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Europa y África han establecido las bases para acelerar el desarrollo de vacunas contra el virus de Bundibugyo, uno de los causantes de la enfermedad del ébola. El objetivo es flexibilizar la regulación para permitir un inicio rápido de los ensayos clínicos con la mira puesta en los niños y las mujeres embarazadas.

De la reunión conjunta que han mantenido dirigentes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las agencias europea y africana de medicamentos (EMA y AMA, por sus correspondientes siglas en inglés) este 24 de agosto surgió este posicionamiento sobre el desarrollo clínico de vacunas contra el virus Bundibugyo. El objetivo principal de las agencias es permitir un inicio rápido y eficiente de ensayos clínicos de vacunación en anillo, que consiste en inhibir la propagación de una enfermedad mediante la inmunización de quienes tienen más probabilidades de infectarse.

En el ámbito preclínico, las autoridades sanitarias apuestan por la flexibilidad regulatoria. En primer lugar, abogan por que los estudios de toxicidad de dosis repetidas y de biodistribución en animales puedan omitirse si la vacuna utiliza una tecnología de plataforma con datos de seguridad ya establecidos. Consideran que el perfil toxicológico de plataformas como el ARNm o los vectores adenovirales está determinado principalmente por la tecnología en sí y no por el antígeno específico del BDBV, lo que justifica la exención de estos estudios para evitar el uso de modelos animales redundantes.

Hurones como modelo alternativo para pruebas

Respecto a las pruebas de eficacia preclínica, el macaco cangrejero sigue siendo el modelo animal de referencia (Gold Standard), ya que reproduce la enfermedad humana con una tasa de mortalidad del 60-80 por ciento. No obstante, ante la escasez de laboratorios de nivel de bioseguridad 4 (BSL4) capacitados para estos estudios, las agencias han abierto la puerta a la utilización de hurones como modelo alternativo. Este modelo se evaluará caso por caso para respaldar el avance de las candidatas hacia ensayos clínicos de fase avanzada.

Para las fases iniciales de desarrollo clínico (Fase I y II), las directrices priorizan la evaluación de la seguridad y la inmunogenicidad en adultos sanos, utilizando cohortes reducidas de entre 20 y 30 sujetos por brazo. El objetivo es seleccionar la dosis en el menor tiempo posible, dando preferencia a vacunas de dosis única para facilitar su administración en escenarios de brote, y recomendando que los estudios se lleven a cabo en la región africana. Asimismo, debido a la alta mortalidad que el BDBV causa en la población infantil, se exige la transición temprana a ensayos pediátricos. Estos ensayos deberán incorporar a menores en cuanto se disponga de datos preliminares de seguridad de 4 semanas en adultos, implementando reglas de interrupción estrictas y no negociables ante posibles eventos adversos.

Finalmente, para la demostración de la eficacia (Fases II/III), las agencias respaldan un diseño prospectivo y aleatorizado de vacunación en anillo. Este método implica la identificación de contactos y su aleatorización individual para recibir la vacuna inmediata o un placebo. Los protocolos deberán contemplar la inclusión temprana de menores y de mujeres embarazadas, siempre que existan pruebas de seguridad de la plataforma. El informe también subraya que, si alguna vacuna o intervención demuestra eficacia durante el ensayo, el estudio deberá adaptarse para utilizarla como control activo, ajustando los modelos estadísticos para demostrar la no inferioridad o superioridad de las nuevas candidatas.