La Federación Internacional de Farmacéuticos publica un informe sobre la evolución de este concepto



5 sept. 2014 13:52H
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Marcos Domínguez. Madrid
El 88,7 por ciento de los farmacéuticos del mundo invierte en su propio desarrollo profesional, según datos de una encuesta llevada a cabo en 66 países (entre ellos, España) y publicada por la Federación Internacional de Farmacéuticos (FIP), en el marco del Congreso que se ha celebrado en Bangkok. El profesional aportaría el 31 por ciento del total de los fondos dedicados a este aspecto, que incluye no solo la formación continua (a través de talleres, simposios, etc.) sino otros aspectos como el registro y la auto-evaluación de las propias aptitudes.

La siguiente fuente de financiación es la industria farmacéutica, en el 75,8 por ciento de los casos (aporta el 28 por ciento de los fondos). El empleador lo hace en un 72,6 por ciento (con el 26 por ciento de la financiación), mientras que la Administración o los diferentes organismos públicos aportan fondos al desarrollo profesional continuo el 40,3 por ciento de las veces.

Las asociaciones profesionales de farmacéuticos proveen de actividades formativas más de nueve de cada diez ocasiones, mientras que algo por debajo (en el 83 por ciento de los casos) se encuentran las universidades. Empleados y proveedores privados participan en aproximadamente la mitad de este tipo de acciones, mientras que los organismos reguladores solo están presentes en algo menos de un tercio de las actividades. Respecto a esto último, el informe explica que hay países en los que la ley impide su participación.

El estudio tiene en cuenta las diferencias que hay entre países en el concepto de desarrollo profesional continuo. Los requisitos para autorización del ejercicio de la profesión, de la renovación, etc. son distintos dependiendo de la situación geográfica, y el desarrollo continuo es una exigencia formalizada para poder ejercer como farmacéutico en varios estados.

El trabajo recoge, de forma cualitativa, cómo percibe el profesional este aspecto de su desempeño. En general, se señalan como barreras las limitaciones temporales y la falta de recursos, pero también un entendimiento menor de lo deseado del concepto de desarrollo profesional continuo. La motivación del propio farmacéutico juega un papel fundamental, y es mayor entre los jóvenes. Además, las actividades desarrolladas de forma presencial generan una mayor satisfacción y un mejor conocimiento que aquellas en que se participa de manera virtual.

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