El fuego no solo ha dejado municipios desalojados y vecinos confinados en Ávila. También ha alterado el funcionamiento de los servicios sanitarios, que han tenido que reorganizarse para mantener la atención en plena emergencia. El centro de salud de Burgohondo ha sido uno de los afectados. Aunque el edificio no ha sufrido daños materiales, sus instalaciones han tenido que cerrar y la actividad se ha trasladado temporalmente al municipio vecino de Navaluenga.
Así lo cuenta a Redacción Médica el médico Carlos Sierra, quien asegura que han logrado organizarse sin ningún problema. "Nos hemos traído a todo el personal sanitario", detalla. Allí permanecen un médico, una enfermera y el equipo de la ambulancia del 112 para cubrir la guardia correspondiente. Según cuenta, el centro dispone de dos equipos de trabajo. Uno presta servicio en Ávila y otro en Navaluenga.
El pasado 23 de julio, un día después de declararse el incendio, cerca de sus 1.300 habitantes tuvieron que salir con lo puesto y desalojar rápido el municipio. La misma situación vivieron vecinos de localidades aledañas como San Juan de la Nava, Navalmoral, Navarrevisca, Serranillos, Pedro Bernardo, Mijares o Gavilanes.
Sierra explica que, mientras Burgohondo permanecía desalojado, Navaluenga quedó también confinada, por lo que la atención sanitaria ha tenido que adaptarse a las restricciones impuestas por el Centro de Coordinación Operativa Integrada (CECOPI). "Solo atendemos las urgencias y los casos de extrema gravedad. Las patologías leves no se están viendo y, cuando es necesario, los pacientes se trasladan", señala.
Pese a la situación, el médico asegura que la reorganización del servicio ha sido posible gracias a las dimensiones del consultorio de Navaluenga, que ha absorbido la actividad del centro de salud sin mucho problema. "La coordinadora ha estado muy pendiente de todo para que el trabajo se mantuviera con normalidad", afirma.
El humo, la principal preocupación
Más allá de las llamas, Carlos asegura que preocupa el humo en la zona. "Esta mañana, cuando vine, estaba todo bien, pero ahora ha vuelto a bajar", relata Sierra. A su juicio, en estos momentos la calidad del aire supone una amenaza mayor que el propio avance del incendio, especialmente en Navaluenga, donde la presencia de humo es incluso superior a la registrada en Burgohondo.
Por ello, desde el dispositivo sanitario piden a la población mantenerse informada a través de los comunicados del CECOPI, salir únicamente en caso de necesidad y utilizar mascarilla siempre que tengan que abandonar sus viviendas. Por el momento, solo una zona parcial del municipio permanece desalojada.
El médico, que lleva dos años trabajando en España, asegura que muchos vecinos le han confesado que nunca habían vivido una situación semejante. "Siempre habían oído hablar de incendios, pero nunca de uno con una afectación tan grande", explica. Entre la población también existe el debate sobre la gestión del monte, y algunos vecinos consideran que una mayor presencia de ganado ayudaría a reducir el matorral y disminuir el riesgo de incendios de esta magnitud.
Candeleda refuerza su centro de salud por la llegada de evacuados
A más de 80 kilómetros, el centro de salud de Candeleda también ha tenido que reorganizar su actividad. El municipio ha recibido a numerosos evacuados procedentes de Sotillo de la Adrada y otras localidades afectadas, lo que ha incrementado notablemente la presión asistencial. Para hacer frente a esta situación, según explica el médico Pablo Datri, el centro ha incorporado un refuerzo conformado por dos médicos y dos enfermeras procedentes del municipio afectado.
Datri señala que la población habitual de Candeleda, de unos 5.700 habitantes, se multiplica durante el verano hasta rondar los 15.000 vecinos. "Ahora podríamos estar hablando de cerca de 20.000 personas debido a la llegada de personas evacuadas", añade.
El resultado es un aumento de la asistencia sanitaria que se ha visto reflejado en las urgencias que se atienden por las mañanas. "La mayor parte correspondían a vecinos desplazados desde otros municipios, aunque las consultas programadas continúan recibiendo a la población habitual", detalla el facultativo.
Problemas en las comunicaciones
Pero el aumento de la demanda asistencial no ha sido el único obstáculo al que se enfrentan los profesionales. El incendio también ha afectado a las comunicaciones de Candeleda y Arenas de San Pedro tras dañar parte del cableado que presta servicio a ambos municipios. La caída de la red ha dejado inutilizada la receta electrónica y ha obligado a los sanitarios a echar mano del boli y el papel.
"Cuando un paciente llega a Urgencias tenemos que hacer la receta a mano", explica Datri. La falta de conexión dificulta además el acceso a la medicación habitual de los pacientes y complica la atención diaria, aunque desde el centro aseguran que están haciendo todo lo posible para mantener la asistencia con normalidad.
El incendio iniciado en Burgohondo, que ya ha arrasado unas 50.000 hectáreas y se ha convertido en el mayor fuego registrado en la historia de España, mantiene todavía condicionado el día a día de numerosos municipios de la provincia. Aunque la evolución del operativo ha permitido una ligera mejora, las evacuaciones y confinamientos continúan vigentes en varias localidades mientras los equipos de extinción trabajan para estabilizar el perímetro.
En total, 16 municipios han sido desalojados en Ávila y otros permanecen bajo medidas preventivas a la espera de que las autoridades determinen el regreso de los vecinos.
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