Durante años, la comunidad científica ha buscado una forma fiable de medir cuánto envejece realmente el cerebro más allá de lo que marca el calendario, y de entender por qué determinadas enfermedades parecen adelantar ese proceso mientras otras apenas lo alteran. Ese reloj biológico cerebral, invisible a simple vista, podría estar más cerca de descifrarse gracias a una nueva investigación que analiza cómo distintas patologías dejan huellas muy diferentes en la estructura del cerebro.
El estudio, publicado en la revista PLOS Medicine y liderado por investigadores de la Universidad de Aeronáutica y Astronáutica de Nanjing, en China, concluye que las personas con demencia, deterioro cognitivo leve, adicción al alcohol o trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia presentan un mayor envejecimiento cerebral, y que cada una de estas condiciones deja un patrón propio y diferenciado dentro del órgano.
¿Qué es la diferencia de edad predictiva y cómo se mide?
Para llegar a esta conclusión, los investigadores recurrieron a un indicador conocido como diferencia de edad predictiva (DAP), que compara la edad cronológica real de una persona con la edad que predicen los algoritmos a partir del análisis de su cerebro mediante resonancia magnética. Cuando esa diferencia es positiva, significa que el cerebro muestra signos de un envejecimiento más acentuado del que correspondería por la edad real del paciente.
Para analizar este fenómeno con una muestra amplia, el equipo recopiló datos de resonancia magnética estructural de 45.900 personas sanas procedentes de varios bancos de imágenes cerebrales, que sirvieron como grupo de control. Estos datos se compararon con los de 2.698 pacientes diagnosticados con distintas afecciones y divergencias cerebrales: trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), trastorno del espectro autista (TEA), adicción al alcohol o al tabaco, enfermedad de alzhéimer, deterioro cognitivo leve, esquizofrenia, trastorno bipolar y trastorno depresivo mayor.
Alzhéimer y deterioro cognitivo leve, los que más envejecen el cerebro
Imagen de cerebro.
Los resultados muestran diferencias notables entre unas condiciones y otras. Los trastornos neurodegenerativos, especialmente la enfermedad de Alzheimer y el deterioro cognitivo leve, fueron los que presentaron la mayor asociación con un DAP elevado, es decir, con un envejecimiento cerebral más acusado. Las adicciones y los trastornos psiquiátricos también mostraron un aumento significativo de este indicador, aunque en menor medida que las patologías neurodegenerativas.
Pero no todas las condiciones analizadas mostraron este patrón. Según los datos del estudio, no se observaron diferencias relevantes en el DAP entre las personas con TDAH o TEA y los participantes del grupo de control, lo que sugiere que estos dos trastornos del neurodesarrollo no estarían asociados, al menos según esta métrica, a un envejecimiento cerebral acelerado.
De hecho, uno de los aspectos más relevantes del estudio es que el envejecimiento acelerado no se distribuye por igual en todo el cerebro, sino que sigue patrones específicos según la patología. La corteza prefrontal, por ejemplo, mostró un DAP más elevado de forma transversal en varios de los trastornos analizados. Sin embargo, cuando los investigadores afinaron el análisis por regiones, encontraron diferencias claras: un DAP más alto en los lóbulos frontal y temporal se relacionó con los trastornos psiquiátricos, mientras que la combinación de corteza frontal y occipital apareció más vinculada a la demencia.
Las adicciones, por su parte, mostraron su propio patrón diferenciado, con un DAP elevado en estructuras como la red neuronal por defecto, la red de saliencia, el putamen y el tálamo. El equipo investigador también identificó diferencias en la transcripción genética asociadas a cada una de estas afecciones y divergencias cerebrales, lo que refuerza la idea de que cada trastorno sigue una vía biológica propia dentro del proceso de envejecimiento del cerebro.
Un hallazgo correlacional, no causal, pero con potencial como biomarcador
Los propios autores del estudio son cautos a la hora de interpretar sus resultados, ya que se trata de hallazgos correlacionales, no causales. Además, algunas de las afecciones analizadas, como los trastornos psiquiátricos y las adicciones, presentan una elevada comorbilidad entre sí, lo que puede complicar la interpretación de los datos. Aun así, los investigadores defienden que una mayor comprensión del DAP podría ayudar a identificar biomarcadores útiles para el diagnóstico de trastornos cerebrales comunes.
Los autores resumen la relevancia de su trabajo señalando que los diferentes trastornos neurológicos parecen dejar huellas distintas en el reloj biológico del envejecimiento cerebral, lo que podría ayudar a comprender mejor las vías neuronales y biológicas implicadas en cada una de estas afecciones. Un paso más hacia un objetivo todavía lejano, pero cada vez más definido: leer en la estructura del cerebro la historia particular de cada enfermedad mental.
