Hacer Medicina en seis años, conseguir un buen resultado en el examen MIR y formarse en una especialidad a la primera suele presentarse como el itinerario natural. Sin embargo, alejarse de esos tiempos no tiene por qué ser un fracaso. Así lo ha expresado una médica que hizo el grado de Medicina en ocho años y repitió el examen MIR para poder escoger la especialidad que realmente quería: Ginecología y Obstetricia. Y es que, las dudas han marcado toda su carrera formativa. Durante el grado se planteó dejarlo en varias ocasiones y tener que elegir entre vocación o calidad de vida sembró la incertidumbre durante el proceso de asignación de plaza MIR. "Ginecología siempre me ha hecho dudar por tener fama de malas guardias y mala calidad de vida. Las pocas guardias que llevo no son buenas, pero creo que las otras especialidades con mejor calidad de vida no me gustan tanto como la mía", explica a Redacción Médica.
Como tras su primer examen no consiguió plaza en esta rama, decidió presentarse por segunda vez al examen MIR. Lo más difícil no fue volver a estudiar ni compararse con sus compañeros, sino convivir con la incertidumbre de no saber si todo el esfuerzo permitiría mejorar el resultado. "No sabes si mejorarás, sacarás lo mismo o empeorarás. Tampoco sabes si todo el esfuerzo valdrá la pena. Pero eso es la vida: arriesgar y no dejar nada en el tintero", explica. En su caso, necesitaba repetir la prueba para sentir que había agotado todas sus posibilidades. El resultado terminó siendo positivo, aunque advierte de que asumir el riesgo también implica aceptar que el desenlace puede no ser el esperado."La comparación siempre debe ser con uno mismo. Puede que no llegues a tu objetivo, pero quizá sí hayas mejorado respecto al año anterior. Eso muchas veces no se ve y es la clave del proceso", defiende.
Entre su primera y su segunda preparación no modificó sustancialmente el método de estudio. Continuó descansando, acudía al gimnasio a la hora de comer de lunes a viernes y realizaba los simulacros cada sábado por la tarde. El cambio fundamental se produjo en su mentalidad."El primer año no me creía capaz. Tuve problemas personales que hicieron que no rindiera al máximo y daba el resultado por perdido. Pensaba que mi camino en la universidad marcaría mi resultado en el MIR, y no fue así", señala. De hecho, confiar en sus propias posibilidades y llegar descansada al examen tuvo más importancia que acumular interminables jornadas frente a los apuntes. "Creer en uno mismo y dormir la noche anterior proporciona mejores resultados que estudiar 12 horas cada día", resume.
Dudas en la elección de plaza MIR
No obstante, Ginecología seguía generándole una incertidumbre por la necesidad de responder ante situaciones urgentes que no pueden demorarse y que son, a su juicio, los principales elementos que dificultan la conciliación. Frente a ello, su plan B era Aparato Digestivo, una especialidad que también le atraía y que parecía ofrecerle unas guardias más amables y un futuro laboral más flexible. La tensión entre vocación, expectativas y condiciones laborales no desapareció durante la elección de plaza. En su caso, admite que siempre terminó imponiéndose la primera. "Nunca he gestionado esa tensión. Siempre me ha tirado la vocación. Ahora sé que estoy donde tengo que estar y, cuando las condiciones pisen la vocación, me plantearé otro camino. Por ahora estoy muy feliz", señala.
Si tampoco hubiera podido acceder a Digestivo, su tercera alternativa habría sido Radiodiagnóstico. En ese escenario, su criterio habría cambiado: ante la imposibilidad de dedicarse a aquello que más le gustaba, habría priorizado una especialidad que le permitiera vivir mejor. "El único factor que tuve en cuenta para mi plan C fue pensar: 'Ya que no puedo hacer lo que me gusta, haré algo que me permita vivir bien'. Por suerte no llegó, porque ahora no me imaginaría en Radiodiagnóstico. Quién sabe, quizá me hubiera gustado, pero por ahora no lo creo", reconoce.
