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El Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA) ha incorporado a su cartera de servicios la ablación por radiofrecuencia de nódulos tiroideos, una técnica mínimamente invasiva que amplía las opciones terapéuticas para determinados pacientes con patología nodular benigna. El procedimiento, introducido en el centro por las especialistas Silvia Guerrero Vázquez y Ana Rodríguez Pan, permite tratar el nódulo mediante una aguja guiada por ecografía y evitar, en los casos seleccionados, la cirugía convencional.

Una de las principales diferencias respecto al abordaje quirúrgico es el impacto sobre el paciente. La técnica se realiza con sedación y anestesia local, sin necesidad de anestesia general, y tras unas horas de vigilancia el paciente puede regresar a su domicilio el mismo día. Además, permite evitar algunas de las complicaciones asociadas a la cirugía tiroidea, como las lesiones del nervio recurrente, el hipotiroidismo o el hipoparatiroidismo, así como la cicatriz cervical.

La indicación, sin embargo, no es generalizada. El procedimiento se reserva a nódulos tiroideos benignos que cumplen unos criterios concretos, con al menos dos biopsias que confirmen su benignidad, y la decisión final corresponde a un comité multidisciplinar integrado por endocrinólogos, cirujanos generales, radiólogos y anatomopatólogos. Silvia Guerrero explica en esta entrevista con Redacción Médica cómo funciona esta técnica, qué pacientes pueden beneficiarse de ella y qué esperan conseguir con su incorporación al HULA.

El Hospital de Lugo ha incorporado la ablación por radiofrecuencia de nódulos tiroideos como una nueva alternativa terapéutica. ¿Qué supone este avance tanto para el hospital como para los pacientes?

Es sin duda un gran avance para nuestra área sanitaria, ya que permite que los pacientes accedan a una técnica mínimamente invasiva para el tratamiento de nódulos tiroideos benignos que cumplan determinados criterios y sean seleccionados en un comité multidisciplinar, con un claro beneficio en términos de coste-efectividad frente a la cirugía clásica.

Para quienes no están familiarizados con esta técnica, ¿en qué consiste la ablación por radiofrecuencia y qué ventajas presenta frente a los tratamientos convencionales?

La técnica consiste en la aplicación percutánea guiada por ecografía de una aguja similar a las utilizadas en las biopsias, que lleva en la punta un electrodo. Este se introduce en el nódulo y emite una corriente alterna de alta frecuencia al estar conectado a un generador. Con ello se consigue la vibración de los iones y la generación de calor por fricción, mediante el denominado efecto Joule, que provoca una necrosis coagulativa. Además, el calor genera una necrosis tardía en las zonas más distales. De esta manera se origina una circunferencia predecible de necrosis en función de la longitud de la punta activa del electrodo.

Las principales ventajas de esta técnica mínimamente invasiva frente a lo que veníamos utilizando como tratamiento de referencia, que es la cirugía, son que no necesita anestesia general, ya que los pacientes únicamente están sedados, y que la recuperación es mucho más corta, puesto que en unas horas pueden recibir el alta.

También se evitan complicaciones como las lesiones del nervio recurrente, que pueden condicionar disfonía, el hipotiroidismo y el hipoparatiroidismo, además de la cicatriz cervical como factor estético.

Por otra parte, los costes son mucho menores, ya que no se necesita hospitalización, quirófano ni tantos recursos humanos.

¿Qué perfil de pacientes puede beneficiarse de este procedimiento? ¿Existen unos criterios específicos para determinar quién es candidato a este tratamiento?

Esta técnica solo se aplica en nódulos tiroideos benignos. De hecho, es requisito indispensable tener al menos dos biopsias con resultado de benignidad para entrar en la lista de espera.

Es muy importante remarcar que la idoneidad del paciente se decide en un comité multidisciplinar formado por endocrinos, cirujanos generales, radiólogos y anatomopatólogos. En él se consensúa, según las características del paciente y de su nódulo o nódulos, si se considera candidato a la radiofrecuencia, ya que hay que tener en cuenta que, a pesar de sus múltiples ventajas, no es una técnica definitiva.

