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España se estrella contra el informe PISA. La última edición de la prueba, dirigida a alumnos de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) al borde de finalizar la educación obligatoria, ha revelado un marcado empeoramiento de los resultados obtenidos por los participantes españoles. Es más, el país obtiene los peores datos de su historia, con un retroceso en las tres áreas evaluadas: comprensión lectora, matemáticas y ciencias. Unas calificaciones que ponen en alerta al conjunto de la estructura formativa, incluida su última fase: la universitaria. Los decanos de Medicina apuntaron a este diario la posibilidad de implantar ejercicios adicionales a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), con el fin de comprobar las capacidades de los solicitantes de una plaza en el grado facultativo. La preocupación se extiende a otras titulaciones de Ciencias de la Salud, aunque confían en las herramientas del sistema para seleccionar a los mejores candidatos y garantizar la correcta instrucción y absorción de competencias.

"Siempre tendremos el filtro de la PAU. Si esta mantiene el rigor que debe tener, no habrá ningún problema", ha indicado la presidenta de la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Farmacia, Hortensia Rico, a Redacción Médica. "Al final, los profesores universitarios somos los que determinamos el nivel de las preguntas del examen y no nos interesa bajar el nivel si queremos seguir recibiendo a los alumnos más capacitados", ha agregado. Asimismo, incurriría en un alumnado con mayores dificultades para abordar el exigente plan de estudios farmacéutico.

Su homóloga de la Conferencia de Decanos y Decanas de Facultades de Veterinaria de España, Consuelo Serres, comparte la visión de Rico y confía en el modelo de admisión universitaria. "La elevada nota de corte garantiza el ingreso de los alumnos con los mejores expedientes", ha señalado. También el presidente de la Conferencia Nacional de Decanos de Enfermería, Juan Manuel Carmona, fía el futuro rendimiento de los estudiantes en fase universitaria a la criba de la PAU. "Las calificaciones de ingreso a la titulación no dejan de subir año tras año", ha puntualizado.

Hay que señalar que ninguno de los representantes de los grados sanitarios demandó el establecimiento de filtros adicionales para el ingreso universitario. Una propuesta planteada por el responsable de la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina de España, Antonio Compañ, en pro de asegurar la comprensión del temario facultativo y rebajar los niveles de estrés de los matriculados que pueden encontrar dificultades durante su formación.

¿Afección en las profesiones?

La convicción generalizada en la PAU no significa que los decanos no lamenten las bajas calificaciones obtenidas por los estudiantes españoles en el informe PISA. “Un deterioro sostenido de la comprensión lectora y de las competencias matemáticas o científicas podría terminar afectando a la formación de los profesionales y, en último término, a la seguridad y a la calidad de los cuidados", ha comentado Carmona. Sin embargo, él mismo puntualiza que tampoco hay que interpretarlos de "manera catastrofista". "No hay que olvidar que este examen evalúa a alumnos de 15 años y ofrece una imagen general del sistema educativo, no de quienes finalmente acceden a un grado", ha añadido.

Serres ha descartado que el ejercicio profesional se vea afectado por la hipotética menor capacitación de las próximas generaciones. Más allá de la PAU, bajo su prisma, la respuesta se encuentra en la universidad. "Debemos asegurar que cualquier estudiante adquiera todas las competencias, con independencia de su nivel de entrada", ha explicado la representante de las Facultades de Veterinaria.

Sin rebajas en el nivel formativo

Sin embargo, los dirigentes de las alianzas decanales de Ciencias de la Salud avisan: el empeoramiento de los resultados en el informe PISA y, por ende, una posible peor base formativa del alumnado del mañana no desembocará en un recorte de la exigencia de los grados universitarios. "No podemos bajar los estándares que tenemos, ya que son de gran calidad", ha manifestado el presidente de la Conferencia de Decanos de las Facultades de Odontología, Lluís Giner. "Las competencias demandadas no tienen por qué rebajarse", ha aseverado Serres.

Pero, también proponen acciones para paliar una hipotética debilidad en las capacidades básicas. Giner aboga por el establecimiento de cursos adicionales a la materia propiamente sanitaria durante el primer año del grado. Por su parte, Carmona expone que las "universidades deberán reforzar la formación mediante programas de tutorías y una mayor atención a la lectura crítica, el razonamiento científico y el uso seguro de la información".

"No podemos bajar los estándares que tenemos, ya que son de gran calidad"

No obstante, los decanos recuerdan que no corresponde a las Facultades perfeccionar las competencias básicas del alumnado. En este sentido, reclaman un mayor rigor a la hora de calificar a los alumnos de Bachillerato y Formación Profesional (FP) y el refuerzo de educación Primaria y Secundaria, pero también del sistema universitario. "Necesitamos una base sólida en ciencias, matemáticas, lectura y pensamiento crítico, pero también instituciones académicas dotadas de recursos suficientes para acompañar al alumnado y garantizar que todos los egresados alcancen las competencias profesionales exigidas", ha sentenciado Carmona.