Los fármacos agonistas del receptor GLP-1, como Ozempic, podrían actuar sobre el cerebro de una forma mucho más compleja de lo que se pensaba. Un estudio de investigadores de la Universidad de Yale ha identificado un mecanismo neuronal hasta ahora desconocido que participa en el mantenimiento de la pérdida de peso durante el tratamiento con semaglutida.
El hallazgo se centra en las neuronas AgRP, un grupo de células cerebrales relacionado con la sensación de hambre y la regulación del balance energético. Para los investigadores, el hecho de que estas neuronas intervengan en la respuesta al tratamiento sugiere que el efecto de la semaglutida va más allá de una simple reducción del apetito.
Hasta ahora, la hipótesis predominante planteaba que los fármacos GLP-1 favorecían la pérdida de peso al reducir la actividad de las neuronas implicadas en la regulación del hambre. Aunque esta explicación había sido ampliamente debatida, el papel concreto de las neuronas AgRP durante un tratamiento crónico con GLP-1 no se había demostrado directamente in vivo.
Ensayos en animales
Para ello, los investigadores de Yale combinaron diferentes enfoques en un modelo de ratón. Durante el tratamiento con semaglutida monitorizaron variables como el peso corporal, la ingesta de alimentos, el metabolismo y el gasto energético. Además, recurrieron a herramientas genéticas que permitieron determinar si las neuronas AgRP eran necesarias para mantener los efectos del fármaco.
Los resultados fueron reveladores. Cuando los investigadores trataron con semaglutida a ratones modificados genéticamente para carecer de neuronas AgRP, los animales dejaron de mantener la pérdida de peso asociada al tratamiento. Los experimentos posteriores, realizados mediante técnicas de microscopía electrónica, biología molecular y electrofisiología, permitieron profundizar en el mecanismo. En lugar de inhibir estas neuronas, como habría predicho la hipótesis tradicional, la semaglutida las activaba.
Este resultado apunta a una respuesta cerebral más compleja de la que se había descrito hasta ahora. Las neuronas AgRP están asociadas a la sensación de hambre, pero también participan en la coordinación de procesos relacionados con el balance energético y la pérdida de grasa.
El cerebro se adapta al déficit calórico
Según los investigadores, los resultados sugieren que el cerebro responde al déficit calórico generado por el tratamiento con GLP-1 aumentando la actividad de las neuronas AgRP. Es decir, las mismas células que contribuyen a generar la sensación de hambre parecen desempeñar también un papel necesario para mantener la pérdida de peso provocada por la semaglutida.
Esta adaptación podría ayudar a explicar parte de la complejidad de los tratamientos con GLP-1 y abre nuevas preguntas sobre la manera en la que el cerebro responde cuando se mantiene durante largos periodos la acción de estos medicamentos. El estudio, no obstante, se ha realizado en ratones, por lo que los autores advierten de que serán necesarias nuevas investigaciones antes de determinar si este mecanismo se reproduce de la misma manera en humanos.
