La Revista

El movimiento de 'batas blancas' pierde pulso en sus últimas marchas y los convocantes obvian los datos de asistencia

El auge y decadencia de la Marea Blanca, visto desde dentro
Imagen de una de las últimas mareas blancas celebradas en Madrid.


3 dic. 2016 20:00H
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No corren buenos tiempos para la Marea Blanca, el movimiento social en defensa de la sanidad pública que nació con ímpetu a finales de 2012, en plena crisis económica y en una vorágine de medidas que afectaban de lleno a la sanidad en todos los rincones del país. Las últimas marchas -la del 20 de noviembre fue la más reciente en Madrid- han constatado que el poder de convocatoria del movimiento ha disminuido de forma considerable. Quienes todavía mantienen vivo este movimiento dicen no fijarse en el descenso de su poder de convocatoria, pero a la vez buscan las razones que lo explican.

El decreto que retiró la asistencia sanitaria a los inmigrantes en situación irregular –pérdida de la universalidad-, las externalizaciones en hospitales públicos en Madrid a las que finalmente se dio marcha atrás, recortes de miles de millones de euros para el sistema sanitario… todas ellas decisiones que formaron el terremoto con epicentro en Madrid del que surgió el tsunami que impulsó una Marea Blanca enfurecida y gestada al abrigo del 15-M, nacido un año antes de la decisión de tomar las calles por parte de las ‘batas blancas’.   

Cabe destacar que las cifras de asistencia en las últimas manifestaciones no son fáciles de obtener (este medio lo ha intentado en reiteradas ocasiones sin resultado), a diferencia del momento álgido del movimiento, en el que los números facilitados por la propia plataforma redactaban prácticamente solos los titulares de los medios. Parece que en el discurso actual no importa tanto la cantidad de gente que asiste a las marchas, sino el mantenerse en la calle, pese a que la impresión es la de que el hastío ha minado el poder de arrastre de la Marea, algo que parecen compartir varias personas cercanas a la misma. Un paradójico cambio de discurso en los movimientos de protesta social, que se suelen apoyar en los argumentos cuantitativos como muestra de fortaleza.  

CANSANCIO

“Como mecanismo de interpelación tienen su límite y su periodo de agotamiento”, señala Mónica García, representante de Podemos en la Asamblea de Madrid y médico especialista en Anestesiología. En la misma línea, José Manuel Buitrón, médico jubilado que se ha desempeñado como gerente de hospital y coordinador de trasplantes para Galicia dedicado ahora a la sociedad civil tras su breve paso por el Senado en la anterior legislatura, considera que “es normal que en una situación de cierto apaciguamiento haya también menos movilización”.

Para él, la decadencia de la asistencia a las manifestaciones convocadas por la Marea Blanca es un signo “del cansancio lógico de tanto tiempo, con las renuncias que ello conlleva”. En este sentido, Buitrón se refiere a los días que en lugar de asistir al trabajo algunos profesionales han asistido a las convocatorias, con el recorte salarial que eso implica.

Menos laxo en esto es Marciano Sánchez Bayle, uno de los mayores exponentes de la Marea Blanca, quien recuerda que los facultativos más destacados en estas protestas sufrieron “represalias” por su vinculación. Claro que él, a diferencia de los dos anteriores, no milita en Podemos, el partido que sin duda mejor ha sabido absorber las demandas del colectivo.

Mónica García, diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid y facultativa vinculada a la Marea Blanca madrileña.

La perspectiva ahora respecto a este partido (o a sus 'marcas blancas' municipales) son muy distintas: gobiernan grandes capitales patrias y, de un modo u otro, forman parte de diversos gobiernos autonómicos. “Es posible que haya un grupo de gente que piense que las cosas pueden cambiar directamente desde la Administración”, responde no sin cierta carga de escepticismo Bayle. Sin embargo, la instrumentalización partidaria de la demanda social sanitaria no ha sido completamente acaparada por la política.

La propia García, vinculada a la Marea pero militante y representante del partido liderado por Pablo Iglesias, asevera que no todo ha de ir “por el cauce institucional”: “Creo que la calle debe ser independiente a lo que está pasando en las instituciones”. En este sentido, recalca que “estando en la oposición poco se puede hacer”, por lo que desde su experiencia observa que “en los centros sanitarios sigue habiendo el mismo mal ambiente”. Un contexto paradójicamente miscible con la actitud de la gente “que se adapta a ese mecanismo de confort que le hace pensar que nada se solucionará saliendo a la calle”.

