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Sofía Iglesias tenía el piso cogido en Oviedo, se había apuntado a una academia en cuarto de carrera y, como casi todos sus compañeros, su plan después de sexto de Medicina era presentarse al examen MIR. "Desde tercero ya te están hablando de las academias", recuerda. "Al final nos meten un poco de presión".

Hoy atiende al teléfono de Redacción Médica desde Alemania. Lleva allí desde el 10 de junio y, a sus 24 años, esta médica mallorquina acaba de terminar unas prácticas en un hospital de Dermatología. No ha hecho el MIR ni tiene intención de hacerlo por ahora y, si todo sale como prevé, en primavera empezará su residencia en el país germano y en un sistema donde no hay examen.

Una idea que llegó desde Buenos Aires

El cambio de rumbo empezó lejos de Europa. Durante sexto, Sofía hizo parte del rotatorio en Buenos Aires, después de haber pasado antes un Erasmus en Italia. Durante ese tiempo se dio cuenta de lo que quería hacer y cuál era su lugar. "Fuera de España también se vive muy bien", resume.

La idea de marcharse no era nueva. De hecho, durante años había mirado con cierta envidia a su hermano, ingeniero. Pensaba: "Qué morro, él se puede ir fuera, y yo tengo que hacer el MIR y quedarme aquí", cuenta. Lo que no sabía era que también un médico podía formarse en otro país y volver después. La información le llegó, como a tantos de su generación, por redes sociales.

Empezó a leer sobre las condiciones y el funcionamiento del sistema alemán, y cuanto más leía, más se convencía. "No entiendo cómo no es más conocido, cómo no lo hace más gente", cuenta la médica. Además, uno de los factores más atractivos es la flexibilidad, pues en Alemania "puedes empezar la residencia en una especialidad y, si no te convence, te puedes cambiar en cualquier momento".

"Aquí vas labrando tu formación según lo que te interesa y lo que te gusta"

Sin embargo, el MIR se puede decir que "es un sistema un poco anticuado" y parte de ello es porque es una inversión muy grande "de esfuerzo para luego quedarte en España". Sin embargo, no es una decisión fácil irte a otro país, aunque a su vuelta de Buenos Aires, Sofía se encontró con una situación desalentadora. "Regresé a España y vi las huelgas, lo amargados y sobrepasados que estaban los médicos, el sueldo de residente, cómo está la vivienda…" detalla.

Tras seis años estudiando lejos de casa y compartiendo piso, quería vivir sola. "Con el sueldo de residente no te da, y si te da, luego no ahorras o vives ahogado", dice. En Alemania vio que podía alquilar un piso para ella y ahorrar cada mes. A eso se sumaba poder elegir especialidad "sin tener que hacer un examen y jugártelo todo en un día".

Sin examen pero con otras exigencias

Pero no todo iba a ser tan bueno. En el sistema sanitario alemán no hay un examen único, pero el filtro sí existe y es el idioma. Para ejercer hace falta la approbation, la licencia para trabajar como médico, que exige un título de Medicina de la Unión Europea, una larga lista de documentos y lo que Sofía llama una "burocracia alemana interminable". También un B2 de alemán y una prueba específica de alemán médico, de nivel C1, en la que el candidato hace la anamnesis y la exploración de un paciente y se comunica con otros médicos en el idioma.

Superado ese paso, la plaza se busca como cualquier empleo. Se envían currículums, se responde a ofertas o se presentan candidaturas espontáneas a hospitales universitarios, privados, ambulatorios o consultas. Y, según explica, se puede cambiar de centro durante la formación. "Aquí vas labrando tu formación según lo que te interesa y lo que te gusta".

Sofía Iglesias durante las prácticas en un hospital de Alemania / Cedida

Pero la adaptación no es fácil, pues Sofía llegó con B1 en alemán y "al principio mal, porque no me enteraba de nada". "Iba apuntando en una libreta las palabras que escuchaba y las traducía al llegar a casa. Veía que esas palabras se repetían y ya no tenía que apuntarlas; me las iba aprendiendo", cuenta. Ahora, cuatro meses y varios cursos intensivos después, ya se comunica y entiende casi todo.

Además, ya tiene todo su calendario organizado, pues plantea sacarse el B2 en noviembre, la prueba de alemán médico hacia abril y, si todo va bien, empezar a trabajar en abril o mayo.

Una diferencia salarial abismal

Una de las diferencias que más pesa respecto al sistema sanitario español es el salario. "Depende del hospital; no se cobra igual en todos, pero se llega a 5.000 euros brutos", afirma. Se trata del "doble que en España", pero no es solo eso, sino que en Alemania también existen las guardias de 24 horas, pero más espaciadas y reguladas que en España. "Tienen, por ejemplo, una al mes. Aquí también se trabaja, y mucho, pero está mejor recompensado", explica Iglesias.

También destaca el trato. Cree que en Alemania se conserva un respeto del paciente hacia el médico que en España se ha ido perdiendo. Pero no todo es mejor, pues la manera de trabajar en Alemania es muy diferente a la de España. "Los alemanes son muy estrictos siguiendo las reglas y muy burocráticos. Tienen que documentarlo todo, y eso los hace mucho más lentos". Los españoles, a su juicio, son más prácticos y resolutivos, y no reniega de su sistema: "Tenemos una buena sanidad y, sobre todo, médicos que se forman muy bien".

"Me siento bien con la decisión tomada"

Pero, en realidad, el caso de Sofía no es aislado y es el ejemplo claro de que España está viviendo una fuga de talento médico. "Cada vez más y me pone muy triste", afirma la médica. Ella, en cambio, describe su salida como un alivio, a pesar de tener miedo de que no le gustaran las prácticas, de equivocarse. "Ha sido salir y me siento como liberada. Veo que mi futuro no tiene techo".

Le interesa la Traumatología, y en concreto la cirugía de la mano, e imagina una carrera en la que pueda pasar por centros de referencia según lo que quiera aprender, y en la que la investigación forme parte de la residencia. "Si me equivoco, me voy a otra cosa, y si no, a otra". En España, dice, el camino es hacer un examen, elegir una plaza y quedarse en ella cuatro o cinco años.

Planes de futuro

¿Volverá? Hoy diría que sí. "España es mi casa, está mi familia, los padres se van haciendo mayores". Pero no lo da por hecho. Dependerá del contrato que tenga cuando acabe, de si está contenta y de la vida que haya construido allí. "Si encuentro pareja aquí, a lo mejor me toca quedarme".

Pero tampoco descarta seguir moviéndose. Habla italiano y baraja empezar la residencia en la zona italiana de Suiza para pasar después a la germanófona. Qué será de ella dentro de un año, admite, no lo sabe. Pero no parece preocuparle. "Estoy abriendo puertas, y ya iré viendo por dónde tiro. Me siento bien con la decisión tomada".