No es oro todo lo que reluce. Sin embargo, tal y como está configurado el sistema investigador, los estudios más atractivos e innovadores son los que acaban recibiendo financiación de unas arcas exiguas que no permiten respaldar todo el conocimiento científico que se genera en nuestro país. Aún habiendo superado el nivel adecuado de evaluación, hay estudios que no pueden ser financiados debido a un presupuesto insuficiente. Proyectos que, a pesar de ser "muy necesarios" son concebidos como el 'patito feo' frente a otros más disruptivos.
Tal y como explica Joaquín Arenas, emérito sanitario del Hospital Universitario 12 de Octubre e investigador-consultor del Instituto de Investigación de este mismo centro madrileño (I+12), la alarmante escasez de recursos económicos en el engranaje científico tanto a nivel nacional como europeo está obligando a las distintas agencias de evaluación a priorizar sistemáticamente aquellos proyectos catalogados como fuertemente innovadores, dejando arrinconada la necesaria validación de descubrimientos previos y limitando la publicación de resultados negativos. Lo cierto es que la conocida ya como crisis de reproducibilidad, afirma, refleja cómo la insuficiencia económica castiga la investigación confirmatoria e instaura un modelo de competitividad donde suele ganar el hallazgo llamativo.
El problema, expone, no tiene tanto que ver con la dificultad técnica que supone replicar de forma independiente los estudios ya publicados en las bases de datos de salud, sino con el déficit de financiación pública que obliga a cribar proyectos y a tener qué elegir. Prueba de ello es que, tanto en los programas internacionales del calibre de Horizon Europe o en los proyectos del Consejo Europeo de Investigación, los paneles evaluadores otorgan máxima prioridad a aquellas propuestas que prometen representar un cambio sustancial en el conocimiento o que plantean un cambio de paradigma, por lo que aquellas iniciativas que buscan confirmar hallazgos de terceros acaban relegadas a un segundo plano. "La investigación más innovadora, más disruptiva, está mejor considerada y se financia mejor, mientras que la investigación confirmatoria es más complicada", recalca el investigador.
Esta falta de interés por la confirmación ha llevado a los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) a desarrollar una iniciativa específica dotada con 170 millones de dólares para mejorar la reproducibilidad de la investigación biomédica y acabar con esta barrera compartida a nivel internacional.
Resultados negativos relegados
El aumento de la masa de investigadores en nuestro país a lo largo de los últimos años, acompañado de un incremento exponencial del número de solicitantes de fondos, desencadenaba un cuello de botella difícil de paliar, advierte el experto, si no crece en proporción la bolsa disponible para respaldar dichos proyectos. "Es un problema que arrastramos de toda la vida, desde hace más de cuarenta años, y es que siempre es insuficiente". Según explica Arenas, organismos como el Instituto de Salud Carlos III (Isciii) llevan ya tres años viéndose en la obligación administrativa de clasificar decenas de investigaciones como "favorables no financiables" y supeditar el interés a la asignación presupuestaria, indica el experto, para el que la principal solución consiste en aumentar el margen de inversión estatal en ciencia de forma sostenida traspasando el límite establecido del 1,5 por ciento del PIB.
A la criba por motivos económicos se suma una nueva barrera a la hora de publicar en las grandes revistas científicas. Y es que, tal y como expone el experto, existe cierto rechazo a dar salida a estudios que confirman hallazgos o a aquellos que añaden evidencia sobre una misma temática. Una reticencia que se agrava cuando los datos obtenidos en la investigación o en el ensayo clínico no logran confirmar la hipótesis inicial planteada en el diseño. "Es muy difícil que una revista te lo acepte", reclama. Este escenario, empuja a los científicos a un periplo que les obliga a "peregrinar de ir de revista en revista, de editorial en editorial, hasta conseguir que se publiquen".
Nuevos criterios cualitativos
Aunque pequeños, ya se han dado ciertos pasos hacia adelante para hacer de la reproducibilidad un valor a tener en cuenta en la evaluación de la producción científica. De hecho, tal y como explica Arenas, el modelo utilizado para valorar los méritos de los profesionales de la ciencia ha comenzado a experimentar una profunda transformación cualitativa en los últimos dos años, abriendo una ventana de oportunidad que empieza a tener en cuenta la ciencia confirmatoria. Así, la progresiva implantación en las agencias evaluadoras de los criterios surgidos de la declaración de San Francisco, conocidos globalmente por el acrónimo DORA, y los recientes estándares europeos agrupados bajo la nomenclatura COARA, permiten la paulatina inclusión de aspectos cualitativos.
Si antes era necesario adjuntar el currículum del investigador principal junto con las publicaciones gestionadas en los "últimos cinco o siete años", ahora las nuevas directrices hacen a los autores elegir las "diez mejores" dentro de su trayectoria, rigiéndose por criterios "más cualitativos que cuantitativos" como la relevancia científica o la repercusión clínica en la parte tecnológica, esto es, el impacto en el Sistema Nacional de Salud (SNS), "en qué ha contribuido dicho estudio a avanzar en el diagnóstico, pronóstico, seguimiento y tratamiento de una enfermedad". En este mismo apartado se incluiría la repercusión tecnológica del artículo analizando su impacto en "el desarrollo de un nuevo producto o servicio a nivel de innovación", en la formalización de patentes o en la inscripción de modelos de utilidad.
El tercer gran criterio introducido por las agencias integra el factor de la coherencia investigadora, un parámetro implementado para evaluar si el tema central de la publicación analizada guarda una relación lógica y prolongada en el tiempo con la trayectoria principal del investigador. Es en este punto donde Arenas recuerda el escenario vivido durante los peores meses de la pandemia, cuando numerosos "profesionales sin experiencia previa en enfermedades infecciosas" comenzaron a firmar artículos sobre el coronavirus dada la premura para aumentar la evidencia disponible. Una práctica ahora penalizada bajo estas nuevas normas.
Como cuarto requisito, el documento presentado requiere la justificación detallada de la autoría individual, es decir, "qué labor concreta ejecutó esa persona dentro del equipo" durante el diseño, la fase experimental, el reclutamiento clínico de los pacientes o el análisis de los resultados finales y, por tanto, "cuál es su posición dentro del artículo científico".
Mayor objetividad en las evaluaciones
Si bien ha generado una gran cantidad de "sorpresas" entre aquellos profesionales que no estaban acostumbrados a tener que justificar redactando folio a folio el impacto material de sus investigaciones, este nuevo modelo a ojos de Arenas, aporta "un poco más de objetividad al simple número" y permite documentar con mayor precisión el valor de la investigación centrada en la replicación y la reproducibilidad técnica, al brindar a los autores la oportunidad de emplear las secciones del formulario destinadas a la repercusión clínica y a la relevancia para argumentar frente a los tribunales que su estudio valida enfoques terapéuticos de forma independiente y permite trasladar tratamientos a una mayor cantidad de pacientes reales. "Te permite un poco más de juego que antes, cuando la gente tenía que interpretar si eso era una reproducibilidad de un resultado anterior". Además, este puñado de modificaciones sirven también para evitar que los profesionales se beneficien de figurar en posiciones intermedias dentro de artículos publicados en revistas del prestigio internacional sin haber aportado un trabajo sustancial en la consecución del estudio.
También resuelve uno de los problemas comentados ya que da la oportunidad de reflejar "resultados negativos y reproducibilidad" de un proyecto anterior. "Lo expresas y lo suelen valorar, es decir, más allá del peso del currículum de la persona, se valora la calidad científica, la calidad metodológica y se valoran también los resultados obtenidos con anterioridad sin necesidad de hacer mención a las publicaciones", aclara.
