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La obesidad infantil sigue siendo uno de los principales problemas de salud en España. Según datos del estudio ALADINO 2023, dirigido por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), aproximadamente uno de cada seis escolares presenta obesidad y más de uno de cada tres tiene exceso de peso con diferencias por sexo y nivel socioeconómico.

“Aunque vemos que la evolución general es esperanzadora, siguen siendo porcentajes altos y significativos. Por ello, debemos trabajar desde la prevención y hacerlo con una perspectiva de equidad en salud”, señala Sara García Serrano, profesora del Grado en Biomedicina de la Universidad Europea e investigadora especializada en obesidad, diabetes y enfermedades metabólicas asociadas, al tiempo que pide “mejorar los entornos en los que crecen los niños y no solo promover hábitos individuales”.

En el ámbito escolar, considera que las intervenciones en educación nutricional y actividad física “son más eficaces cuando son integrales y sostenidas en el tiempo”, mejorando la calidad de los menús, limitando los ultraprocesados y garantizando oportunidades de actividad física, siempre en colaboración con las familias.

El sistema sanitario también tiene un papel relevante ya que “la prevención comienza antes de que aparezca la obesidad y, por ello, pediatría y atención primaria tienen un papel importante en su identificación precoz y en la detección de factores de riesgo”, apunta García Serrano, aunque matiza que “no debería ser el único responsable”.

La experta de la Universidad Europea subraya, además, que la obesidad infantil “no es únicamente un problema de salud física”, ya que el estigma o el bullying relacionado con el peso pueden afectar a la autoestima y al bienestar emocional del menor. Por ello, considera que el abordaje debe evitar “culpabilizarlo o estigmatizarlo”.

Respecto al papel de las familias, García Serrano recuerda que “la implicación de las familias en la prevención de la obesidad infantil es fundamental”, favoreciendo una alimentación variada, limitando pantallas y ultraprocesados, y dando ejemplo a los menores. Esto también ayuda a entender por qué la obesidad infantil es más frecuente en entornos socioeconómicamente más desfavorecidos y con niveles educativos más bajos. La profesora de la Universidad Europea señala que “no se trata simplemente de una cuestión de educación o de decisiones individuales: las condiciones económicas, laborales y sociales, así como el nivel educativo, pueden dificultar el acceso a una alimentación saludable, la práctica de actividad física o disponer del tiempo necesario para mantener determinados hábitos”.

Sobre las consecuencias de no actuar, la experta advierte que la obesidad infantil “puede mantenerse y cronificarse a lo largo de la vida”, aumentando el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedad cardiovascular en la edad adulta. Para la profesora del Grado en Biomedicina de la Universidad Europea, su prevención “debe entenderse como una inversión en salud a largo plazo, que requiere la implicación conjunta de las familias, los centros educativos, el sistema sanitario y la sociedad en su conjunto”.