La esperanza de vida en España supera ya los 84 años de media. Sin embargo, al igual que el resto del organismo, el sistema ocular también envejece y preservarlo debe ser un objetivo fundamental. Según la Fundación Salud Visual (Funsavi), ocho de cada diez personas mayores de 60 años tienen problemas visuales y/u oculares. Ante estos datos, los especialistas de Miranza, grupo líder en Oftalmología con más de 40 centros en España, Andorra y Portugal, advierten de que muchas personas asumen que perder visión es una consecuencia inevitable de cumplir años. Aunque el envejecimiento del ojo favorece la aparición de determinadas patologías, la oftalmología dispone actualmente de herramientas capaces de prevenir, diagnosticar y tratar muchas de ellas antes de que comprometan de forma irreversible la visión.
El envejecimiento del ojo
Los primeros cambios fisiológicos en el ojo comienzan a producirse a partir de los 40 años. La pérdida progresiva de elasticidad del cristalino da lugar a la presbicia o vista cansada, que suele convertirse en la primera manifestación del envejecimiento ocular.
Con el paso de los años también aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades como las cataratas, el glaucoma o la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), principales causas de discapacidad visual en la población adulta. El pronóstico de estas patologías ha cambiado durante los últimos años gracias a los avances diagnósticos y terapéuticos.
La presbicia afecta prácticamente a toda la población a partir de los 45 años. Para abordarla existen varias opciones, incluidas técnicas quirúrgicas para prescindir de las gafas. Entre ellas destaca la cirugía de cristalino con lentes intraoculares, que permite corregir de forma definitiva la pérdida de capacidad de enfoque y, al mismo tiempo, otros defectos refractivos añadidos, como la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo.
Cataratas y glaucoma
La cirugía de cataratas, una patología natural del envejecimiento del cristalino, continúa siendo una de las intervenciones más frecuentes en oftalmología. Esta operación, cada vez más precisa y mínimamente invasiva, permite recuperar la transparencia del cristalino y ofrece la posibilidad de mejorar la calidad visual mediante lentes intraoculares de última generación adaptadas a las necesidades de cada paciente.
El glaucoma afecta a alrededor del 5 por ciento de los mayores de 65 años y al 10 por ciento de los mayores de 80. Su evolución silenciosa continúa siendo uno de los grandes retos de la salud ocular, ya que puede avanzar durante años sin ofrecer síntomas hasta producir daños irreversibles en el nervio óptico.
Por este motivo, los especialistas insisten en la importancia de las revisiones periódicas, especialmente a partir de los 40 o 50 años y en personas con antecedentes familiares. Además de los tratamientos farmacológicos tradicionales, técnicas como la trabeculoplastia láser selectiva (SLT) ofrecen alternativas eficaces para controlar la presión intraocular de forma menos invasiva.
El impacto de la DMAE en la visión
Otra de las patologías más graves relacionadas con el envejecimiento es la degeneración macular asociada a la edad. La DMAE afecta a la mácula, la zona de la retina responsable de la visión central, y provoca una pérdida progresiva que dificulta leer, reconocer caras o conducir, con un fuerte impacto en la calidad de vida del paciente.
En España afecta a más de 700.000 personas y es la primera causa de ceguera en mayores de 55 años en los países desarrollados. Existen dos formas: la seca, más frecuente y de evolución lenta, y la húmeda, menos común pero responsable de la mayoría de los casos de pérdida grave de visión.
Las inyecciones intraoculares son actualmente la principal vía de tratamiento para la DMAE húmeda. Estas permiten administrar fármacos directamente en el ojo para conservar o mejorar la visión, con opciones cada vez más potentes y duraderas que reducen la necesidad de tratamientos recurrentes.
Para la DMAE seca, en cambio, todavía no existe un tratamiento equivalente, aunque hay numerosos estudios en marcha para desarrollar nuevas terapias.
Preservar la visión para mantener la autonomía
Mantener una buena salud ocular tiene un impacto directo sobre la calidad de vida. La pérdida visual está relacionada con un mayor riesgo de caídas, pérdida de autonomía e incluso deterioro cognitivo, especialmente entre las personas mayores.
Los especialistas recuerdan, por ello, que la prevención es la mejor herramienta. Las revisiones oftalmológicas periódicas permiten detectar enfermedades antes de que aparezcan los síntomas y aumentan las posibilidades de conservar la visión a largo plazo.
Los hábitos también son aliados para conseguir un envejecimiento saludable de los ojos. Entre ellos se encuentran mantener una alimentación variada, evitar el tabaco, proteger los ojos de la radiación solar y realizar ejercicio físico de forma habitual.
