Una nueva formulación desarrollada en España busca proteger los tejidos sanos frente a los daños provocados por la radiación ionizante. El Instituto de Investigación Sanitaria La Fe y la Universitat de València han desarrollado una tecnología con potenciales aplicaciones biomédicas y biotecnológicas que ya está siendo evaluada en un ensayo clínico en pacientes oncológicos sometidos a radioterapia. Actualmente, el estudio compara la nueva formulación tópica con una crema hidratante convencional para determinar si es capaz de prevenir o reducir la radiodermitis.
Si los resultados son positivos, el objetivo a cinco años sería disponer de resultados clínicos consolidados, completar su desarrollo regulatorio y determinar en qué pacientes puede aportar un beneficio significativo. A diez años, la investigación podría ampliar sus aplicaciones hacia formulaciones tópicas y sistémicas capaces de proteger tejidos sanos frente a distintos tipos de daño por radiación y, especialmente, contribuir a una radioterapia más segura, personalizada y mejor tolerada.
La colaboración entre el Instituto de Investigación Sanitaria La Fe y la Universitat de València ha permitido desarrollar una formulación innovadora con potenciales aplicaciones en el campo biomédico y biotecnológico. El objetivo de esta formulación es aumentar la resiliencia de las células y los tejidos frente a un estrés agresivo, actuando sobre procesos como el equilibrio redox, la función mitocondrial, la reparación del ADN, la respuesta inflamatoria y la recuperación de los tejidos dañados.
Una de las principales novedades que incorpora el producto creado es, tal y como explica Alegría Montoro, investigadora del Servicio de Protección Radiológica del Hospital La Fe, que “no es un antioxidante convencional ni una barrera física frente a la radiación. La tecnología combina distintos compuestos bioactivos que actúan de forma complementaria sobre mecanismos fundamentales de defensa, reparación y recuperación celular”. Además, Montoro recuerda que el tratamiento incorpora dos conceptos diferentes, pero complementarios: “Por una parte, la radioprotección, dirigida a reducir el daño cuando el producto se administra antes o durante la exposición". Por otra, la radiomitigación, "orientada a limitar las consecuencias biológicas y favorecer la recuperación cuando la exposición ya se ha producido".
Otro aspecto diferencial es que, a partir de la formulación original, “se han desarrollado aplicaciones tanto tópicas como sistémicas y que los estudios preclínicos no solo han evaluado marcadores moleculares, sino también variables funcionales muy exigentes, como el daño cromosómico, la recuperación hematopoyética, la protección de diferentes tejidos y la supervivencia tras exposiciones graves”.
Protección de tejidos sanos, la aplicación más inmediata
Otro de los protagonistas para que esta formulación haya llegado a buen puerto es José María Estrela, profesor de la Universitat de València. Estrela recuerda que la colaboración entre el Hospital La Fe y la universidad “ha permitido avanzar desde la investigación básica hasta una patente, y la evaluación clínica en pacientes oncológicos sometidos a Radioterapia. En este último punto, la formulación ha sido aplicada tópicamente con el objetivo de proteger la piel de las dermatitis severas producidas por la irradiación terapéutica”.
En el ámbito clínico, Montoro señala que una de las aplicaciones más inmediatas es la protección de los tejidos sanos en pacientes sometidos a radioterapia: “La tecnología se podría utilizar antes, durante y después del tratamiento radioterápico para disminuir la aparición y gravedad de efectos adversos. Los primeros beneficiarios podrían ser pacientes que reciben tratamientos en los que la toxicidad cutánea es frecuente, como determinadas radioterapias de pacientes con cánceres de mama, cabeza y cuello. En fases posteriores también podrían estudiarse formulaciones sistémicas destinadas a proteger tejidos sanos o facilitar la recuperación tras exposiciones médicas terapéuticas”.
No obstante, la especialista recuerda que cada indicación deberá evaluarse “mediante ensayos clínicos específicos para determinar la dosis, el momento de administración, la seguridad y el beneficio real para cada grupo de pacientes”.
La patente contempla distintas vías de administración, entre ellas una formulación tópica, y el profesor de la Universitat de València afirma que la crema “se ha desarrollado precisamente pensando en la prevención y el tratamiento de las lesiones cutáneas que pueden aparecer durante o después de la radioterapia”. Su posible utilización abarcaría dos momentos. Aplicada durante el tratamiento, “ayudaría a disminuir la intensidad del eritema, la inflamación, la sequedad, el picor y la descamación”. Aplicada después, “favorecería la recuperación de la barrera cutánea y la regeneración del epitelio”.
La diferencia respecto a una crema hidratante convencional es que “no se pretende únicamente aliviar los síntomas o aportar hidratación, sino actuar sobre mecanismos biológicos relacionados con el daño oxidativo, la inflamación y la reparación celular”.
Un ensayo clínico con 80 pacientes
Actualmente hay un ensayo clínico en marcha en pacientes oncológicos sometidos a radioterapia y, tal y como confirma la facultativa de La Fe, está diseñado para “comparar la nueva formulación tópica con una crema hidratante de control y evaluar su seguridad y capacidad para prevenir o reducir la radiodermitis”. El ensayo se desarrolla en los Servicios de Oncología Radioterápica del Hospital La Fe y del Hospital Clínico de València, y en él se han incluido 80 pacientes. Montoro espera que los resultados finales estén “a finales de este año y permitan evaluar la eficacia y seguridad de esta formulación para la prevención y mitigación de la radiodermitis inducida por la radioterapia”.
Más allá del ámbito oncológico, Estrela confirma que esta tecnología puede tener aplicaciones en otros escenarios: “Una de las fortalezas de la tecnología es que aborda mecanismos generales de daño inducido por la radiación, por lo que su potencial no se limita a la Oncología. En emergencias nucleares o radiológicas podría estudiarse como parte de futuras contramedidas médicas destinadas a proteger a primeros intervinientes, personal sanitario, trabajadores expuestos o población afectada”.
Además, el especialista señala que la crema podría tener interés en determinados entornos profesionales en los que existe riesgo de exposición y, a más largo plazo, “en aviación y exploración espacial, donde la radiación cósmica representa uno de los principales límites biológicos para las misiones prolongadas”. Ante ello, cada escenario “necesitaría su propia formulación, pauta, evaluación toxicológica, evidencia de eficacia y autorización regulatoria”.
Aspiraciones de la crema a cinco y diez años vista: Resultados en 2031
A cinco años, el objetivo realista marcado por Montoro es lograr disponer de resultados clínicos consolidados que si se confirman en humanos, se incorporaría este tratamiento como “una estrategia preventiva y terapéutica para reducir la radiodermitis, mejorar el bienestar y la calidad de vida de los pacientes y facilitar el cumplimiento de los tratamientos oncológicos. Sería la primera crema en el mercado con función radioprotectora y radiomitigadora”.
A diez años, la investigación básica continúa y, a partir de lo ya descubierto, podría evolucionar hacia formulaciones más sofisticadas y potentes “con aplicaciones tópicas y sistémicas que potencien la resiliencia celular en diferentes condiciones patológicas, de estrés, o del deterioro fisiológico asociado al envejecimiento. Un impacto particularmente relevante sería demostrar que es posible reducir la toxicidad sobre los tejidos sanos sin comprometer el control tumoral. Esto permitiría avanzar hacia una radioterapia más segura, personalizada y mejor tolerada”.
