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Los trastornos mentales carcomen el estado emocional de los médicos. La profesión es una de las que presenta una mayor incidencia de este tipo de problemas. La sobrecarga laboral, la dificultad para conciliar, el desequilibrio entre las retribuciones y la responsabilidad asumida, la precariedad en determinadas etapas o las limitadas oportunidades de desarrollo subyacen tras este escenario. Sin embargo, en múltiples casos, la semilla de la ansiedad o la depresión se planta mucho antes. "Cada vez es más frecuente atender por problemas de salud mental a estudiantes y a médicos jóvenes", ha lamentado la secretaria general de la Organización Médica Colegial (OMC), María Isabel Moya, a este diario. Una tendencia que requiere una respuesta para conseguir profesionales más estables y, por ende, preservar el proceso asistencial. El alivio debe comenzar en la universidad.

La representante de la entidad colegial ha resaltado que la carga académica, la competitividad, la autoexigencia, la dificultad para asumir el fracaso, las alteraciones del descanso y, progresivamente, el contacto con la patología, el sufrimiento y la muerte afectan a la salud mental de los estudiantes. El descubrimiento de las condiciones laborales que les aguardan en su vida profesional tampoco ayuda. "La evidencia internacional muestra una elevada frecuencia de síntomas de ansiedad, depresión, estrés y problemas de sueño entre los estudiantes de Medicina, los médicos de Formación Sanitaria Especializada (FSE) y los jóvenes en los primeros años de ejercicio", ha puntualizado Moya. Problemas que alcanzan la fase de adjunto.

Ante esta situación, la representante del gremio facultativo ha insistido en la necesidad de actuar. "La universidad y el periodo MIR constituyen un momento extraordinariamente importante para la prevención", ha apuntado. "Si enseñamos desde el inicio que pedir ayuda cuando se requiere forma parte del autocuidado personal, estaremos contribuyendo también a formar médicos saludables", ha agregado.

Medidas para proteger la salud mental de los futuros facultativos

En este sentido, Moya ha abogado por "entender la salud mental del médico como una asignatura obligatoria que comience en la facultad, continúe durante el MIR y se mantenga durante toda la vida profesional". Así, los primeros pasos se deben dar en el ámbito universitario. En concreto, los primeros cursos tienen que enseñar a reconocer las señales de alarma, gestionar el estrés, poner límites, cuidar el descanso y pedir ayuda precozmente.

Además, la secretaria general de la OMC ha manifestado que "no se puede pedir al estudiante que sea simplemente 'más resiliente' mientras se mantienen entornos formativos que favorezcan el agotamiento". "Hay que intervenir también en las propias facultades", ha sostenido. Para ello, la representante del gremio facultativo ha demandado a los centros formativos buenos sistemas de tutorización y acompañamiento, prevención de situaciones de acoso o abuso, detección precoz por parte del profesorado y recursos asistenciales específicos y confidenciales. Asimismo, ha insistido en la revisión de factores estructurales de la propia formación, como la carga docente, los sistemas de evaluación, los horarios, la conciliación o las prácticas clínicas.

Por otro lado, se considera fundamental que las facultades garanticen el acceso a la atención psicológica a su alumnado, ya sea a través de recursos propios o programas externos. Eso sí, Moya ha subrayado que la prevención y la formación en autocuidado deben ser prioritarias.

Aportación de la OMC

Precisamente, la entidad colegial cuenta con un servicio para el abordaje de los problemas de salud mental del alumnado del grado. Se trata del Servicio Telemático de Apoyo Psicológico a Estudiantes de Medicina (Sapem), orquestado en colaboración con el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina y la Fundación Mutual Médica.

Esta herramienta proporciona a los estudiantes la opción de consultar a un equipo de psicólogos -pertenecientes a la Fundación Galatea- cualquier asunto relacionado con su estado emocional. Para ello, el alumno tan solo tiene que enviar un mensaje de WhatsApp a Sapem -el número de teléfono es el 669 438 903. A partir de ahí, se les facilita un breve formulario a partir del cual se realiza una primera valoración del caso. Si precisa atención profesional, el futuro médico será contactado de manera confidencial por alguno de los sanitarios dedicados a la asistencia del estudiantado. Las sesiones se llevarán a cabo de forma telemática, vía teléfono o videoconferencia. En el supuesto de que el usuario requiera de una atención más especializada, este será derivado hacia los recursos asistenciales adecuados.

"Es gratuito, privado y de muy fácil acceso", ha valorado Moya. "Se puede pedir ayuda solo con un mensaje, sin esperar a encontrarse en una situación límite", ha añadido. Así, solo en el primer semestre de 2026, Sapem ha atendido a 518 personas, de las que el 33,3 por ciento presentaban síntomas manifiestos de estrés y ansiedad. Una cifra que podría elevarse en los próximos años. "Hay que normalizar la petición de ayuda antes de que el malestar se convierta en un problema de mayor gravedad", ha aconsejado Moya. Un mal que puede arrastrarse hasta el momento en el que firmen un contrato.