El 72 por ciento de los pacientes españoles ha visto reducidas sus expectativas de éxito en la vida



4 abr. 2013 15:49H
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Hiedra García Sampedro / Imagen: Pablo Eguizábal. Madrid
El tiempo para conseguir un diagnóstico adecuado del trastorno bipolar tipo I se ha reducido de siete a cinco años en una década, sin embargo, según profesionales y pacientes, esos cinco años de sufrimiento “son inaguantables”. Señalan que es necesario mejorar esas cifras a través de la formación sobre todo a personal de Atención Primaria, donde la mayoría de las veces estos pacientes acuden en sus episodios depresivos y salen de la consulta con una receta de antidepresivo que podría acentuar la fase maniaca del trastorno bipolar.

Susana Gómez Lus, del departamento médico de Lundbeck; Luis Gutiérrez, psiquiatra del Hospital Clínico Universitario San Cecilio de Granada; Eduard Vieta, director del Programa de Trastornos Bipolares del Hospital Clínic de Barcelona, y Guadalupe Molares, directora de la Fundación Mundo Bipolar.

En este sentido, el estudio internacional Impact que ha sido presentado hoy en Madrid gracias a la colaboración Lundbeck, ha revelado que una notable proporción de pacientes, el 47 por ciento en España y el 64 por ciento en el total de los países encuestados, presenta síntomas de depresión durante los episodios de manía. Hasta ahora, estas fases mixtas no se definían correctamente en la clasificación de trastorno bipolar, una situación que aclarará mucho mejor la próxima actualización del manual DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría, según ha comentado Eduard Vieta, director del programa de Trastornos Bipolares del Hospital Clínic de Barcelona.

Para conseguir un diagnóstico correcto de esta enfermedad se requieren todavía más de dos años en el 42 por ciento de los casos, y en España, en un 29 por ciento, según la encuesta.

Eduard Vieta, del Clínic de Barcelona.

Guadalupe Morales, de la Fundación Mundo Bipolar.

Consecuencias sociales

Pero además, el estudio ha analizado el aspecto social del paciente bipolar, que a veces “los psiquiatras ven como algo ajeno, ya que están centrados más en el aspecto clínico y neurobiológico de la enfermedad”, según Vieta. Como novedad, la encuesta aborda el día a día del paciente y la repercusión social del trastorno bipolar, ha comentado Susana Gómez Lus, del departamento médico de Lundbeck.

Luis Gutiérrez, del Clínico San Cecilio de Granada.

La enfermedad tiene un impacto negativo en la salud física, el 79 por ciento de todos los encuestados así lo han señalado, sobre todo por el “sedentarismo, tabaquismo u obesidad que se produce en las fases depresivas, o por déficits cognitivos que les llevan a olvidar los medicamentos”, ha subrayado Luis Gutiérrez, psiquiatra del Hospital Clínico Universitario San Cecilio de Granada. Pero también tiene un impacto en las relaciones y la vida laboral del paciente.

En cuanto a los españoles, la mitad de los consultados afirma haber perdido su puesto de trabajo como consecuencia de la enfermedad y el 23 por ciento confiesa que se ha separado o divorciado de su pareja. Por otra parte, casi la mitad de los encuestados afirma haber sufrido discriminación por su condición. Por todo esto, el 72 por ciento los españoles afirman que se han visto reducidas sus expectativas de éxito en la vida. Esto demuestra que el estigma social de la enfermedad aún continúa y es difícil de resolver a corto plazo, según Guadalupe Morales, directora de la Fundación Mundo Bipolar.

Morales certifica que los datos sobre discriminación son reales y que están presentes a nivel jurídico y legal, donde muchas veces se asocia enfermedad mental con peligrosidad.

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