La llegada de una nueva generación de tratamientos capaces de ralentizar la progresión del Alzhéimer en fases iniciales ha abierto un nuevo escenario para pacientes, profesionales, Administración e industria farmacéutica. Sin embargo, el acceso a estas terapias continúa pendiente de una decisión sobre su financiación pública en España.
La última actualización conocida vuelve a dejar esta cuestión abierta. La Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos (CIPM) ha publicado hoy el listado de medicamentos aprobados tras su última reunión y lecanemab y donanemab no figuran entre ellos. Ambos continúan apareciendo en el Nomenclátor de septiembre del Ministerio de Sanidad como medicamentos "no financiados por resolución".
Los dos anticuerpos monoclonales, comercializados como Leqembi y Kisunla, cuentan con autorización europea para determinados pacientes con alzhéimer sintomático temprano y han situado la modificación de la evolución de la enfermedad en el centro del debate terapéutico. Ahora bien, su llegada al SNS requiere resolver cuestiones relacionadas con la selección de pacientes, la evidencia clínica, la seguridad, la organización asistencial y el impacto económico.
Industria y Sanidad mantienen abierto el diálogo
El proceso de financiación continúa, por tanto, sin una resolución definitiva. La propia información publicada por Redacción Médica recoge que Sanidad mantiene abierto el proceso para decidir si destina recursos públicos a estos dos medicamentos, después de que la CIPM evaluase lecanemab en febrero y donanemab en marzo.
Desde la industria, fuentes consultadas por este medio señalan que la incorporación de medicamentos innovadores a los sistemas sanitarios "puede ser un proceso complejo" y aseguran ser conscientes del interés existente entre los distintos agentes sobre la llegada de lecanemab al SNS. "Reconocemos el importante impacto que la enfermedad de alzhéimer tiene en las personas que conviven con la enfermedad y en sus familias. Esta realidad ha guiado cada una de las conversaciones que hemos mantenido con el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas, y seguirá orientando los futuros diálogos", señalan los interesados.
Las farmacéuticas no concretan, sin embargo, qué fórmula económica se plantea para desbloquear la financiación. Tampoco adelantan plazos sobre los procedimientos que puedan estar en marcha. "Mantenemos nuestra disposición a seguir colaborando con las autoridades sanitarias mediante un diálogo abierto y constructivo para explorar posibles vías que permitan el acceso de los pacientes adecuados al tratamiento", apuntan.
La sanidad privada ya administra estos tratamientos
Mientras la financiación pública continúa pendiente, la vía privada ya ha comenzado a administrar los nuevos anticuerpos monoclonales. La Clínica Universidad de Navarra se convirtió en septiembre en el primer centro privado español en tratar con donanemab a pacientes con alzhéimer, con 30 personas tratadas, según informó el propio centro.
A este movimiento se ha sumado el Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, donde donanemab ya se está administrando y está previsto comenzar próximamente con lecanemab. El tratamiento exige una selección previa de los pacientes atendiendo a criterios clínicos, biológicos y genéticos, además de la coordinación de distintos servicios hospitalarios.
Este escenario pone sobre la mesa una cuestión adicional como es la diferencia entre disponer de un medicamento autorizado y que los pacientes puedan acceder a él a través del sistema público. Las organizaciones de pacientes han situado precisamente la financiación de estos tratamientos entre sus principales reivindicaciones con motivo del Día Mundial del Alzhéimer.
Nuevos datos para una futura negociación
El debate sobre el acceso también puede verse condicionado por la evolución de la evidencia disponible. Desde la industria han confirmado su disposición a continuar trabajando con las autoridades sanitarias, mientras los nuevos datos sobre vida real, administración subcutánea y esquemas de mantenimiento pueden contribuir a ampliar el conocimiento sobre cómo incorporar estas terapias a la práctica clínica.
El reto, en definitiva, va más allá de decidir si financiar o no dos medicamentos. El alzhéimer afronta una nueva etapa en la que será necesario determinar qué pacientes pueden beneficiarse de estas terapias, cómo identificarlos en fases tempranas, qué estructura asistencial requiere su administración y seguimiento y qué modelo de financiación permite garantizar su acceso.
