Los agonistas del receptor GLP-1 han dejado de ser exclusivamente medicamentos para la diabetes tipo 2 y la obesidad. En apenas unos años, esta familia terapéutica se ha convertido en una auténtica piedra angular de la Medicina, demostrado beneficios en patologías cardiovasculares,renales y hepáticas, mientras nuevas investigaciones exploran su potencial en campos tan distintos como la Psiquiatría o la Oncología. Aunque muchas de estas aplicaciones todavía requieren ensayos clínicos que permitan confirmar los resultados cosechados hasta ahora, además de evitar potenciales efectos secundarios, los especialistas coinciden en que estos fármacos están modificando la práctica clínica de numerosas especialidades y abriendo un nuevo paradigma basado en el abordaje del exceso de adiposidad y la inflamación metabólica.
La especialidad que vio nacer estos tratamientos es también la que ha experimentado la transformación más importante. Antonio Blanco, endocrinólogo del Hospital Clínic de Barcelona y del BarnaClínic, afirma en Redacción Médica que los agonistas del GLP-1 comenzaron desarrollándose como hipoglucemiantes antes de demostrar su eficacia frente a la obesidad: "Han supuesto una revolución a nivel práctico en la asistencia con nuestros pacientes, pero también incluso a nivel de posicionamiento dentro de las instituciones sanitarias".
A su juicio, la gran diferencia respecto a otras terapias es que permiten actuar sobre un mecanismo común que condiciona numerosas enfermedades: "El poder modular el tejido adiposo, que nos puede condicionar decenas de patologías, nos cambia por completo el panorama profesional".
Ese cambio ha convertido a la Endocrinología en una especialidad mucho más transversal, asegurando que "quedan muy pocas especialidades que no se vean influenciadas por esta vía terapéutica”. Además, el especialista confirma que "la revolución que se está generando en esta especialidad con los GLP-1 superará a la que en su día llegó a provocar la insulina, ya que sólamente afectaba a una única patología".
Una misma vía terapéutica para enfermedades muy diferentes
Esta visión es compartida por otras especialidades que también están sufriendo potentes cambios debido a esta familia de fármacos. El denominador común es la obesidad y la inflamación metabólica, factores implicados en múltiples enfermedades más allá del control de la glucosa. En Hepatología, Lidia Canillas, hepatóloga del Hospital del Mar, considera que la llegada de los agonistas del GLP-1 significa "un gran avance terapéutico" para la enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica, donde “hasta ahora el principal tratamiento eficaz eran los cambios en el estilo de vida”.
Aunque insiste en que la dieta mediterránea y el ejercicio continúan siendo la base del tratamiento, destaca que estos medicamentos no solo favorecen la pérdida de peso, debido a que "su beneficio también reside en actuar sobre la resistencia a la insulina y la inflamación metabólica".
Los resultados del primer ensayo fase III con semaglutida han supuesto un punto de inflexión. Según Canillas, el tratamiento consigue “resolver la inflamación hepática sin empeorar la fibrosis y, además, permite mejorar la cicatriz hepática en un porcentaje significativo de pacientes. Por primera vez existe un fármaco que no solo actúa sobre el hígado, sino sobre la causa de la enfermedad".
Sin embargo, la especialista pide prudencia, ya que aunque la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) ya ha autorizado su comercialización para determinados pacientes, “todavía falta comprobar si esas mejoras histológicas se traducen en menos cirrosis, menos trasplantes y una menor mortalidad”.
Más allá del metabolismo: corazón, cáncer y salud mental
El impacto de esta familia de fármacos no se limita únicamente al hígado y desde la Cardiología, Sonia Mirabet, presidenta de la Sección de Insuficiencia Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), recuerda que ya existe "evidencia científica sólida" de que estos tratamientos reducen los eventos cardiovasculares.
Sin embargo, considera que todavía no se conoce completamente por qué ocurre: "La pérdida de peso por sí sola probablemente no justifica todo el beneficio y parece que el efecto antiinflamatorio podría ser el mecanismo más relevante, aunque es necesario seguir investigando". La facultativa cree que el siguiente reto será conocer mejor su impacto a largo plazo sobre la insuficiencia cardiaca, los reingresos hospitalarios y la supervivencia.
Ese mismo mensaje de cautela también llega desde la especialidad de Oncología. Rodrigo Sánchez-Bayona, secretario científico de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), reconoce que los grandes estudios observacionales muestran “una reducción del riesgo de desarrollar determinados tumores relacionados con la obesidad, como el cáncer colorrectal, hepático, pancreático, renal o algunos tumores ginecológicos”.
No obstante, insiste en que estos resultados todavía deben interpretarse con prudencia: "Son datos generadores de hipótesis, por lo que para confirmarlos hacen falta ensayos prospectivos y aleatorizados con seguimiento a largo plazo”. Si esa evidencia termina consolidándose, el oncólogo considera que los agonistas del GLP-1 “podrían llegar a desempeñar un papel similar al de las estatinas en Cardiología para prevenir infartos, utilizándose como herramienta preventiva en pacientes con alto riesgo oncológico”.
La Psiquiatría explora una nueva vía frente a las adicciones
Otra de las especialidades que comienza a abrazar los agonistas del GLP-1 es la Psiquiatría. Carlos Gómez, psiquiatra del Hospital Regional Universitario de Málaga, considera que los estudios publicados hasta ahora ofrecen resultados "positivos, especialmente en pacientes con conductas compulsivas”. Además, el facultativo asegura que “se están viendo resultados prometedores en las adicciones, como el alcohol o el trastorno por atracón, y además estos tratamientos no empeoran la salud mental e incluso pueden mejorar la ansiedad y la depresión en algunos pacientes". Además, también destaca que los metaanálisis más recientes “han descartado el incremento del riesgo de suicidio que inicialmente generó preocupación”.
Aun así, Gómez afirma que actualmente no existen ensayos clínicos específicos en pacientes psiquiátricos y rechaza que estos medicamentos vayan a sustituir a los psicofármacos tradicionales: "No serán un nuevo antidepresivo o antipsicótico, sino una herramienta complementaria dentro de un abordaje multidisciplinar".
El futuro pasa por la Medicina Personalizada
El entusiasmo y las expectativas que despiertan los agonistas del GLP-1 entre las diferentes especialidades médicas está aumentando a medida que se va sumando más evidencia, pese a que los facultativos coinciden en que la investigación todavía tiene muchas preguntas por responder. En Endocrinología, Blanco prevé que en “unos años el número de moléculas disponibles permitirá personalizar el tratamiento en función del perfil de cada paciente. En Hepatología, Canillas considera prioritario identificar “qué pacientes obtienen un mayor beneficio y durante cuánto tiempo deberán mantenerse estas terapias”. Finalmente, desde Cardiología, Oncología y Psiquiatría reclaman ensayos clínicos que permitan confirmar los prometedores resultados observados hasta ahora.
Finalmente, la conclusión a la que llegan todos los especialistas es que el recorrido de este tipo de fármacos acaba de empezar, por lo que el próximo reto pasará por determinar hasta dónde puede llegar esta terapia a abordar nuevas indicaciones y ampliar, de este modo, su campo de acción hacia enfermedades cardiovasculares, hepáticas, respiratorias e incluso trastornos psiquiátricos y algunos cánceres.
