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El Gobierno de Navarra ha dado luz verde a una nueva regulación para ordenar la gestión de los residuos que se generan en hospitales, centros sanitarios, laboratorios y otras actividades relacionadas con la salud. La norma sustituirá la regulación vigente desde hace más de tres décadas y adapta el sistema navarro a la legislación estatal actual.

Y es que cada año se producen en Navarra alrededor de 2.200 toneladas de desperdicios sanitarios, un 83 por ciento de los cuales se generan en centros hospitalarios o de atención sanitaria. De la citada cantidad, sólo el 24 por ciento (589 toneladas) son de tipo peligroso y, por lo tanto, requieren un tratamiento específico.

Por ejemplo, Navarra generó 2.203 toneladas de residuos sanitarios en 2022, según los datos manejados por el Ejecutivo foral. De esa cantidad, aproximadamente una cuarta parte estaba considerada peligrosa. La producción de estos residuos llegó a alcanzar las 2.691 toneladas en 2018. Posteriormente descendió, aunque la actividad sanitaria continúa generando un volumen considerable de materiales que deben ser gestionados de forma específica.

Separación desde el momento en que se generan

Uno de los principales cambios introducidos por el nuevo decreto es la ampliación de los tipos de residuos sanitarios, que pasan a organizarse en cinco categorías en función de sus características y del riesgo que presentan. Entre ellos se encuentran desde residuos similares a los urbanos hasta materiales potencialmente infecciosos, como agujas, sangre o determinados cultivos. La clasificación también incluye los medicamentos considerados peligrosos, entre ellos algunos utilizados en tratamientos contra el cáncer, y los residuos de naturaleza química.

Así, la nueva normativa pone especial atención en la separación de los residuos en el propio lugar donde se producen. Los centros y establecimientos deberán identificar correctamente cada residuo y utilizar sistemas de envasado y etiquetado adecuados a sus características. También se establecen nuevas condiciones para los espacios en los que estos materiales permanecen almacenados antes de ser recogidos, con requisitos relacionados con la seguridad, la higiene, la ventilación y el acceso.

El objetivo es evitar que residuos de distinta naturaleza terminen mezclados y garantizar que aquellos que presentan un mayor riesgo reciban el tratamiento correspondiente.

Una normativa que sustituye a la de los años 90

El nuevo decreto reemplazará las normas que regulaban esta materia desde 1993 y 1994. El Gobierno foral considera necesaria su actualización ante los cambios experimentados por el sector sanitario, la aparición de nuevos tipos de residuos y la evolución de la normativa medioambiental.

Aunque los hospitales y otros centros dedicados a la atención sanitaria concentran la mayor parte de los residuos de este tipo que se producen en Navarra, también generan estos materiales los centros de investigación y enseñanza sanitaria, farmacias, clínicas veterinarias y dentales, centros de estética y otros establecimientos.

Por lo tanto, la regulación también establece las responsabilidades que corresponden a los distintos agentes que intervienen en el proceso, desde quienes generan los residuos hasta las empresas encargadas de su recogida, transporte y tratamiento.