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Los últimos datos del Informe Ikerburn reflejan un agotamiento crónico entre los médicos jóvenes que hace que el 94% presente síntomas de burnout. Ante la presión de la carga asistencial y la prevalencia de las agresiones, estas cifras en tan pronta etapa de su carrera profesional ponen el foco en la necesidad de atender las necesidades psicológicas de un colectivo cada vez más concienciado con esta cuestión.

Con este ímpetu, la Asociación MIR España (AME) ha promovido un modelo de circuito para agilizar la derivación de los residentes hacia recursos de atención psicológica. La iniciativa parte de los residentes malagueños, que trabajan para implantar un proyecto piloto en colaboración con el Colegio de Médicos de la provincia con la aspiración de diseñar un estándar extrapolable a nivel nacional.

Detrás de esta propuesta está el vicepresidente de AME, David Montes, quien resalta en declaraciones a Redacción Médica la aplicabilidad y eficiencia del modelo propuesto. El residente de tercer año apunta que la “gran baza” de esta propuesta reside en aprovechar los recursos existentes, sin necesidad de crear unidades adicionales ni invertir recursos económicos. Por ello, plantea una vía para facilitar el acceso a uno de los recursos más potentes para el abordaje de la salud mental de los facultativos: el Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME).

El planteamiento es fijar una figura de enlace en el hospital para agilizar la atención y derivación de los casos. “A través de una figura de enlace hospitalaria, el residente podría realizar un primer contacto, recibir orientación inicial y, cuando proceda, ser derivado al PAIME, evitando que las dificultades para pedir ayuda o acceder a estos recursos retrasen la atención”, argumenta a este respecto.

Aunque el proyecto se encuentra aún en fase “embrionaria”, la idea es que el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga ejerciera como campo de prueba antes de plantear su extensión al resto de centros andaluces y, a largo plazo, al ámbito nacional.

Un circuito específico para residentes dentro del PAIME

La propuesta introduce por primera vez un subprograma específico dentro del PAIME adaptado a las singularidades de los médicos jóvenes. Aunque el plan original de la Organización Médica Colegial está consolidado en toda España, hasta ahora se orientaba de forma homogénea a todos los facultativos en activo para prevenir el riesgo de mala praxis derivado de adicciones o trastornos psiquiátricos. Sin embargo, los residentes afrontan una vulnerabilidad particular: “Tienen una serie de características, tanto personales, por edad, recién incorporación al sistema laboral, la presión docente, el hecho de que realizan muchísimas guardias a nivel de la puerta, donde se sufren muchas agresiones... y dependen de las comisiones de docencia y de los hospitales”, subraya José Miguel Pena, secretario general de la entidad colegial malagueña.

El núcleo de la iniciativa reside en ubicar el cribado y la acogida dentro de las propias instalaciones asistenciales. A través de esta figura de enlace, pensando prioritariamente en un especialista en Psiquiatría, se realizaría una primera entrevista presencial, telemática o telefónica donde escuchar y orientar al residente y valorar la urgencia del cuadro. Según explica Pena, la gran aportación radica en “coordinar la actividad desde el hospital, en donde se realizaría un proceso de reducción de las barreras de acceso y la incorporación al programa PAIME”, situando en el propio centro sanitario la fase de detección precoz y evaluación inicial.

Para derribar el temor al estigma y a posibles repercusiones curriculares, el doctor pone el acento en la estricta confidencialidad que se plantea para el proceso. El protocolo blindará el proceso para que la información “no pase a la historia clínica general, por ejemplo al programa Diraya, de forma que no los pueda ver nadie”. Una vez derivado formalmente al PAIME, el caso quedará bajo un sistema anonimizado donde el profesional es identificado únicamente mediante un código alfanumérico, evitando la circulación de identidades reales.

Pena alerta asimismo sobre la trampa de la autoexigencia y el choque con la práctica asistencial: “Son personas muy cumplidoras, muy perfeccionistas, pero cuando un alumno sale de sexto, ha sacado su MIR y lo meten en una urgencia, es un mundo distinto, de decisiones rápidas y agresividad, donde estas generaciones tienen menos herramientas de defensa”. Una desprotección que a menudo desemboca en conductas de riesgo: “Es muy frecuente que cuando los vemos, lleven tiempo polimedicados por sí mismos; eso se suele resolver muchas veces con consulta de pasillo y con acudir a la automedicación, lo que añade complicaciones adicionales a la patología psíquica”. El nuevo circuito aspira a erradicar estas inercias y garantizar que ningún residente soporte en silencio el peso del colapso emocional.