de la patología y poder implementar nuevos tratamientos, así como dirigirlos de la manera más adecuada y personalizada posible a cada paciente", confiesa.
"Además, como esto es un espacio de datos, uno de los éxitos sería poder contar con más participantes que contribuyan también con su información para alimentarlo. Cuantos más datos tengamos, mayor será el volumen de información disponible y mejores serán los resultados que podamos obtener”, concluye.
