La evidencia sobre los beneficios cardiovasculares de los fármacos contra la obesidad continúa creciendo. Si el año pasado fue la semaglutida la que demostró que sus efectos sobre el corazón iban más allá de la pérdida de peso, ahora es la tirzepatida, comercializada como Mounjaro, la que da un paso en la misma dirección. Un estudio publicado en The BMJ concluye que este tratamiento reduce de forma significativa el riesgo de sufrir un infarto, un ictus o la muerte cardiovascular, confirmando que su beneficio no puede explicarse únicamente por los kilos perdidos.
La investigación, liderada por científicos de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, analizó datos de práctica clínica real de cerca de 53.000 adultos con diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular establecida. Los investigadores compararon la evolución de pacientes tratados con tirzepatida frente a otros que recibían sitagliptina, un inhibidor de la DPP-4 utilizado también para el tratamiento de la diabetes.
Los resultados muestran que los pacientes tratados con tirzepatida presentaron un 33 por ciento menos de riesgo de sufrir un evento cardiovascular mayor (MACE), un desenlace que engloba infarto de miocardio, ictus o muerte de causa cardiovascular. En términos absolutos, el estudio señala que la tasa anual de estos eventos fue del 2,9 por ciento con tirzepatida frente al 4,4 por ciento con sitagliptina.
Más allá del control del peso
Aunque Mounjaro ya había demostrado una capacidad superior para inducir pérdida de peso respecto a otros agonistas de las incretinas, este nuevo trabajo pone el foco en que la protección cardiovascular "parece mantenerse incluso tras tener en cuenta la reducción ponderal conseguida con el tratamiento", como aspecto más relevante.
Esta conclusión respalda la hipótesis de que los beneficios cardiovasculares de la tirzepatida no dependen exclusivamente del adelgazamiento, sino también de otros mecanismos metabólicos relacionados con la mejoría del control glucémico, la inflamación, la función vascular o distintos factores de riesgo cardiovascular.
Además del descenso de los eventos cardiovasculares mayores, el estudio también observó una reducción de la mortalidad global y de las hospitalizaciones por infecciones en los pacientes que recibieron tirzepatida frente al comparador.
Un camino que inició la semaglutida
Los resultados sitúan a la tirzepatida en la senda abierta previamente por la semaglutida. En 2025, el ensayo Select ya demostró que este principio activo era capaz de reducir el riesgo cardiovascular en personas con obesidad y enfermedad cardiovascular incluso sin diabetes, consolidando la idea de que los agonistas del receptor GLP-1 aportan beneficios que trascienden el control del peso corporal.
Aunque ambos medicamentos presentan mecanismos de acción diferentes, el estudio señala que tirzepatida actúa de forma dual sobre los receptores GIP y GLP-1 con datos que apuntan a que la protección cardiovascular "podría convertirse en una característica común de esta nueva generación de tratamientos metabólicos".
Por último, según esta investigación, esto supone también un respaldo adicional al creciente interés por incorporar estos medicamentos dentro de las estrategias de prevención cardiovascular en pacientes de alto riesgo. Aunque los autores recuerdan que se trata de un análisis basado en datos de vida real y que serán necesarios nuevos estudios para seguir confirmando estos hallazgos, consideran que la magnitud del beneficio observada refuerza el papel de la tirzepatida como una herramienta que va más allá del tratamiento de la obesidad o la diabetes y que puede contribuir a reducir la carga de enfermedad cardiovascular.