Una de las cuestiones que más preocupa a los pacientes suele ser la recuperación. ¿Cómo es el procedimiento, cuánto dura y qué pueden esperar quienes se sometan a esta intervención en cuanto a molestias y reincorporación a su vida diaria?

El procedimiento se realiza con el paciente en decúbito supino, con el cuello extendido y con sedación por parte del anestesista. Durante el procedimiento mantenemos una conversación regular con él para asegurarnos de que todo está correcto.

A continuación, inyectamos anestesia local subcutánea en el tejido blando cervical y en la cápsula tiroidea para minimizar las molestias. Introducimos la parte activa del electrodo, a través del istmo tiroideo, en función del tamaño y la localización del nódulo, utilizando la técnica moving shot. Esta consiste en dividir el nódulo en pequeñas unidades de ablación e ir recolocando el electrodo desde las capas más profundas hacia las más superficiales.

El procedimiento en sí dura unos 20 minutos, aunque hay que tener en cuenta que se debe colocar al paciente, preparar el material y realizar la asepsia de la zona que se va a puncionar. En total, el paciente estará en la sala aproximadamente entre 45 minutos y una hora.

La técnica no es molesta. De hecho, el país con mayor experiencia en radiofrecuencia tiroidea, que es Corea del Sur, la realiza sin anestesia. Nosotros preferimos contar con el apoyo de la sedación para evitar cualquier tipo de molestia o incidencia relacionada con el dolor.

Una vez terminado el procedimiento, el paciente pasa un par de horas en la unidad de despertar, como ocurre con cualquier otra sedación, para su monitorización. Después permanece unas dos o tres horas en el hospital de día para vigilar posibles complicaciones antes de recibir el alta.

La incorporación de nuevas técnicas suele requerir una importante labor de formación y coordinación entre distintos servicios. ¿Cómo ha sido el proceso para poner en marcha este tratamiento en el Hospital de Lugo?

Poner en marcha cualquier tipo de procedimiento en un hospital es un trabajo arduo y dificultoso, sobre todo cuando implica a más de un servicio y a varios profesionales. En nuestro caso hemos tenido múltiples reuniones entre todos los implicados, facultativos, personal de enfermería y dirección médica, para establecer el circuito más adecuado, teniendo en cuenta las características de nuestro servicio y del hospital, ya que esto es variable y singular según cada centro.

Nos parecía importante que todo el proceso, desde que el paciente llega a su endocrino hasta que se le realiza la radiofrecuencia y se llevan a cabo sus controles posteriores, quedara perfectamente claro y sin fisuras.

Desde el punto de vista clínico, ¿qué resultados esperan obtener con esta nueva opción terapéutica y qué beneficios creen que aportará a medio y largo plazo para la atención de los pacientes con patología tiroidea?

Nos gustaría aportar, como radiólogos, una técnica más para el tratamiento de nódulos tiroideos benignos, que se realiza de forma ambulatoria y con el menor impacto posible en la vida normal del paciente.

A largo plazo esperamos aumentar nuestra casuística y poder ofrecer esta posibilidad a un mayor número de pacientes.

Para terminar, ¿qué mensaje les gustaría trasladar a las personas que han sido diagnosticadas de un nódulo tiroideo y que quizá desconocen que existen alternativas mínimamente invasivas como esta?

Antes de nada, tranquilidad. La patología nodular tiroidea es altamente prevalente en nuestro medio y, afortunadamente, la gran mayoría es benigna. Por lo tanto, no es necesario actuar con tanta premura como en la patología maligna.

Una vez que son diagnosticados y acuden a su endocrino, si este considera que son candidatos, se consensúa en el comité y pasan a nuestra lista de espera para realizar el procedimiento.

En nuestra opinión, es una técnica prometedora y con muchas ventajas: no requiere ingreso, tiene un menor coste y presenta un menor número de complicaciones. Es cierto que no es definitiva, pero se puede repetir en nódulos de gran tamaño que no seamos capaces de abordar en una sola sesión.