Un ensayo pionero a nivel mundial realizado en el University Hospital Southampton (UHS) ha producido resultados iniciales "prometedores" sobre una nueva vacuna contra el tétanos y la difteria que no requiere refrigeración. El hecho de no necesitar conservación en frío, podría llegar a mejorar drásticamente el acceso a tratamientos esenciales a nivel global, según defienden los investigadores.
Y es que, según datos de la Organización Mundial de la Salud, alrededor de la mitad de las vacunas en todo el mundo se desperdician anualmente debido a las variaciones de temperatura durante las fases de almacenamiento y transporte. Por ello, este nuevo tratamiento podría cambiar las reglas del juego ya que aquellas terapias que no necesitan almacenamiento a bajas temperaturas tienen el potencial de transformar la distribución, mejorando el acceso en comunidades aisladas y países con escasos recursos, además de reducir el impacto ambiental generado por el alto consumo energético de la refrigeración.
La vacuna SPVX02 es una versión reformulada y termoestable de una vacuna ya existente contra el tétanos y la difteria llamada Tetadif, que requiere refrigeración. Para evaluar su seguridad y eficacia, en el ensayo en fase I se asignó aleatoriamente a 60 voluntarios adultos sanos para que recibieran la vacuna experimental o una de las dos vacunas contra el tétanos y la difteria autorizadas.
Tras 28 días, todos los participantes en el estudio aleatorizado alcanzaron niveles de anticuerpos protectores contra el tétanos y la difteria y demostraron respuestas inmunológicas comparables a las de las vacunas actualmente en el mercado. Además, el tratamiento fue bien tolerado y no se registraron eventos adversos graves relacionados con su administración, según reflejan los resultados del estudio publicado en The BMJ.
Dos años a más de 30ºC
Tras permanecer estable al someterse a a tres ciclos de fluctuaciones extremas de temperatura, oscilando entre los -20°C y los +40°C, los investigadores determinaron que, de forma general, dicha vacuna podría almacenarse a temperaturas de hasta 30°C durante al menos dos años sin perder su efectividad.
Ahora, el reto está en averiguar si dicha estabilidad puede prolongarse hasta los cuatro años. La idea es completar el desarrollo clínico de esta terapia para el año 2027, una vez puesto en marcha el ensayo en fase II/III que evaluará la vacuna en un grupo más amplio de participantes.
Como líder del estudio, el pediatra Saul Faust, subrayó que mantener la cadena de frío desde la fábrica hasta el paciente representa uno de los mayores retos para los programas de inmunización en todo el mundo, por lo que esta nueva alternativa podría traer beneficios en territorios concretos, como aquellos asolados por conflictos, donde, a pesar de contar con un suministro de vacunas, no hay posibilidad de conservación adecuada.
