Se espera un otoño convulso en la sanidad; Osakidetza no será una excepción. Satse, ELA, LAB, CCOO y UGT han iniciado las movilizaciones para exigir una mejora de las condiciones laborales de todos los colectivos que trabajan en la sanidad pública vasca. Las protestas llegan tras el acuerdo entre el Gobierno Vasco y el Sindicato Médico de Euskadi (SME), en el que se acordó la sustitución de las guardias de 24 horas por turnos de 17 horas, la división de los turnos de fin de semana en jornadas de 12 horas, además de mejoras retributivas para los profesionales, entre otras medidas.
Los cambios afectan a unos 9.000 trabajadores de una plantilla de más de 44.000. Ante esto, el resto de sindicatos denuncia la ruptura del principio de unidad. Su objetivo es que las mejoras lleguen también al resto de colectivos profesionales: quieren cambios en sus condiciones y una negociación colectiva con “contenido real”. “No queremos más reuniones vacías ni calendarios que se incumplen: queremos negociar y queremos soluciones”, sostienen. Además, recuerdan que “todos los colectivos son imprescindibles para que Osakidetza funcione”. Con la movilización ya en marcha, miran al 30 de octubre y al 14 de diciembre como fechas de huelga para todo el personal de Osakidetza, y a los días 9, 10 y 11 de diciembre como jornadas de huelga en Álava, Bizkaia y Gipuzkoa, respectivamente.
La Unión de Técnicos Sanitarios de Euskadi (Utesse), que no forma parte de la mesa sectorial, quiso participar en las movilizaciones. Y así va a hacerlo. “Nuestra posición es de apoyo total al trabajador, a nuestros afiliados y simpatizantes. Ayudaremos en lo que necesiten y participaremos en todas las jornadas de huelga”, asegura a Redacción Médica su secretario General, José Javier López.
Sin embargo, asegura que, cuando pidieron adherirse a la convocatoria, se encontraron con que debían hacerlo desde un segundo plano: sin poder estar en la pancarta, sin que sus siglas aparezcan en ella y sin salir con sus propias banderas. López insiste en que lo importante no es esto. El objetivo es hacerse eco del hartazgo de la plantilla. “No podemos estar en otro lugar que no sea con el profesional y defendiendo los derechos”, asegura. No obstante, lamenta que este papel secundario se traslade también a la negociación de las demandas de su colectivo.
Falta de representación de los técnicos en la mesa sectorial
Los técnicos del sistema sanitario vasco no alcanzan el 10 por ciento de representación necesaria para tener presencia en la mesa sectorial. “Hay una plantilla de 40.000 trabajadores y los técnicos superiores sanitarios somos 2.000, es matemáticamente muy difícil llegar al 10 por ciento. Es la pescadilla que se muerde la cola: como no podemos llegar, no podemos negociar lo nuestro”, explica López. Como ejemplo, cita el complemento específico del puesto, en el que se retribuye la responsabilidad, dedicación y penosidad del trabajo diario. “El nuestro no está acorde a nuestras funciones reales. Lo hemos judicializado y el juez nos dijo que debía actualizarse a través de la mesa sectorial. Ninguno de los sindicatos con presencia en la mesa, que afirman representar también a los técnicos, lo ha llevado nunca para negociarlo”, señala.
En la lista de pendientes está también la gran reivindicación del colectivo: el reconocimiento del grupo B profesional. “Actualmente, cobramos las retribuciones de un grupo inferior (C1). Llevamos 19 años esperando”, relata. Este escenario no es exclusivo de los trabajadores de Osakidetza, sino que se da en todo el marco nacional.
De hecho, el 14 de octubre arrancará una huelga indefinida de los técnicos superiores sanitarios en todo el Sistema Nacional Sanitario (SNS). “Le estamos exigiendo a Hacienda que desbloquee ese aumento retributivo para el que tenemos la titulación exigida. Además, está el nuevo Estatuto Marco que, de aprobarse, nos clasificaría en un nuevo Grupo 5 en lugar del Grupo B, pero no sabemos a qué va a equivaler económicamente”, cuenta.
Utesse tiene una petición clara para las administraciones: que no se olviden de los técnicos. "Trabajamos en equipos multidisciplinares y es tan importante el estamento de más arriba como el de más abajo”, matiza. Además, López se dirige también a sus compañeros. “Es la hora de dar la cara”, sentencia. Insiste en que su labor es fundamental. Manejan tecnología de altísimo nivel, radiación ionizante, aceleradores, protonterapia e inoculación de sustancias. “No es ninguna broma”, asegura. Por eso, hacer de su profesión un grado universitario es otra de sus grandes reivindicaciones. “Llevo 30 años luchando y, aunque no sé si llegaré a ver el grado universitario o el grupo B antes de jubilarme, tengo claro que seguiré peleando porque valemos mucho y sacamos el trabajo adelante, aunque seamos invisibles”, concluye.
