Publicada

La autoexigencia y el perfeccionismo son dos de las características más habituales entre los aspirantes a la carrera de Medicina. Durante el instituto, se esfuerzan al máximo para llegar a este objetivo, y una mala puntuación puede provocar que todo su mundo se derrumbe. Adriana Clavero conoce perfectamente esa sensación. Llegó un punto en el que ni un sobresaliente le parecía suficiente. "Siempre sentía que podía hacerlo mejor", reconoce. Una presión autoimpuesta que llegó a provocarle pesadillas la noche antes del inicio de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) por miedo a fracasar. No obstante, sus peores temores no se cumplieron, y este año ha obtenido una puntuación prácticamente perfecta con la que podrá comenzar su camino dentro de la Medicina.

No recuerda el momento exacto en el que decidió convertirse en médico, pero quería ser pediatra mucho antes de tener claro que quería estudiar Medicina. "Siempre he tenido una gran conexión con los niños", ha afirmado a Redacción Médica, y aclara que, sobre todo, siente la necesidad de cuidarlos.

Clavero siempre ha sido una estudiante de sobresalientes. Sus padres nunca tuvieron que pedirle que se pusiera a estudiar porque ella misma era consciente de lo que se jugaba. Esta exigencia, en determinados momentos, le jugaba malas pasadas. Recuerda especialmente cuando se enfrentó, por primera vez, a Física y Química, donde sacó un notable en el examen. "Pensé: ¿cómo voy a conseguir un 9 para entrar en Medicina si me he esforzado para esta prueba, he sacado esta nota, y cada vez va a ser todo más difícil?", ha subrayado.

De sacar sobresalientes a suspender su primer examen

Sin embargo, su "mayor angustia" llegó con el primer examen de Biología en primero de Bachillerato. Clavero tenía la costumbre de aprenderse todo el temario de memoria y, a día de hoy, esa metodología de estudio le penalizó, ya que lo que se busca es que los estudiantes se centren más en razonar y relacionar conceptos. "Esto, sumado a la presión de que todos mis resultados contarían para ingresar en Medicina, hizo que sacara un 6", ha detallado. Un golpe "extremadamente duro" que no se esperaba y que afectó directamente a su confianza. "Me pasé el año autoconvenciéndome de que prefería estudiar Enfermería", ha detallado, porque creía que su puntuación no sería lo suficientemente buena para Medicina.

Aunque duró todo el año, esa idea no terminó de cuajar. Su vocación era la Medicina, y tenía que luchar por conseguir una plaza en ella. Pero, para su sorpresa, en segundo de Bachillerato vivió su mayor obstáculo. En Lengua y Literatura sacaba dieces, pero el primer examen del curso suspendió a más de la mitad de la clase, y Clavero entre ellas. "Sentí que mi sueño de convertirme en pediatra se esfumaba", subraya, y recuerda que conseguir un notable en esa materia era "todo un logro".

Al final, su situación académica remontó. Tras presentarse a numerosas subidas de notas para conseguir algunas décimas que convirtieran sus puntuaciones en dieces, terminó logrando una media en Bachillerato de 9,84 sobre 10. Con su meta cumplida, el siguiente paso era la PAU. Llevó una rutina muy estricta, no estaba para fallar en la prueba. Se levantaba a diario a las 7:30 horas y estudiaba entre cinco y seis horas diarias. De hecho, tuvo que renunciar a numerosos planes familiares y sacrificar tiempo de descanso.

Durante la noche anterior a la Selectividad, Clavero tenía todo preparado y se había ido a la cama pronto para descansar lo máximo posible y rendir mejor. Sin embargo, en la cama, su cabeza no dejaba de imaginar escenarios "horribles". Cuando sonó el despertador, esta estudiante había descansado tan solo tres horas, y el miedo se apoderó de ella. "Pensé que la había liado y que se había fastidiado todo", se sincera. No fue así, aunque recuerda ambos días de la PAU como algo "terrorífico". Sin embargo, sus resultados fueron excelentes y consiguió una nota media de 13, 2 sobre 14; es decir, una puntuación casi perfecta.

Las notas se publicaron cuando Clavero estaba de viaje con unas amigas. Cuando las vio, sintió una felicidad inexplicable. "Fui corriendo a abrazar a mis amigas, que habían estado durante todos estos años y nunca dudaron de que lo consiguiera", ha resaltado, y añade que a alguna de ellas se le saltaron, incluso, las lágrimas. Inmediatamente después, cogió su teléfono y llamó a sus padres, y la frase que salió por su boca todavía la recuerda: "mamá, papá, lo he conseguido. Voy a ser médica".

Tiene grandes expectativas de la carrera de Medicina. Y aunque es consciente de su exigencia, no puede negar que no está emocionada. "Me encanta poder estudiar lo que me apasiona e ir a casa y contarles a mis padres datos curiosos sobre el sector, como llevo haciendo todos estos años", explica. Se abre así un nuevo periodo académico en el que Clavero tendrá que dar el 100 por ciento si quiere verse en el futuro cumpliendo la promesa que se hizo a sí misma: cuidar de los niños que lo necesitan.