Buitrón, de la misma forma que García, cree que tal vez sería oportuno no esperar a que la Marea “se convierta en un tipo de expresión minoritaria”. En este aspecto, el profesional gallego se muestra quizá más derrotista cuando considera que si la cifra de convocados sigue rebajándose, puede que llegue “el momento de dejarlo todo y hacer otras cosas”.
La titular de la Asamblea madrileña, en cambio, es más optimista y se apunta mejor a la invención “de acciones que sigan consiguiendo sorprender siendo un poco más imaginativos”. Esta visión la comparte la portavoz de la Mesa en Defensa de la Sanidad Pública de Madrid (MEDSAP) - Marea Blanca, Carmen Esbrí, que apunta que la plataforma tiene, además de la movilización en la calle, otras herramientas comunicativas para lograr sus objetivos.

“Hemos hecho grandes actos con un carácter lúdico-reivindicativo”, señala la portavoz madrileña, que asegura que la Marea Blanca también se ha granjeado un nombre a nivel internacional gracias a sus acciones. Asimismo, reconoce que las marchas han sido muy importantes para lograr que sus reivindicaciones tengan espacio en los medios de comunicación. Pese a ello, coincide en que el poder de convocatoria de las movilizaciones callejeras –en Madrid se hace una el tercer domingo de cada mes y la del pasado 20 de noviembre fue la número 50- se ha resentido por varios factores. Por un lado, señala que en el surgimiento y momento álgido del movimiento algunos “tenían sus propios intereses” y después dejaron de asistir. También considera que la estrategia de la Marea Blanca es “de largo recorrido” y apunta que “no todo el mundo es capaz de mantener sus criterios permanentemente”, por lo que señala que ha habido también un poco de “falta de constancia”.
Andalucía: La última esperanza
La Marea Blanca tiene en Andalucía su última esperanza después de que, celebrada ya su 50 convocatoria, los datos de asistencia sean cada vez más débiles. Las fusiones hospitalarias de ciudades como Granada o Huelva, tan criticadas tanto por profesionales como por pacientes, han servido como clima para intentar reflotar el movimiento. A mediados de octubre, la capital granadina vio cómo más de 40.000 personas (70.000 según los organizadores) salieron a la calle en señal de protesta. Unas cifras que recuerdan a la época dorada de un movimiento que ahora se debate en el resto de comunidades entre el ostracismo y la expectación por el nuevo tiempo político, que podría articular herramientas más provechosas para lograr una apuesta por la gestión pública del sistema sanitario patrio.

Nosotros no medimos la cantidad de personas (que asisten a las marchas) porque nuestra estrategia no está en el número, sino en generar una huella permanente que muestre a la ciudadanía cuál es el retroceso que se ha producido en la sanidad pública, al margen de que políticamente se habla de una sanidad excelente”, asevera Esbrí.

Otro de los argumentos por los que la portavoz madrileña considera que se ha producido la desmovilización es por la concatenación de elecciones autonómicas y generales que se han producido en España en el último año y medio y que, en su opinión, desvía la atención de la gente. Del mismo modo, opina que la ciudadanía también tiene que atender a “otros problemas”, derivados, por ejemplo, de la precarización del trabajo, y destaca que la gente tiene que aguantar constantemente “bombas de racimo” –sociales, se entiende- que también la desmotivan para salir a la calle para protestar por una mejora en la sanidad pública ya que se les plantea un panorama desolador.

Pese a ello, también considera que la toma de las calles depende de momentos concretos, aunque desde la Marea de Madrid hayan decidido salir cada tercer domingo de mes. Un buen ejemplo de ello es el caso de Andalucía, donde miles de personas se han manifestado recientemente para pedir la paralización de las fusiones hospitalarias en Granada, Málaga y Huelva, las cuales, finalmente, parece que no se van a producir después del diálogo de la Consejería con los profesionales.

DEFENSA DE LA NECESIDAD DE SALIR A LA CALLE

Así, a juicio de Sánchez Bayle, el buen hacer de la Marea es necesario porque “los Gobiernos, si no tienen una presión notable en la calle, es complicado que apuesten por transformaciones fuertes en campos tan complejos como puede ser la sanidad”. En cualquier caso, tampoco se muestra inmovilista respecto a la convocatoria de la marcha mensual en Madrid, entendiendo que será el futuro quien dicte si es capaz de sobrevivir. “La Marea se llama así porque su propio nombre indica que tiene momentos de gran altura pero otros bajos; por lo que creo que si se vuelven a ejecutar grandes recortes en la sanidad pública, la marea volverá a subir con fuerza”, asegura.

Hasta ese punto, que parece lógico, sí reconoce que la cita mensual con la defensa de sus postulados ha complicado el efecto sorpresa que ha de abonar toda manifestación. “Si no hay recortes y las cosas van como esperamos, cosa que de momento parece lejana, habrá que estudiar qué hacemos, porque además contamos con que la gente ahora está esperando a ver qué pasa con el nuevo Gobierno y eso complica todavía más que sepamos qué va a pasar en un futuro”.
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