Estudiar Medicina en ocho años
Antes de la elección MIR, esta médica ya había tenido que afrontar un recorrido universitario más largo de lo previsto. Necesitó ocho años para terminar Medicina y, durante esa etapa, llegó a cuestionarse si realmente quería continuar. Entre las razones menciona el carácter excesivamente teórico de la carrera, la escasez de prácticas, las clases poco estimulantes y la sensación de que todo su futuro dependía de las notas obtenidas y de un único examen. También le afectaba la idea de estar esperando permanentemente una etapa mejor.
"Te dicen: 'Cuando llegues a la residencia serás feliz'. Entras y te dicen: 'R1 es pesado, cuando llegues a R3 estarás mejor'. Después escuchas que ser residente es lo peor y que llegar a adjunto es cuando merece la pena la Medicina. Esperar a que llegue una época mejor no te hace más feliz; al contrario", sostiene.
"El hecho de que se me alargara la carrera fue, en su momento, de lo peor que he vivido"
El retraso académico tuvo un impacto especialmente intenso en su autoestima. Había sido una estudiante acostumbrada a obtener buenas calificaciones y sentía que su entorno no comprendía por qué estaba teniendo dificultades en la universidad. "El hecho de que se me alargara la carrera fue, en su momento, de lo peor que he vivido. La autoestima depende de unas notas que no llegan. Todo el entorno espera que lo saques porque siempre has obtenido buenas calificaciones y nadie entiende por qué te cuesta la universidad", relata.
A esa presión se añadía el juicio que percibía a su alrededor. "La gente piensa que tu único trabajo era estudiar y que no has podido hacerlo. También se sobreentiende que, si suspendes en la facultad, ya no tienes opciones de hacer un buen examen MIR", añade. Esta situación la llevó a estudiar posibles alternativas fuera de España y a plantearse continuar su formación en Suiza. Finalmente decidió permanecer en el país y volver a apostar por su objetivo.
Ahora tiene claro que no regresaría a aquella etapa universitaria. "Prefiero mil veces no dormir, pero estar aprendiendo de lo que me gusta mientras ejerzo. No hay dinero suficiente que me volviera a poner delante de unos libros sin pisar un hospital durante años", afirma. De hecho, considera que ha aprendido más durante su primer mes en el hospital que durante años de formación exclusivamente teórica.
Prácticas en Urgencias para evitar dejar Medicina
Su momento decisivo llegó durante el verano de 2020, en plena pandemia de Covid-19. Entonces realizó unas prácticas en Urgencias que le permitieron observar directamente el trabajo de otros profesionales y reconciliarse con la parte asistencial de la Medicina. "Ver a otros médicos ejercer me hizo entender que mi valor delante de unas hojas de examen no tenía nada que ver con lo que yo podía hacer delante de un paciente", recuerda. También pesó la promesa que se había hecho cuando tenía 12 años. Aunque hubo momentos en los que no sabía si terminaría ejerciendo, sí quería completar aquello que había comenzado.
Durante ese periodo, el principal apoyo procedió de sus padres. Le ofrecieron la posibilidad de abandonar la carrera si no era feliz y asumieron el resto de las preocupaciones para que pudiera concentrarse en estudiar. Dentro de la universidad, en cambio, echó en falta un mayor acompañamiento emocional. Aunque asegura que tampoco recibió comentarios especialmente negativos, considera que en algunas revisiones de exámenes habría necesitado escuchar algún mensaje de esperanza.
"Muchas personas viven la repetición del MIR como un absoluto martirio. Yo había repetido tantos exámenes que no pensé: 'Esto es un fracaso'. También repetir la PAU para entrar a Medicina, así que ¿cómo no iba a repetir el MIR para acabar haciendo algo que me gustaba?", plantea. A quienes sienten que su camino se está alargando más de lo esperado, les recomienda no interpretar necesariamente ese retraso como una desventaja. "El esfuerzo que supone ahora será la resiliencia del mañana cuando aparezcan otros obstáculos", afirma. Incluso considera que, si hubiera completado el grado en seis años y aprobado siempre sin dificultades, quizá no habría tenido la fortaleza necesaria para volver a presentarse al MIR. "Si algo me ha dado la Medicina es resiliencia y la capacidad de levantarme cuando algo no sale y volverlo a intentar", concluye.
