Laura no llegó a Psicología por casualidad. Antes de querer acompañar a otros, tuvo que experimentar en primera persona lo que significa sentirse vulnerable y necesitar apoyo. Una enfermedad durante la pandemia y una historia de vida marcada por la adopción han convertido su recorrido en una búsqueda constante por estar al lado de quienes atraviesan momentos difíciles. Hoy, en tercero de carrera, resume esa forma de entender su futura profesión con una frase que se ha convertido en su principio de trabajo: "Cuando entro en una habitación, veo a la persona, no al paciente". Una mirada que nace de haber estado al otro lado de la consulta y que guía su camino hacia la Psicología hospitalaria infantil.
De paciente a estudiante de Psicología
Ejercer como psicóloga nunca estuvo en los planes de la joven estudiante. Durante años imaginó su futuro estudiando Medicina, incluso planteándose Magisterio para trabajar en aulas hospitalarias; siempre tuvo claro que quería dedicarse a cuidar de los demás.
Pero la vida siempre tiene otros planes y su rumbo cambió en plena pandemia. Tras sufrir una hipoxia cerebral que le generó varias convulsiones tras contraer COVID, descubrió que, además de la atención médica, necesitaba un apoyo diferente. "Había muchos médicos, pero necesitaba otra persona que me pudiese acompañar en el proceso, que me escuchara", recuerda Laura. Aquella experiencia la llevó a descubrir que poder ser el apoyo emocional de esas personas "es muy gratificante".
Lejos de quedarse en un episodio personal, aquella vivencia fue una de las razones que la llevó a decidir estudiar Psicología. Desde entonces, intenta acompañar a cada persona desde una mirada cercana y humana, tratando a quienes tiene delante "como me gustaría que me tratasen a mí". Laura tiene la certeza de que, en muchas ocasiones, sentirse escuchado y comprendido puede ser tan importante como el propio tratamiento médico.
"Había muchos médicos, pero necesitaba otra persona que me pudiese acompañar en el proceso, que me escuchara"
Una historia personal marcada por la adopción y la identidad
Ese afán de acompañar a los demás también nace de una historia personal marcada por la identidad, los orígenes y la búsqueda de un lugar propio. Laura nació en China, pasó sus primeros meses en un orfanato y fue adoptada por una familia valenciana. Una historia que, aunque siempre ha formado parte de su vida, con los años ha aprendido a mirar desde una perspectiva más profunda. "Está la parte que todos conocen, pero hay una parte emocional, una mochila emocional que no todos conocen", explica.
Para la futura psicóloga, la adopción va mucho más allá de una historia familiar. Implica enfrentarse a preguntas sobre la identidad, el origen y el sentimiento de pertenencia. En su caso, nunca fue un tema tabú en casa, pero reconoce que fuera de ese entorno ha tenido que enfrentarse a comentarios que le han hecho sentirse diferente. "A veces me siento sola, me siento como diferente", cuenta Laura, una sensación que forma parte de esa cara menos visible de la adopción.
Esa vivencia también ha despertado en Laura el deseo de acompañar a otras personas adoptadas o en procesos de acogida. "A mí me hubiera gustado también tener referentes", señala. Aunque su futuro profesional se orienta hacia la psicología infantil y hospitalaria, considera que dar apoyo a otras personas en una situación similar forma parte de su identidad.
"Esta es la parte que todos conocen, pero hay una parte emocional, una mochila emocional que no todos conocen"
La vocación se construye fuera de las aulas
A punto de comenzar tercero de Psicología, Laura reconoce que la carrera le ha confirmado que está en el camino correcto. Le motivan las asignaturas, los docentes y los conocimientos que adquiere en el aula, aunque asegura que los aprendizajes más importantes han llegado fuera de ella. "Un libro no te dice cómo debes acompañar, porque la realidad es otra diferente", defiende.
Esa realidad la ha conocido a través de sus voluntariados en distintos ámbitos sanitarios, especialmente en unidades de oncología y cuidados paliativos donde comparte tiempo con menores ingresados. "Me han enseñado un montón, sobre todo a tener mucha paciencia y a ver las cosas de otra manera", reconoce.
El contacto con ellos también le ha enseñado una nueva forma de mirar la enfermedad. "Una niña de cinco años lo único que necesita es a sus padres y sus juguetes", señala Laura, y que resume una de las grandes lecciones que se lleva de sus voluntariados. Incluso en los momentos más difíciles, la infancia sigue encontrando espacios para jugar, reír y ser simplemente eso, niños.
El curso que viene comenzará su preparación para el PIR, que ya tiene en mente. Tiene claro que quiere seguir vinculada al ámbito hospitalario y orientar su futuro hacia la atención sanitaria. "Me encantaría estar en un hospital de la Comunidad Valenciana, cerca de mi casa", afirma la valenciana, que sueña con poder trabajar acompañando a pacientes y familias desde la Salud Mental.
Laura en uno de sus voluntariados.
La importancia de pedir ayuda
Después de todo lo vivido, Laura reconoce que uno de los mayores retos ha sido aprender a confiar más en sí misma. Durante años le costó exponerse y salir de un segundo plano, pero una frase de uno de sus profesores terminó cambiando su perspectiva: "El peor error es arrepentirse de lo que no has hecho".
Esa idea le ayudó a dejar atrás el miedo a equivocarse y a aceptar que cada experiencia forma parte del camino. "Ahora mismo todo lo que hago es porque me gusta. Ya no tengo miedo a que me juzguen, me da igual la vergüenza que pueda pasar", explica Laura, que pronto estrenará un documental en el que comparte parte de su historia personal y la realidad, menos conocida, de ser adoptada.
Mirando hacia atrás, la futura psicóloga no cambiaría nada de lo que ha vivido, aunque sí le lanzaría un mensaje a la versión más joven de ella misma: "Aunque estés pasando ahora por un mal momento, vendrán buenos momentos. Ten paciencia y confía en la gente de alrededor". Una lección que también quiere llevar a su futura práctica profesional: pedir ayuda y dejarse acompañar también forma parte del camino.
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