Entre 2017 y 2026 se habrá jubilado el 55 por ciento del profesorado de Medicina vinculado a instituciones sanitarias, es decir, los profesores universitarios que trabajan principalmente como médicos asistenciales. Esta es una situación que preocupa al Col·legi de Metges de Catalunya, que alerta del problema del relevo generacional. El déficit estimado en el conjunto del Estado asciende a 2.600 profesores vinculados, en un momento decisivo para Cataluña, con propuestas de aumento de plazas y apertura de nuevas facultades.
El decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona (UB) y miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Médicos de Barcelona (CoMB), Antoni Trilla, alerta: “Nos encontramos ante un escenario preocupante: la falta de profesorado para el grado de medicina, especialmente en las áreas clínicas”.
Un modelo de acreditación pensado para otras disciplinas
La jubilación masiva de médicos del baby boom que ejercen como profesores deja un vacío que las facultades necesitan cubrir con urgencia. Sin embargo, el sistema catalán de acreditación, gestionado por la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Cataluña (AQU), no facilita el relevo y, denuncia el CoMB, “no reconoce aquello que hace única la formación clínica”.
La AQU utiliza un modelo “concebido para disciplinas sin, o con muy poca, actividad asistencial”, por lo que da un peso muy importante a publicaciones, captación de proyectos y trayectoria científica. Aplicados a la medicina clínica, estos requisitos “resultan claramente insuficientes, ya que no permiten valorar lo que es esencial para enseñar bien la práctica clínica: la experiencia profesional”.
Lo que no se mide: la esencia de la docencia clínica
“Formar buenos médicos no consiste solo en transmitir teoría. Requiere experiencia asistencial real”, afirma el Colegio. Según la entidad, enseñar Medicina implica gestionar la incertidumbre clínica, transmitir habilidades comunicativas, decidir en escenarios con implicaciones éticas y legales e interpretar signos que no aparecen en ningún manual. “Ninguno de estos elementos se valora adecuadamente en el modelo actual de la AQU”, subraya.
La capacidad docente tampoco tiene un peso específico relevante, algo “paradójico” que se refleja en el nombre de las acreditaciones para ser profesor permanente laboral: investigación e investigación avanzada. Además, la docencia actual exige dominar la simulación clínica o el Aprendizaje Basado en Competencias, un modelo que “no pregunta ‘qué sabe el estudiante’, sino ‘qué sabe hacer con lo que sabe’”.
El resultado, según el CoMB, es “una situación grave”: docentes clínicos, reconocidos por sus pares, universidades y estudiantes, no pueden acreditarse porque no acumulan suficientes méritos investigadores.
Desventaja frente al resto del Estado
La Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca) contempla, aunque con limitaciones, la trayectoria docente como parte relevante del proceso. El CoMB admite que es un sistema “también mejorable”, pero reconoce que la experiencia docente es “parte esencial de la carrera académica”. Eso deja a Cataluña en desventaja: “profesionales clínicos que pueden acreditarse por la ANECA no pueden hacerlo por la AQU”.
Riesgos para la calidad de la formación
“Las consecuencias son evidentes”, advierte la institución. Si el sistema solo admite perfiles con trayectoria investigadora básica o traslacional, las facultades podrían verse obligadas a incorporar como profesores clínicos a profesionales sin experiencia asistencial. Y eso tiene implicaciones directas: “La medicina que se aprende solo en los libros o en la red no prepara para la realidad del sistema sanitario, ya que la práctica clínica no es complementaria a la docencia, sino que es su esencia”.
La entidad insiste en que “los estudiantes necesitan referentes que hayan vivido la presión, las dudas y la responsabilidad de las decisiones clínicas en el mundo real”. Y añade que, si la AQU sigue sin facilitar el acceso de las nuevas generaciones a plazas docentes, “el vacío será inevitable y profundo”.
El CoMB pide a la consellera de Investigación y Universidades que impulse cambios para establecer “criterios de acreditación específicos que valoren de manera equilibrada la experiencia asistencial, la calidad y la trayectoria docente”, incluida la evaluación de estudiantes y universidades, junto con la actividad investigadora y la contribución al sistema sanitario. Y aclara que se trata de adecuar la exigencia a la realidad de una disciplina que “combina ciencia, práctica, responsabilidad y relaciones humanas”.
Investigación y docencia, compatibles pero no equivalentes
La institución reconoce que “la investigación es imprescindible para el progreso de la Medicina”, pero sostiene que “investigación y docencia clínica no son incompatibles”.
Si no se ajusta el sistema trabajando conjuntamente, advierte la entidad, “corremos el riesgo de que la formación médica en Cataluña pierda su identidad más valiosa: el arraigo en la práctica clínica y al servicio de las personas”. Para el CoMB, “es ahora cuando hay que actuar”: se trata de una responsabilidad compartida.
