Exterior de la Fundación Jiménez Díaz
La
estimulación cerebral profunda se ha consolidado como una de las herramientas terapéuticas más avanzadas para el tratamiento de determinados trastornos del movimiento. Utilizada principalmente en personas con
enfermedad de Parkinson, temblor esencial y diferentes formas de distonía, esta técnica consiste en la
implantación de electrodos en estructuras profundas del cerebro responsables de regular el movimiento, conectados a un neuroestimulador capaz de modular la actividad cerebral de forma precisa.
A lo largo de los últimos años los avances tecnológicos han permitido
perfeccionar progresivamente estos sistemas y mejorar sus resultados clínicos. Sin embargo, el éxito de estos tratamientos no depende únicamente de la cirugía. El seguimiento posterior y la adaptación de la terapia a las necesidades de cada paciente son igualmente importantes para optimizar los resultados.
Hasta el momento,
cualquier modificación de los parámetros de estimulación requería la presencia física de la persona en consulta, una circunstancia que podía resultar especialmente compleja cuando esta reside lejos del centro de referencia o incluso en otro país. Ahora, el Hospital Universitario
Fundación Jiménez Díaz ha incorporado una
nueva generación de neuroestimuladores que permite realizar ajustes terapéuticos a distancia y mantener el seguimiento especializado de los pacientes, independientemente de su lugar de residencia.
Un nuevo modelo de atención tras la cirugía
Gracias a la incorporación de este nuevo dispositivo a la cartera de servicios del hospital madrileño, los especialistas de su
Servicio de Neurología pueden acceder al electrodo implantado, revisar parámetros clínicos y modificar su programación cuando resulte necesario mediante una plataforma digital segura
sin necesidad de presencia física del paciente, por lo que este no tiene que desplazarse.
“La principal diferencia respecto a los sistemas utilizados hasta ahora es que podemos realizar
ajustes terapéuticos remotos de forma segura y controlada”, explica Cici Feliz, especialista de la Unidad de Trastornos del Movimientos del mismo servicio: “Tradicionalmente, cualquier modificación de los parámetros requería la presencia física del paciente en consulta, pero con
esta tecnología podemos evaluar y adaptar el tratamiento sin necesidad de desplazamientos”.
La especialista destaca que esta capacidad de programación remota permite
optimizar el tratamiento con mayor rapidez y abre nuevas posibilidades para el seguimiento de pacientes portadores de sistemas de estimulación cerebral profunda.
Seguimiento especializado sin fronteras
El potencial de esta innovación resulta especialmente relevante para pacientes internacionales. Entre las
personas que ya se benefician de esta tecnología se encuentra un paciente residente en Perú e intervenido en la Fundación Jiménez Díaz y que ahora puede continuar su seguimiento desde España por el mismo equipo que realizó la intervención.
“Es un
ejemplo extraordinario de cómo la medicina especializada está superando las barreras geográficas”, señala Feliz; y es que, “hasta hace poco, un paciente intervenido en España y residente en otro país dependía de revisiones presenciales periódicas, e incluso de desplazamientos internacionales, para optimizar el tratamiento”. Ahora puede
mantener el seguimiento con los profesionales que mejor conocen su caso sin necesidad de viajar para cada ajuste terapéutico, preservando la continuidad asistencial y facilitando el acceso a una atención altamente especializada, independientemente de su lugar de residencia.
Además de evitar desplazamientos que pueden implicar cientos o incluso miles de kilómetros, este modelo favorece una
optimización más eficiente del tratamiento y permite ofrecer respuesta personalizada cuando el paciente la necesita.
Más posibilidades para los pacientes neurológicos
Para los especialistas, este avance representa una
nueva forma de acompañar a los pacientes a largo plazo. La posibilidad de realizar programación remota permite mantener el contacto con el equipo que realizó la intervención y que dispone de la máxima experiencia en cada caso concreto.
Actualmente,
esta tecnología puede beneficiar sobre todo a personas con enfermedad de Parkinson, temblor esencial y diversas formas de distonía, aunque sus aplicaciones continúan ampliándose. En consecuencia, miles de pacientes portadores de sistemas de estimulación cerebral profunda podrían beneficiarse en el futuro de modalidades de seguimiento remoto, especialmente aquellos que viven lejos de centros especializados o presentan dificultades de movilidad.
En este sentido, Jesús Porta-Etessam,
jefe del Servicio de Neurología de la Fundación Jiménez Díaz, destaca el impacto que estas herramientas pueden tener sobre la atención especializada: “es una satisfacción poder cambiar la manera de tratar a los pacientes y
acercar las nuevas terapias a cualquier lugar del mundo”, asevera.
El futuro de la neurología conectada
Los especialistas consideran que el
desarrollo de estas soluciones continuará avanzando durante los próximos años de la mano de la
telemedicina, la inteligencia artificial y dispositivos cada vez más sofisticados, capaces de recopilar información continua sobre la actividad cerebral y la evolución clínica de cada persona.
El objetivo es disponer de herramientas que permitan
adaptar los tratamientos de forma cada vez más precisa a las necesidades individuales de los pacientes y mejorar los resultados clínicos a largo plazo. “Este caso demuestra que la excelencia médica ya no depende de la distancia -insiste Feliz-; hoy podemos implantar un neuroestimulador en Madrid, seguir al paciente en su país de residencia y ajustar su tratamiento cuando lo necesite. “
Es un ejemplo real de cómo la innovación tecnológica está transformando la Neurología y acercando la mejor Medicina a cualquier lugar del mundo”, concluye.
Procedimientos como este pueden realizarse en el hospital madrileño gracias al trabajo del equipo de Neurocirugía Funcional de su Unidad de Trastornos del Movimiento, coordinada por Pedro García Ruiz, del Servicio de Neurología; e integrada también por Joaquín Ayerbe, Mónica Lara y Jorge Cabrera, del Servicio de Neurocirugía; y por Luis Yupanqui, del Servicio de Neurofisiología Clínica.
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