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No todos los alumnos que afrontan el MIR requieren de la misma preparación. Mientras que uno necesita de refuerzo de una materia concreta, otro precisa de estrategias para gestionar su tiempo durante el examen. Sin embargo, ambos obtienen la misma nota después de realizar un simulacro idéntico. Por ello, se han de ofrecer herramientas que permitan al candidato personalizar su aprendizaje. La academia de preparación CTO cuenta con su propio instrumento y plan de identificación de problemáticas que afectan al estudiante de Medicina durante el periodo previo al examen.

Se trata del centro de evolución del Campus CTO, que recoge la información que el alumno genera al estudiar, responder preguntas y realizar simulacros para convertirla en decisiones útiles para su preparación diaria. "Dos alumnos pueden obtener el mismo resultado y necesitar orientaciones distintas. Para ayudarles, tenemos que comprender qué hay detrás de esa puntuación y cómo evoluciona cada uno", explica Fernando de Teresa, director académico de la entidad formativa. De esta forma, el aspirante entiende qué necesita para abordar el temario MIR de la mejor manera posible

El peso de los simulacros

Para saber qué requiere el estudiante, el simulacro constituye la mayor fuente de información. Estas pruebas tienen un papel central porque permiten observar cómo el estudiante ante una prueba similar al MIR aplica sus conocimientos, toma decisiones y responde con un tiempo limitado.

La puntuación sigue siendo una referencia importante, pero el MIR exige más que acertar preguntas. También influyen la gestión del tiempo, las dudas y los nervios. Por eso, el alumno podrá dejar constancia en el campus de cómo se ha sentido durante el simulacro. Esa información, junto con los tiempos de respuesta, los errores y los aciertos, permitirá construir una imagen más completa de sus fortalezas y, sobre todo, de las dificultades que necesita superar.

Este enfoque cambia la forma de aprovechar cada simulacro: permite pasar del resultado a una orientación adaptada a lo que le ocurre a cada alumno. El equipo académico y el de apoyo al estudiante utilizarán esa información para orientar el repaso de contenidos, trabajar la estrategia de examen y ayudarle a gestionar sus emociones. Para el equipo académico de CTO, "atender estas dimensiones de forma conjunta es una parte imprescindible e innegociable de una preparación óptima". "Cada simulacro debe servir para identificar qué necesita mejorar el estudiante y darle herramientas concretas para hacerlo", han destacado.

La información obtenida de este tipo de ejercicios da lugar a la elaboración del plan de trabajo. Para ello, hay que relacionar cada dato con la respuesta, el resto del examen y con el histórico del estudiante. No hay que olvidarse tampoco de comparar simulacros, para observar si una asignatura mejora, si determinados errores persisten o si el alumno empieza a distribuir mejor el tiempo. Así se puede ajustar el trabajo entre pruebas y comprobar en la siguiente si está dando resultado. Para el estudiante, esto se traduce en una dirección más clara después de corregir: qué contenidos revisar, qué dudas resolver y qué aspectos de su estrategia practicar. "Lo que ocurre después de corregir es fundamental. El alumno necesita entender qué puede aprender de ese simulacro y cómo llevarlo a su preparación diaria", ha explicado De Teresa.

La evolución del Campus CTO pone ese conocimiento al servicio de un objetivo concreto: detectar las dificultades y ayudarte a superarlas. "Una preparación que te conoce se construye conectando lo que estudias, lo que respondes y cómo afrontas el examen", han sentenciado desde la academia de preparación.