Publicada

La Inteligencia Artificial puede transformar la práctica médica, pero no debería convertirse en quien tome las decisiones sobre los pacientes. Es la posición que defiende en Redacción Médica José Antonio Trujillo, médico experto en IA aplicada a la salud, después de que el secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., asegurara que una IA puede proporcionar una segunda opinión "mucho mejor informada que la de cualquier médico". Para el especialista, este planteamiento "se aleja" de los principios que deberían guiar "una buena gobernanza" y confunde la capacidad de procesar información con la responsabilidad de tomar decisiones clínicas.

Las declaraciones de Kennedy se produjeron esta semana durante la cumbre Make America Healthy Again (MAHA), celebrada en Washington, donde defendió el potencial de la IA para analizar historiales médicos extensos y cuestionar recomendaciones realizadas por profesionales sanitarios. El secretario estadounidense llegó a trasladar la idea de que la Inteligencia Artificial podría ofrecer al paciente una segunda opinión superior a la de un médico. Sin embargo, para Trujillo, la discusión debería centrarse en otro escenario: cómo utilizarla para aumentar las capacidades de los profesionales sin desplazar el juicio clínico.

La IA como apoyo al diagnóstico

El experto reconoce el potencial de estas tecnologías para mejorar numerosos aspectos de la práctica médica. La capacidad de los sistemas de Inteligencia Artificial para procesar grandes cantidades de información hace que pueda convertirse en "una extraordinaria herramienta de apoyo para el médico, mejorar su acceso a la información, ayudar al médico a construir diagnósticos diferenciales e incluso advertirle de aspectos que pudiera no haber considerado", explica.

Esta capacidad puede adquirir especial relevancia cuando el paciente acumula una historia clínica extensa, con informes, pruebas diagnósticas, tratamientos y antecedentes procedentes de diferentes especialistas. Una herramienta capaz de sintetizar esa información puede ayudar al profesional a disponer de una visión más completa del caso. Pero procesar más información no significa necesariamente tomar mejores decisiones.

"Un copiloto, no el piloto"

Trujillo establece una diferencia fundamental entre utilizar la Inteligencia Artificial como herramienta de apoyo y convertirla en la autoridad que decide sobre el paciente. "Debe ser un copiloto, no el piloto de la decisión médica", sostiene.

A su juicio, existen elementos de la práctica clínica que no pueden reducirse a la capacidad de analizar información. Así, señala que la IA "no conoce al paciente de la misma manera que su médico, no realiza por sí misma una exploración clínica y puede cometer errores y generar información aparentemente convincente que no necesariamente es correcta".

El problema, por tanto, no estaría únicamente en que esta herramienta pueda equivocarse, sino también en que un error pueda presentarse de una forma suficientemente convincente como para que el paciente no detecte que se trata de una respuesta incorrecta.

El límite que marca la responsabilidad clínica

Existe además una diferencia entre generar una recomendación y asumir las consecuencias de aplicarla. Para el especialista, este aspecto debería ocupar un lugar central en cualquier modelo de gobernanza de la IA sanitaria. "La IA no asume la responsabilidad clínica, ética y profesional de las decisiones que se toman sobre una persona", apunta.

Esa responsabilidad, explica, "continúa correspondiendo al médico, que debe valorar críticamente cualquier recomendación proporcionada por un sistema de IA y decidir finalmente qué es lo mejor para su paciente". Por ello, cualquier recomendación generada por un sistema de Inteligencia Artificial debe someterse al criterio del médico antes de convertirse en una decisión sobre el paciente.

La cuestión introduce así una distinción relevante en el debate sobre la IA sanitaria: una herramienta puede aportar información útil sin convertirse por ello en el responsable de la decisión clínica.

El riesgo de presentar la IA como una segunda opinión médica

Para Trujillo, uno de los principales problemas del discurso de Kennedy está precisamente en equiparar la capacidad de una IA para analizar información con una segunda opinión de un profesional sanitario: "Avanzar hacia ese discurso sería un grave error".

El especialista considera que una formulación de este tipo simplifica "una cuestión mucho más compleja". Además, "puede transmitir a la población un mensaje contradictorio y potencialmente peligroso: que consultar a una máquina equivale a recibir una segunda opinión médica", advierte.

La diferencia no es únicamente semántica. Una segunda opinión médica implica la valoración de un caso por otro profesional sanitario, dentro de un marco de conocimiento y responsabilidad clínica. Una respuesta generada por una IA pertenece a una categoría diferente, aunque pueda resultar útil para formular preguntas, organizar información o plantear hipótesis que posteriormente deban ser evaluadas por un profesional.

Una medicina con IA, no sin médicos

Frente a una concepción de la Inteligencia Artificial como posible sustituta del profesional, el experto defiende una integración progresiva de estas herramientas en la práctica clínica, pero acompañada de límites y mecanismos de supervisión. "Debemos impulsar la IA en Medicina, sin miedo y con ambición, pero también con límites claros", sostiene.

El debate, por tanto, no debería plantearse necesariamente como una elección entre médicos e Inteligencia Artificial. La cuestión central será determinar qué tareas puede realizar mejor una máquina, cuáles requieren necesariamente intervención humana y cómo garantizar que las decisiones que afectan directamente al paciente permanezcan bajo una adecuada supervisión clínica.

"La Medicina del futuro será una medicina con IA, no una Medicina sin médicos", concluye Trujillo.