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El camino para recuperarse de un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) está lleno de altibajos y eso lo sabe bien Laura. Durante años, la enfermedad se apoderó de su identidad y de su adolescencia, con ingresos hospitalarios continuos, tratamientos en varias comunidades y una lucha constante consigo misma. "No haber podido vivir una adolescencia normal entre el deporte de competición y la enfermedad ha influido en querer vivir ahora al 100% todo lo que no pude en el pasado", asegura a Redacción Médica.

Hoy, Laura mira atrás desde un lugar muy distinto. Tras un largo proceso de recuperación, acaba de graduarse en Enfermería "con mucho orgullo". Una profesión que descubrió al otro lado de la cama del hospital gracias a las personas que cuidaron de ella. Ahora busca ofrecer a sus pacientes la misma empatía y esperanza que un día marcaron un antes y un después en su vida.

Del deporte de élite al ingreso por un TCA

Como ocurre en muchas ocasiones, el TCA llegó en plena adolescencia. Laura se encontraba en pleno nacional de gimnasia rítmica y acaba de romper con su primera pareja. "Para mí fue un antes y un después: de vivir todo lo que había deseado desde pequeña a ver cómo mi mundo se derrumbaba", relata la enfermera, que asegura que fueron años en los que la soledad era su única compañía.

Los años más duros llegaron entre 2019 y 2022. "Caí en picado y tenía conductas con las que ahora ni me reconozco", recuerda. Durante ese tiempo pasó por distintos tratamientos e ingresos en varias comunidades autónomas. Su primer contacto con el sistema sanitario fue especialmente brusco: "Nada más entrar por la consulta me dijeron que tenía que ingresar en infantojuvenil". Después pasó por diferentes dispositivos en Madrid y Castilla-La Mancha, hasta encontrar el equipo que marcaría un punto de inflexión en su recuperación.

Aunque el proceso fue largo, Laura destaca que el apoyo de sus terapeutas, su familia y su grupo de amigos fue decisivo para seguir adelante. "Sin duda mi mejoría es gracias al equipo que tengo ahora en Toledo y lo mucho que confían en mí, además de los profesionales que me han llevado en los ingresos de la UTCA de Ciudad Real", afirma. Con ellos comprendió que la verdadera curación pasaba por reconstruir poco a poco su sistema de creencias y asumir un papel activo en el proceso: "La pelota siempre ha estado en mi tejado".

"Caí en picado y tenía conductas con las que ahora ni me reconozco"

Vocación por Enfermería

Gracias a ellos, Laura descubrió una profesión que despertaba ternura y vocación en sí misma. Su idea siempre había sido estudiar algo relacionado con el marketing y, más tarde, pensaba en Psicología o Criminología. Sin embargo, la pandemia y el ingreso que se prolongó casi un año cambiaron por completo sus planes. "No podía ver a mis padres y me sentía tan sola... Los que hacían que fuese más llevadero fueron los enfermeros", señala. Recuerda con cariño a aquel que se sentaba a hablar con ella durante horas para ayudarle a sobrellevar la angustia que sentía en el pecho.

Cuando recibió el alta, tomó una decisión que cambiaría definitivamente su futuro: prepararse la PAU para poder acceder al Grado en Enfermería. Entró un año más tarde que muchos de sus compañeros, pero no se arrepiente de ello. "Eso me dio a las mejores personas que he podido conocer en la carrera", asegura.

Ser enfermera y entender al paciente

Durante la carrera, Laura confirmó que la Enfermería iba mucho más allá de las técnicas y los procedimientos. "Aprendí que no es solo sacar sangre, poner vacunas o dar medicación", explica. Lo que más le marcó fue la importancia de entender al paciente desde una perspectiva integral. "En la carrera la palabra que más se repite es 'holístico' o 'biopsicosocial'", detalla.

Haber estado "al otro lado" ha condicionado la profesional que quiere llegar a ser. "Quiero hacer tan felices a mis pacientes cuidando de ellos como los enfermeros que he ido conociendo en los ingresos me hicieron a mí", afirma. Esa experiencia, asegura, le permite conectar con las personas desde un lugar diferente: "Esa sensibilidad que yo buscaba cuando estaba 'en el otro lado' es la que intento tener con los pacientes que trato".

"Aprendí que no es solo sacar sangre, poner vacunas o dar medicación"

Aunque todavía duda sobre si especializarse en Salud Mental, reconoce que es el ámbito donde siente que puede aportar más. Le fascina "el cuidar y curar desde la palabra" y el trabajo de rehabilitación que realizan las enfermeras más allá de la medicación. Por este motivo, si tuviera que dar un consejo a quienes comienzan a atender a personas con un trastorno de la conducta alimentaria, lo tiene claro: "Ante todo, que no juzgue. Muchas veces habla más nuestra enfermedad que nosotras mismas. Hay que intentar separar el 'yo' enfermo de la persona del 'yo' sano".